Era el balneario más bonito del Mediterráneo: hoy es un hotel de estética modernista
Fachada del Hotel Valencia Las Arenas. Foto : Hotelvalencialasarenas.com

Era el balneario más bonito del Mediterráneo: hoy es un hotel de estética modernista

De balneario modernista frecuentado por la burguesía valenciana a hotel de lujo frente al Mediterráneo: Las Arenas renace como un clásico contemporáneo que explica la historia de Valencia.

Aleks Gallardo | Febrero 19, 2026

Hubo un tiempo en el que viajar a la playa no era una frivolidad, sino casi una prescripción médica. A finales del siglo XIX, los “baños de ola” se pusieron de moda en toda Europa, y Valencia no tardó en sumarse al fenómeno. En la playa de Las Arenas, entonces un arenal inmenso todavía por domesticar, empezó a levantarse un balneario marítimo que pronto atrajo a burgueses, escritores, políticos y familias que llegaban en tranvía buscando sol, aire salino y cierta vida social de verano.

El edificio —con sus galerías abiertas, sus pabellones simétricos y aquella estética modernista que miraba al Mediterráneo sin complejos— se convirtió en una imagen recurrente de una ciudad que comenzaba a expandirse hacia el mar.

Lo sorprendente es que ese espíritu, el del balneario como lugar de encuentro y retiro frente a las olas, no desapareció del todo cuando el complejo entró en declive. Aunque el edificio original sufrió décadas de abandono, su memoria siguió muy presente en Valencia. Cualquier persona mayor de la ciudad guarda alguna anécdota: meriendas en la arena, conciertos improvisados, bailes de verano. Por eso su renacimiento como hotel de cinco estrellas y uno de los mejores de Valencia no fue solo un proyecto urbanístico, sino un acontecimiento emocional para la ciudad.

Un balneario de 1898 convertido en icono arquitectónico

El origen del antiguo Balneario Las Arenas se remonta a 1898, cuando el empresario José Brel decidió construir un espacio de baños marítimos siguiendo las tendencias higienistas de la época. Lo que comenzó como una instalación modesta fue creciendo con pabellones de madera, terrazas abiertas y edificios modernistas que respondían a un nuevo modo de vivir el verano. Las crónicas de principios del siglo XX lo describen como “el lugar más animado de la estación estival”, con familias enteras paseando por sus galerías blancas.

El declive llegó a partir de los años cincuenta, cuando la expansión urbana, los nuevos hábitos de ocio y el deterioro estructural hicieron que el balneario quedara obsoleto. Durante décadas, la ciudad debatió qué hacer con aquel gigante que se caía a pedazos. Algunos defendían derribarlo; otros, restaurarlo; todos, en realidad, sabían que era un símbolo de la Valencia que empezaba a mirar al mar.

La recuperación definitiva se produjo a principios de los 2000, cuando se decidió conservar los dos pabellones históricos y reconstruir el resto del complejo integrando arquitectura contemporánea. Lo que hoy vemos es un equilibrio poco frecuente: los pabellones originales —restaurados milimétricamente— conviven con un resort de lujo que apuesta por líneas sencillas, luz mediterránea y un diseño paisajístico que no compite con el mar, sino que lo enmarca.

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Jardines del Hotel Las Arenas. Foto: Hotelvalencialasarenas.com

Cómo es alojarse en un hotel que nació dos veces

Aunque el resort tiene todo lo que se espera de un cinco estrellas —spa, jardines amplios, piscina infinita, habitaciones luminosas—, lo que más sorprende es la relación directa con la playa. Aquí no hay barreras: cruzas el jardín y estás literalmente en la arena. Esa continuidad espacial mantiene la esencia original del antiguo balneario, donde lo importante no era encerrarse en un edificio, sino mezclarse con la vida marítima de Valencia.

Las habitaciones juegan con tonos claros, mármoles discretos y balcones que dialogan con la luz mediterránea. El spa, que retoma la idea histórica del “baño terapéutico”, es uno de los grandes aciertos: piscinas climatizadas, circuito de aguas y tratamientos que mantienen el espíritu de cuidado y descanso del complejo original.

La gastronomía también ha dado un salto en los últimos años. El restaurante Sorolla reivindica el producto de cercanía —cigalas, arroz del marjal, pescados de lonja. Esa mezcla de sabor local y técnica actual es uno de los elementos que mejor definen este renacimiento.

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Restaurante Sorolla en Hotel Las Arenas. Foto: Hotelvalencialasarenas.com

Qué hacer en Valencia más allá de la arena

Hospedarse en Las Arenas invita a mirar Valencia de una forma distinta: desde el mar hacia el centro, no al revés. Y ese punto de vista cambia por completo la experiencia del viaje.

La playa de La Malvarrosa —vecina directa del hotel— sigue siendo un clásico, pero lo más interesante sucede en sus calles paralelas, donde sobreviven casas bajas, restaurantes de barrio y la huella literaria de Blasco Ibáñez. Caminar por esta zona temprano por la mañana permite ver la vida real del barrio.

A pocos minutos en coche está el Cabanyal, uno de los barrios con más identidad de la ciudad. Sus casas modernistas de mosaicos coloridos, sus calles irregulares y su mezcla de tradición marina y cultura contemporánea lo han convertido en un imán para galerías, bares y proyectos creativos. Es un plan perfecto para una tarde sin prisa.

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Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Foto: Pixabay

Si el día pide interior, la Ciudad de las Artes y las Ciencias está a unos diez minutos. El Hemisfèric, el Museu de les Ciències o el Oceanogràfic continúan siendo grandes iconos turísticos, pero una visita a primera hora de la mañana permite disfrutar de la arquitectura de Calatrava sin agobios. Más cerca aún está el Paseo Marítimo, ideal para caminar al anochecer, cuando el cielo se vuelve rosa y la actividad baja varios decibelios.

En gastronomía, la zona ofrece clásicos y nuevas aperturas. Casa Carmela sigue siendo uno de los templos del arroz a pie de playa, mientras que en el Cabanyal han despuntado propuestas más contemporáneas como Anyora Bodega, ideal para un vino y un plato de producto directo. Para algo más premium al estilo Ibiza, Marina Beach —a diez minutos andando— ofrece cocina mediterránea con vistas amplias a la curva de la playa.

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Piscina del hotel. Foto: Hotelvalencialasarenas.com

TURIUM TIPS

Pide mesa en La Sastrería, pero en la barra: es donde realmente ocurre la magia gastronómica del local, con platos fuera de carta que no siempre llegan a la sala.
Explora el Cabanyal por la calle Mediterráneo: la ruta habitual es la calle de la Reina, pero la auténtica vida local —tiendas diminutas, casas modernistas sin restaurar y bares de vecinos— está en las paralelas.
Compra cerámica en Ana Illueca: su taller no está a pie de playa, pero es la mejor manera de llevarse diseño valenciano actual sin caer en lo folclórico.
Ve al Mercado del Grao antes de las 10 h: pequeño, de barrio y sin turistas, es perfecto para probar el esgarraet o las clóchinas.