El pueblo más bonito de los Apeninos está sobre una colina: vive todos los años un espectáculo natural incomparable
Castelluccio es un pueblo escondido en los míticos Apeninos. FOTO : PIXABAY/ANNA MARANI.

El pueblo más bonito de los Apeninos está sobre una colina: vive todos los años un espectáculo natural incomparable

En invierno es un pueblo de montaña, a caballo entre la nieve y la niebla. Y en primavera se convierte en un tapiz multicolor gracias al impresionante espectáculo de la floración. Castelluccio está en los Apeninos y asombra por su belleza.

Ángeles Castillo | Febrero 5, 2026

Sabíamos que Grasse, en la Provenza francesa, es la tierra de los perfumes y, por tanto, de las flores. Allí, no lejos de Antibes y de Cannes, se cultiva la legendaria rosa centifolia, el nardo, el jazmín o la azucena. También habíamos prestado atención, y sobre todo vista y olfato, a los campos de lavanda de Brihuega, en la cercana Guadalajara, por no hablar de otras geografías donde la primavera, más que llegar, estalla. Como en los Apeninos, donde el precioso pueblo de Castelluccio di Norcia -a unos 200 kilómetros de Roma, la Ciudad Eterna-, se cubre de flores todos los años.

Sucede entre mayo y julio, período en el que es posible asistir al magnífico espectáculo de la floración. Cuando toda la llanura se convierte en un campo tan florido como hermoso, la llamada Fioritura, que tiene su momento apoteósico en la Fiesta de las Flores, en junio.

Castelluccio, un cuadro de Monet en primavera

Pero no hay que esperar a que esto ocurra para sentir la fascinación que ejerce este lugar. En primavera, un cuadro de Monet; sus Coquelicots (amapolas) sin ir más lejos. En otoño-invierno, más enfático y severo, como del Bosco. Un jardín de las delicias que se esconde a 1.452 metros de altitud, el asentamiento más alto de esta cordillera. Exactamente, en la Piani di Castelluccio, llanura que ocupa un antiguo lago apenínico, y dentro del Parque Nacional de los Montes Sibilinos, el de la Sibila, el reino de los rebecos, los ciervos y los corzos.

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La floración de Castelluccio con el monte Vettore de fondo. FOTO: PIXABAY/SEBASTIAN EHGARTNER.

Un pueblo famoso por su floración y sus lentejas

A este respecto hay que resaltar que, aparte de por sus flores, este pueblo es famoso en toda Italia por sus lentejas, de cultivo tradicional y ecológico, que cobran especial importancia en Nochevieja.

Como se sabe, las lentejas son para los italianos lo que para nosotros las uvas el último día del año, la manera de atraer la buena fortuna. En segundo plano, hay que reconocerlo, están los garbanzos y esa otra leguminosa que es la cicerchia (guisante de hierba), una reliquia agrícola en pleno resurgimiento.

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El majestuoso monte Vettore en plenos Apeninos italianos. FOTO: PIXABAY/FAUSTO MANASSE.

La siembra comienza cuando se derrite la nieve, en el momento de la floración. Las lentejas crecen arropadas por el resto de plantas, cada una desarrollándose a su ritmo, por lo que las parcelas cambian continuamente de color, dejando sitio también al verde del trigo. Los propios agricultores ayudan a configurar el más sofisticado diseño cromático. Las amapolas encargándose del rojo, los tulipanes del amarillo, los acianos del azul, los narcisos del blanco y las violetas de su propio color. Componiendo un mosaico policromado de tanta belleza y quietud que parece japonés.

El pueblo que renació de las cenizas del terremoto

Hay que decir además que Castelluccio fue destruido casi en su totalidad por el terremoto de octubre de 2016 que tuvo como epicentro las localidades de Norcia, donde nació San Benito, el fundador de la orden de los benedictinos, y Preci, un pueblo igualmente mágico.

Sus habitantes fueron evacuados y se cerraron todos los accesos. Así que, además de por su gran belleza, este pueblo de la provincia de Perugia es conocido también por su resiliencia. Capaz de renacer de sus cenizas, reconstruirse, recuperar el ritual de la siembra y volver a recibir a miles de visitantes seducidos por sus muchos encantos, con la floración a la cabeza.

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Castelluccio tras el terremoto que sufrió en 2016. FOTO: PIXABAY/MISSGLOCK.

Ahora estamos en temporada otoño-invierno y hay que fijarse también en el otro Castelluccio, el de la nieve y la niebla. Entonces, en vez de campos de flores, que no se pueden pisar, nos salen al paso rutas de senderismo por las que atravesar estos impresionantes parajes, también para todos los gustos y colores. Además del propio pueblo con sus calles estrechas que suben y bajan, y las casas que se apiñan unas con otras para darse calor mientras remiten a la vida de otros tiempos que ya pasaron.

Un pueblo encantador con un camino de las Hadas y leyenda

De la antigua fortificación del siglo XVI solo se conserva un portal y algunos tramos de muralla, tras los cuales se accede a la pequeña plaza de la iglesia de Santa María Assunta, su mayor tesoro artístico, también del XVI. Lo que sí persiste son, como en Transilvania, las leyendas.

La tiene el lago, como decíamos, y también las hadas, que solo pueden asistir a las fiestas y bailes por la noche y al amanecer deben regresar a su tierra. Pero, durante una danza, el amanecer las sorprendió y tuvieron que huir, y con sus pies marcaron para siempre el monte Vettore. Es lo que se conoce como el camino de las Hadas, una falla que atraviesa la montaña a unos 2.000 metros.

TURIUM TIPS

Dónde dormir. Norcia, la capital de la trufa negra, es un buen sitio para pernoctar. Aquí está el Relais & Châteaux Palacio Seneca, del siglo XVI, que continúa la tradición de hospitalidad de los Bianconi. Una mansión con elegancia y solera (desde 206 euros).
Dónde comer. Las famosas lentejas se pueden degustar en el restaurante Mamma Ida, de ambiente familiar, también en Norcia. Asimismo, la pasta con trufa, el pastel de chocolate hecho -atención- con harina de esta legumbre y la ricota con miel, avellanas y canela.
Un plan especial. Una excursión, mula incluida, por los paisajes vírgenes del Parque Nacional de los Montes Sibilinos. Para los más pequeños, paseos en burro por los alrededores de Castelluccio. Tientan también las raquetas de nieve, otra vez de moda para recorrer valles y bosques.