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melilla, más allá del mar
Un bello enclave donde Europa y África se dan la mano
Publicado
1 Noviembre 2025
Redactor
Laura
Fortuño
A orillas del mar Mediterráneo, como faro que mira al Alborán, se encuentra uno de los destinos mejor guardados del turismo español, plural, moderno y con un carácter inconfundible.
Frontera entre pueblos y cruce de civilizaciones. Asida a la roca, pero acariciada por el mar. Melilla es sinónimo de contrastes: moderna e histórica al mismo tiempo; desconocida y, a la vez, abierta a dejarse recorrer y generosa. Se trata de un destino seguro y hospitalario al que el brillo del sol le confiere una temperatura agradable en cualquier época del año.
El mar Mediterráneo se extiende, en apariencia insalvable, entre la ciudad autónoma y el resto del territorio nacional. Sin embargo, sus aguas son un punto de conexión vital, las que llevan hasta la costa melillense los ferris, que parten desde Málaga, Motril y Almería. La urbe, en sus apenas 12 kilómetros cuadrados, es un lugar mágico y todavía desconocido para muchos, pese a que por aire se encuentra a escasos minutos de Madrid, Barcelona, Málaga, Sevilla, Granada o Almería. Otoño es un buen momento para acercarse, por la espectacular luz que tiene la ciudad y su agradable climatología. Además, para fomentar la llegada de viajeros, el Patronato de Turismo ha impulsado los Bonos Melilla que reducen el coste del desplazamiento y suponen otro atractivo más para descubrirla.
La vetusta piedra de las construcciones históricas sostiene la parte más antigua de la localidad, la ciudadela de Melilla la Vieja. Al otro lado de las murallas, el visitante tiene la oportunidad de palpar el pasado militar, comercial y cultural de un destino que ha sido objeto de deseo por su ubicación estratégica entre Europa y África. Más allá de los fuertes defensivos, el llamado ‘Pueblo’ sorprende por el conjunto de joyas arquitectónicas que flanquea sus calles y que ha convertido este rincón del Rif en la segunda ciudad de España con mayor número de edificios modernistas, solo por detrás de Barcelona. Sin embargo, lo que distingue definitivamente a Melilla no es su silueta amurallada ni las sinuosas formas de las fachadas. La clave que marca la diferencia es la rica diversidad cultural.
Punto de encuentro y mezcolanza
A pesar de que, geográficamente, se encuentra en África, posee un indiscutible carácter español y multicultural. Aquí conviven en armonía las tradiciones cristianas, musulmanas, judías e hindúes. Y esa pluralidad se refleja también en la gastronomía, donde los sabores mediterráneos adquieren tintes árabes y los platos andaluces se sirven junto a recetas bereberes. Destacan las salazones de pescados, los pinchos morunos, las pastelas y, de postre, la tradicional shebaquía. Su privilegiada situación la convierte en un lugar lleno de paisajes de postal: desde extensas playas donde relajarse o practicar deportes náuticos, hasta espacios verdes, perfectos para el avistamiento de aves y el senderismo en familia, donde conectar con un entorno distinto, a caballo entre dos continentes.
Destino privilegiado
Paraíso para comprar lujo y tecnología a precios irresistibles.
Entre los secretos que esconde esta ciudad llena de magnetismo, hay un aspecto práctico de gran interés para aquellos que la visitan: sus ventajas fiscales. En este puerto franco rige el sistema tributario español, pero con ciertas modificaciones que se traducen en importantes incentivos que benefician al viajero. Cuenta con un régimen especial que favorece el comercio y permite la compra de productos de lujo y tecnología a precios muy competitivos. Y es que la ciudad autónoma está excluida del pago del IVA; este impuesto se sustituye por otro de tipos reducidos, de entre el 0,5% y el 10%, con un tipo medio del 7%.
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Museo al aire libre
Ya lo has visto: Melilla es un auténtico museo al aire libre: un conjunto de joyas arquitectónicas de diferentes estilos y épocas que han logrado cautivar al viajero desde tiempos remotos. Su casco antiguo, donde se han conservado los restos de antiguas civilizaciones como fenicios, romanos, vándalos y bizantinos, se halla rodeado por una imponente muralla que protege siglos de historia. Es “el pueblo”, como les gusta llamarlo a los locales, un enclave cargado de carácter y memoria. Este legado histórico convive en armonía con la parte más moderna de la ciudad, donde comienzan los recorridos en busca de uno de los patrimonios modernistas más destacados de España, solo superado por el de Cataluña, y que sigue sorprendiendo por la elegancia de sus formas y la belleza de sus fachadas.
En definitiva: visitar Melilla es abrir la puerta a un destino diferente, lleno de matices, sabores y emociones que se quedan grabados mucho después de regresar.
UN PASEO
El Paseo del Faro de Melilla es uno de los lugares más espectaculares desde los que conseguir buenas fotografías. Este emblemático edificio asentado en el Torreón del Bonete puede ser visitado y conocer también la historia de los faros en Melilla desde el siglo XVI.
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PLAYAS
La playa de San Lorenzo y la de los Cárabos son los arenales más próximos a la ciudad, donde se bañan los locales. La playa de Horcas Coloradas está un poquito más retirada, es tipo cala y cuenta con un paisaje agreste muy interesante.
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VUELTA AL PASADO
Durante un fin de semana al año, la Vieja Melilla se transforma en una villa renacentista gracias al Mercado Renacentista de Carlos V. Multitud de actividades son las que se desarrollan durante estos días: pasacalles, justas de caballeros, etc. Especial atención merecen los más pequeños, quienes tienen desde 2018 un espacio de juegos y esparcimiento propio: el “Mercado Infantil”.
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FIN DE SEMANA
HMelilla es una ciudad perfecta para escaparse un fin de semana: compacta, accesible y llena de rincones con encanto que se pueden descubrir cómodamente en dos días. En ese breve tiempo es posible recorrer su casco histórico amurallado, admirar su impresionante legado modernista y disfrutar de su ambiente multicultural frente al Mediterráneo.
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