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Capital de la Costa del Sol y de la hospitalidad
Publicado
31 Octubre 2025
Redactor
Laura
Fortuño
Conectada con el mundo por tierra, mar y aire, esta ciudad cálida y luminosa siempre tiene abiertas sus puertas. Esta perfecta anfitriona domina el arte de recibir como ninguna otra provincia español
Lejos de limitarse a ser un mero remanso de luz y tibieza, Málaga tiene mucho para dar y cada año que pasa está más bonita. “To perita”, que dicen los boquerones (así se conoce a los malagueños). Su legado secular coexiste con un aire renovado, moderno y cosmopolita. Basta pasear por el Soho, el barrio de las artes, junto al puerto, con sus viejos muros dignificados por grafiteros de fama internacional, como OBEY o D*face, para impregnarse de sus aires de vanguardia, que cohabitan con la esencia de siempre, la del bullicioso mercado de Atarazanas o los churros calentitos en la terraza de Casa Aranda.
Porque, además de sus playas tendidas frente al Mediterráneo, de la jarana y de un sol incondicional, esta provincia, con su capital al frente, puede presumir de una riqueza cultural y paisajística sobresaliente.
Málaga vive un eterno verano
Museo Picasso Málaga
Un entorno perfecto para el arte
El casco urbano, cual escenario convertible, acoge –sin ningún rubor y en la misma época primaveral– tanto la solemnidad de una procesión de Semana Santa –en la que personas fervorosas y curiosos siguen el paso de las cofradías desde las tribunas de la Alameda Principal, la calle Larios o la plaza de la Constitución–, como el Festival de Cine de Málaga, que desde hace tres décadas atrae a las puertas del Teatro Cervantes a multitud de gente deseosa de ver de cerca a lo más granado del celuloide.
Con suerte, podrán estrechar la mano a actores de la talla de Antonio Banderas, ilustre “malaguita” (gentilicio no oficial preferido por quienes se enorgullecen de haber nacido en la capital). Sin ninguna duda, el más universal de ellos ha sido y será siempre Pablo Picasso, presente a perpetuidad en su ciudad natal a través de la profusa colección de sus obras custodiadas en dos centros: el monográfico Museo Picasso Málaga, inaugurado en 2003, y el Museo Casa Natal Picasso, en 1988. Junto con las colecciones del Museo Ruso, el Carmen Thyssen, el Centro de Arte Contemporáneo y el único Centre Pompidou fuera de Francia, conforman una oferta expositiva a la altura de las grandes capitales europeas.
Málaga es mucho más que importantes pinacotecas; en su patrimonio cultural resaltan también varios monumentos que se han erigido a lo largo de la historia. El monte Gibralfaro, con el castillo en su cima y la alcazaba y los jardines de Puerta Oscura en su falda, nos retrotrae al pasado islámico. Y aún más atrás, a la Malaca del siglo I a.C., nos lleva el Teatro Romano. Más joven es –tiene solo 500 años–, la gótica, renacentista, barroca y muy venerada catedral, la Manquita, que así la llaman porque una de sus torres está inconclusa. Como es de suponer, la riqueza monumental no es únicamente la capitalina. Hacia el sur de la provincia se encuentran lugares legendarios, como la torre medieval de Pimentel, en Torremolinos; el castillo musulmán de Sohail, sede del Festival Marenostrum Music y del Mercado Medieval de Fuengirola; el Puente Nuevo, en Ronda, sobre su vertiginoso tajo, y la plaza de toros dieciochesca en la que todavía se celebran corridas goyescas.
Turismo activo en la naturaleza
También son monumentos, en este caso naturales y Patrimonio Mundial de la Unesco, los dólmenes del Torcal de Antequera –paraje protegido–, donde varios yacimientos, como las cuevas de la Cuerda y de Marinaleda, atestiguan la presencia humana desde la prehistoria. Allí, las formaciones rocosas moldeadas por el viento y el agua dibujan un paisaje único, paraíso de senderistas. Eso sí, para ellos el culmen es el Caminito del Rey, una ruta centenaria, abandonada durante décadas, pero rehabilitada en 2015 y convertida en icono mundial del turismo de aventura. Sus estrechas pasarelas cuelgan de las paredes verticales del desfiladero de los Gaitanes... a cien metros sobre el río Guadalhorce. Solo la belleza supera al vértigo al transitar por este camino que une Ardales con El Chorro cruzando Antequera. El Caminito y el Parque Nacional de la Sierra de las Nieves, refugio de la biodiversidad, se hallan siempre en el punto de mira del excursionista.
En Málaga hay lugar para todo: se puede transitar por innumerables sendas, volar en parapente, escalar una pared o pedalear junto al agua, algo factible gracias a la estación única y perenne que propicia las actividades al aire libre. Y entre ellas, el rey de los deportes en esta tierra: el golf. Tanto es así que a la Costa del Sol se la conoce también como Costa del Golf, por sus más de 70 campos abiertos durante todo el año. Eso explica que se haya convertido en el primer destino europeo para los aficionados a esta actividad. Los autores intelectuales de este éxito son los diseñadores de renombre de sus espectaculares recorridos: a veces arquitectos, como Robert Trent Jones o Antonio García Garrido, a veces golfistas, como Severiano Ballesteros.
GASTRONOMÍA
En Ronda, los viñedos en terraza impresionan, lo mismo que en las escarpadas laderas de la Axarquía, ejemplo notable de viticultura heroica. Son vinos que, desde los fenicios, se suman a un recetario repleto de opciones que mezclan la esencia de la dieta mediterránea con productos frescos de la huerta y pescados y mariscos del mar de Alborán. Aquí se paladean espetos de sardinas, chacinas serranas, ajoblanco con uvas y pescaíto frito en cucuruchos de papel.
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DEPORTE
Málaga es ideal para los atletas que buscan mejorar su rendimiento o entrenar, pues dispone de infraestructuras de primer nivel, al servicio de equipos de élite. Entre ellas, cuenta con varios centros de alto rendimiento y 12 puertos deportivos. Aquí se camina, se corre y se respira al raso y frente al Mediterráneo. O desde él, porque, bajo el lema “lo mejor de la Costa del Sol visto desde el mar”, el proyecto ‘La Senda Azul’ enlaza playas, experiencias náuticas y paseos marítimos mediante un corredor virtual por lugares singulares de la costa.
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PUEBLOS BLANCOS
Lejos de la costa, los pueblos blancos, llamados así por el encalado que los protege del calor y refleja la luz intensa del sur, ofrecen una vivencia distinta: callejuelas estrechas que trepan por montes y sierras, elevados miradores, recoletas plazuelas y un estilo de vida pausado en el que aún tienen cabida viejas tradiciones. Forman un conjunto único que merece la pena conocer; entre los más famosos está Ronda, que abre camino a la ruta.
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FERIA
Muchos viajeros se acercan en agosto al Real de la Feria para disfrutar del jaleo, los “cacharros” (denominación popular de las atracciones) y las actuaciones musicales. Sin olvidar las fiestas populares de los pueblos blancos o las ferias gastronómicas (la del pavo, en Cañete la Real, en abril; o la de la naranja, en Coín, en mayo).
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