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El pueblo de La Rioja del que nadie te había hablado y es el mejor destino rural para el otoño
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En Clavijo, pueblo riojano, puedes viajar en el tiempo gracias a su castillo. Está vinculado con la leyenda de Santiago Apóstol y una batalla crucial de cuando la Reconquista. No es la única razón para echarse a andar por sus múltiples caminos.
Hay pueblos que parecen esconderse de las miradas ajenas. Que permanecen, pese a la desnudez de los mapas, fuera de las rutas habituales. No gozan de la fama que precede a Frías, en Burgos, la ciudad más pequeña de España. O a Peratallada, en el Bajo Ampurdán, a un paso de Francia. Puede que no atesoren, como ellos, un casco histórico tan bien conservado y restaurado, tan armónico, pero también tienen lo suyo. Es el caso de Clavijo, en La Rioja. Un perfecto desconocido con un paisaje imponente por insólito, las estribaciones de los montes de Cameros. Entre La Rioja Alta y La Rioja Baja, a un suspiro de Logroño.
Como insólito es también, en otro orden de cosas, la pedanía que lleva por nombre La Unión de los Tres Ejércitos, normalmente La Unión. Una Unión que nos traslada hasta la batalla de Clavijo (año 844), en la que las tropas cristianas -cuenta la leyenda- vencieron a las musulmanas gracias a la ayuda de Santiago Apóstol, que apareció milagrosamente montado sobre su caballo blanco. De ahí surgió el apodo de Santiago Matamoros. La cruz de Santiago se alza como emblema en las almenas de su castillo roquero.
Qué puedes ver en Clavijo
Los tres ejércitos serían entonces el del Reino de Asturias, encabezado por Ramiro I; el de los Vascones, con el rey García Íñiguez de Pamplona como líder, y las huestes locales, comandadas por el noble gallego Sancho Fernández de Tejada. El enemigo, los hombres de Abderramán II. Pretendían acabar con el tributo de las Cien Doncellas, que debían entregarse cada año al emir de Córdoba de acuerdo con un pacto de no agresión.
¿El lugar de la contienda? Esta fortaleza árabe sobre un desafiante peñón de torre inaccesible al abrigo del lienzo de la muralla y la escarpada roca. Es, sin duda, un balcón privilegiado desde el que ver el valle del río Iregua, ejemplo de arquitectura militar medieval y testigo de los tiempos de la Reconquista.

Otro hito arquitectónico a descubrir es la Real Basílica de Santiago, enclavada en la falda sur del monte Laturce, a 955 metros de altitud. En su cima, se halla una gran cruz de cemento en conmemoración de la célebre batalla, con unas vistas extraordinarias, en especial sobre la cumbre de La Nevera (1.199 m), que se yergue sobre las peñas de Leza.
Se puede subir desde el pueblo en un paseo que no requiere demasiado esfuerzo; apenas un kilómetro y medio. La ermita fue construida en el siglo XVIII con sillería y ladrillo y a la manera barroca sobre una ermita anterior, de los tiempos del rey Ramiro. Alberga la imagen del santo, con paredes y techos adornados con frescos. Es foco de peregrinación.
Un monasterio en ruinas en un paisaje espectacular
En este mismo monte se encuentra el monasterio de San Prudencio, actualmente en ruinas, pero que bien merece una visita por lo evocador del lugar en sí y su emplazamiento, un paraje inhóspito y agreste. Lo que se ven son los restos de una primitiva iglesia de finales del siglo XII, propia de la Orden del Císter, a la que estaba adscrita el cenobio; las de otro templo más tardío, del XVIII, y las de un gran caserío.
Aquí estuvo de anacoreta el santo y aquí se le dio sepultura para después organizarse una comunidad monástica, que logró su autonomía en 1203 y la mantuvo hasta el siglo XIX, cuando se suprimieron las órdenes a impulso del Gobierno liberal y en el marco de la desamortización de Mendizábal.

Y luego está la iglesia propiamente dicha, dedicada a la Asunción, concluida en el siglo XVII, aunque ha sido objeto de reformas varias a lo largo de los siglos. Es de estilo gótico tardío, en algún punto renacentista y con elementos barrocos, así que luce ecléctica. En su interior hay que prestar atención al altar mayor, profusamente decorado, y a las bóvedas de crucería, que le aportan grandiosidad al conjunto.
Clavijo, paraíso de los escaladores (y senderistas)
Clavijo es, además, un paraíso para la escalada. De hecho, la Escuela de Clavijo presume de ser la más concurrida, popular y mejor equipada de La Rioja. No siempre se puede escalar a los pies de un castillo con semejante relevancia histórica. Los aficionados a este deporte saben del reto que supone arañar este conglomerado, que pone a prueba su destreza, y también de la belleza de los atardeceres desde lo alto, la mejor de las recompensas.

Quien no escale puede apuntarse al senderismo. A hacer la ruta de los castillos, que transcurre por los valles del Leza y del Jubera partiendo desde Logroño en dirección a Agoncillo, en cuyo casco antiguo puede verse el palacio fortificado de Aguas Mansas. Viene a continuación el propio Jubera, sobre un empinado cerro calizo, vigilado por su castillo, en cuya base se abre una cueva natural con grafitis de época medieval, para acabar en Clavijo. Pueden ser 14 km a pie o 35 en bicicleta. Muy tentadora es también la ruta que va desde Soto de Cameros hasta el mirador del Cañón del Leza, con vistas de vértigo sobre el desfiladero. Son cinco kilómetros, ida y vuelta.