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Acantilados de infarto y playas increíbles: así es Ribadeo, la puerta gallega al Cantábrico
Acantilados de infarto y playas increíbles: así es Ribadeo, la puerta gallega al Cantábrico
Ribadeo es el lugar donde Galicia empieza a asomarse al Cantábrico con acantilados afilados, playas monumentales y una vida local llena de tradición marinera, arquitectura indiana y buena gastronomía, cómo no.
Si alguien hiciera una radiografía de los pueblos costeros del norte de España, Ribadeo aparecería como una anomalía interesante: un punto liminal entre Galicia y Asturias, un municipio donde el Cantábrico decide doblar la esquina y cambia la luz, el acento y la historia. Todo en Ribadeo tiene una explicación que merece la pena conocer: desde el color verde casi eléctrico de los prados hasta la presencia de mansiones indianas que recuerdan que, a finales del XIX, muchos vecinos hicieron fortuna al otro lado del Atlántico.
Lo primero que sorprende cuando llegas a Ribadeo no son las playas, sino esa sensación de frontera amable. La ciudad es un punto de tránsito con identidad propia: está conectado por el Puente de los Santos, a un paso de Vegadeo, cerca del Eo y de la Reserva de la Biosfera Río Eo, Oscos y Terras de Burón. Una mezcla geográfica que define su carácter: marinero, atlántico y con vocación de pequeña capital cultural.

La auténtica Catedral del Mar
Hablar de Ribadeo sin mencionar la Playa de As Catedrais sería como hablar de Kioto sin mencionar sus templos. Pero aquí conviene evitar el error habitual: reducirla a un lugar de foto. Esta playa es, en realidad, un monumento geológico. Sus arcos de más de 30 metros, formados por la erosión y los cambios del nivel del mar, son un libro abierto sobre millones de años de historia natural.
Entre marzo y octubre la visita está regulada (las reservas son gratuitas pero obligatorias), y la experiencia cambia radicalmente según el coeficiente de marea, así que lo sensato es planificar.
La mejor recomendación es llegar pronto y en bajamar profunda, cuando aparecen galerías, columnas y pasadizos que a veces superan las expectativas del visitante más escéptico. Conviene llevar calzado cerrado —también en verano— porque las rocas pueden estar resbaladizas. Si buscas un punto menos concurrido pero igual de fotogénico, acércate a la Playa de Esteiro o Illas, ambas con perfiles abruptos y dunas bajas que muestran un Cantábrico más salvaje.

Un paseo por el casco histórico
El centro de Ribadeo tiene más historia de la que aparenta a primera vista. La Plaza de España, el antiguo Pazo de Ibáñez —hoy sede del Ayuntamiento— y los jardines circundantes permiten entender la influencia de la arquitectura indiana, financiada con el dinero que regresó desde Cuba, Argentina o Uruguay. A pocos metros, la Torre de los Moreno es uno de los ejemplos más famosos, mezclando modernismo, eclecticismo y un punto de extravagancia.
El mercado municipal es otro imprescindible. No por costumbrismo, sino porque allí se nota que la despensa del norte es una cosa seria: queso de Tetilla artesano, pulpo de la ría, percebes de la zona y pescado que llega cada mañana desde el puerto. Si viajas fuera de temporada alta, algunas pescaderías trabajan con especies menos conocidas como la maragota o el sargo real, habituales en las mesas locales.
Un plan sencillo pero ideal para entender el paisaje es caminar hasta el Faro de Illa Pancha. Aunque el islote solo se puede visitar si te alojas en el pequeño hotel instalado en el faro, la ruta hasta el extremo del promontorio regala una vista amplia del litoral. Con suerte, verás cómo cambian las masas de nubes al entrar del Cantábrico, un espectáculo meteorológico muy interesante.

Dónde dormir, comer y aprovechar el viaje
Si buscas alojamiento, estás de suerte, pues Ribadeo cuida bastante su oferta hotelera. Para una experiencia de lujo discreto, el Parador de Ribadeo, ubicado en un edificio señorial frente al estuario del Eo, destaca por vistas, calma y un restaurante que no se va por las ramas.
Para algo más contemporáneo, el Hotel Mi Norte apuesta por habitaciones temáticas con estética moderna y una localización estratégica a menos de diez minutos de As Catedrais.
Comer bien también es fácil, aunque debes saber que aquí el mar Cantábrico marca el menú. En el centro de Ribadeo, La Solana Restaurante es la opción ideal si buscas arroces y cocina tradicional gallega bien hecha: su arroz caldoso de bogavante, unos 25 euros por persona, es el plato más solicitado y lo mejor es probarlo a mediodía, cuando sale en su punto.
A la entrada del municipio, O Piano destaca por sus platos de carne, su verdadera especialidad, con una carta honesta y contundente pensada para dejarte como nuevo. El Oviedo es otra apuesta sólida para probar pescados del día. Y si te apetece algo más creativo, Casa Villaronta es famoso por su pulpo y platos de temporada con producto local que cambian según llegue el género.
Los locales suelen reunirse en la calle San Roque, llena de casas indianas restauradas. Allí puedes pedir un blanco de la Ribeira Sacra o una cerveza artesanal mientras observas la vida local.

Excursiones y rutas desde Ribadeo
El entorno de Ribadeo tiene más capas de lo que parece. Para quienes disfrutan caminando, el Camiño Natural Ruta del Cantábrico ofrece tramos accesibles que bordean acantilados y calas escondidas. El tramo entre Rinlo y As Catedrais es particularmente recomendable, no solo por las vistas, sino por el contraste entre el paisaje agrícola interior y la violencia suave del mar golpeando los acantilados. Rinlo, por cierto, es una parada obligatoria. Este pequeño pueblo marinero conserva un encanto auténtico.
En Lourenzá, además de un monasterio barroco monumental, se cultivan unas de las mejores fabas de Galicia. Muchas tiendas de Ribadeo las venden secas y son un buen recuerdo gastronómico, ligero y fácil de transportar.
Y para quienes viajan en coche, una escapada al mirador de Santa Cruz ofrece una panorámica completa del estuario del Eo, con la frontera natural entre Galicia y Asturias extendiéndose como un mapa en 3D.
