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CON UNA IDENTIDAD GENUINA

Princess Hotel

Murcia, patrimonio y naturaleza

Publicado

1 Noviembre 2025

Redactor

Laura

Fortuño

El primer impacto de Murcia es su luz. Sin embargo, el espectáculo que ofrecen los rayos del sol al proyectarse sobre las fachadas no es el único argumento que convierte la ciudad en un destino por descubrir.

Es imposible no detenerse en su bello casco histórico y el ambiente que lo impregna.. En la plaza del Cardenal Belluga, el corazón monumental de la capital, la fachada barroca de la catedral se enciende con reflejos dorados a mediodía: la piedra se vuelve teatral, los santos tallados adquieren movimiento con el juego de sombras y el campanario se alza como un faro de piedra. A un lado, el Palacio Episcopal; al otro, el moderno edificio firmado por el arquitecto Rafael Moneo. En el centro, terrazas siempre animadas. La Trapería, que une la catedral y el Casino, conserva tiendas y cafés históricos. Por su parte, la paralela Platería muestra escaparates en los que cohabitan tradición y modernidad. Y, al doblar una esquina, aparece la plaza de las Flores, donde el público comparte tapas y conversación.

El barroco tiene un nombre propio en Murcia: el del escultor Francisco Salzillo. Sus pasos procesionales, tallados en el siglo XVIII, son hoy el corazón de la Semana Santa y se custodian en el museo que lleva el apellido del artista, junto a la iglesia de Jesús. Allí esperan todo el año figuras como La oración en el huerto, El prendimiento, La Verónica y la delicada Dolorosa, que cada Viernes Santo salen a la calle entre flores y música. Ningún otro genio ha sabido expresar mejor la mezcla de espiritualidad y barroco mediterráneo.

Conexión entre naturaleza y gastronomía

Si el barroco le da su carácter monumental a Murcia, la huerta le aporta alma. Pocas capitales pueden presumir de tener tan cerca un paisaje fértil atravesado por acequias árabes y salpicado de limoneros y naranjos. El río Segura ha regado durante siglos esta tierra fecunda: sus aguas, domesticadas por norias y canales, han convertido la llanura en un mosaico verde.

Entre ciudad y huerta

El puente de los Peligros une el barrio del Carmen con el centro histórico y simboliza ese lazo entre Murcia y su huerta.

Cruzar el puente cuando el sol enrojece el agua es una experiencia única. Pero el campo se vive, sobre todo, en la mesa. En el Mercado de Verónicas, instalado en un edificio modernista, se despliega un festival de tomates, pimientos, alcachofas..., que, combinados con delicatessen de mar y montaña, dan cuerpo a los clásicos de la cocina local. Estos se disfrutan en las barras de las plazas de las Flores y de la Merced y de la avenida Alfonso X. Destacan bares como El Garrampón y El Patio. Y, cuando la ocasión pide algo más formal, las referencias son El Salcillo, La Pequeña y El Churra. Al caer la noche, la ciudad despliega energía en las salas Revólver y REM. También está de moda el proyecto Murcia Río, un corredor verde que invita al deporte por la mañana y al paseo a última hora.

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La huella del tiempo

Murcia es un destino vivible, amable de día, elegante de noche. Basta recorrer la Trapería hasta la catedral desde la plaza de Santo Domingo para sentir ese ambiente mientras algún acordeón improvisa una melodía. La universidad, fundada en el siglo XIII y refundada en 1915, aporta un aire fresco que se percibe en la fuerza cultural de la urbe, alejada de las multitudes y las colas imposibles. Murcia no nació de la nada. Los árabes la fundaron en el siglo IX, los reyes cristianos la engrandecieron en la Edad Media y el barroco le imprimió su rostro monumental.