Uno de los carnavales más antiguos de Europa está en este pueblo del norte con mucho encanto
Cada invierno, Lantz revive uno de los carnavales rurales más antiguos de Europa con una puesta en escena que apenas ha cambiado y que explica el paso del invierno a la primavera.
Lo de Navarra es otro nivel. No solo tiene pueblos que son joyas medievales, como Olite, sino también algunas tradiciones que merecen una escapada para dejarse sorprender. En Lantz, hay una fiesta que brilla con luz propia: el carnaval no es un evento más ni una excusa turística de reciente explotación, es una representación ritual que se repite desde hace siglos.
A día de hoy, sigue cumpliendo la misma función: explicar el paso del invierno a la primavera a través de personajes, gestos y una puesta en escena que apenas ha cambiado con el paso de los años. Lantz es un pueblo pequeño, en el Valle de Ultzama, a poco más de 25 kilómetros de Pamplona, pero durante dos días se convierte en uno de los escenarios culturales más singulares de Europa.
Aquí no hay carrozas ni comparsas improvisadas. Hay una dramaturgia clara como en el carnaval de Ciudad Rodrigo, heredada y respetada, que se transmite de generación en generación. El carnaval de Lantz marca la diferencia.
El carnaval de Lantz, una celebración que es un rito
El carnaval de Lantz se celebra tradicionalmente el domingo y martes anteriores al Miércoles de Ceniza. Todo gira en torno a un relato simbólico protagonizado por varios personajes fijos. El más conocido es Miel Otxin, una figura de grandes dimensiones que representa el mal, el caos o los excesos del invierno. A su alrededor aparecen Ziripot, torpe y vulnerable; Zaldiko, un caballo inquieto que provoca el desorden; los txatxos, jóvenes enmascarados que agitan la escena; y otros personajes secundarios que completan el relato.
La secuencia es siempre la misma. El domingo se captura a Miel Otxin y se le pasea por el pueblo. El martes, tras nuevos desórdenes y persecuciones, se le juzga y se le quema. No es un castigo literal, sino simbólico: el fuego como purificación y cierre de ciclo. El invierno termina, el pueblo se libera y empieza otro tiempo.
Lo interesante es que no se explica demasiado al visitante. Se hace como siempre se ha hecho. Quien llega, observa y entiende —o no—, pero la representación no se adapta ni se suaviza.

El pueblo como escenario único
Lantz no se transforma cuando llega el carnaval: ya es el escenario. Casas de piedra, calles estrechas y un entorno rural que refuerza la sensación de estar ante algo que no se ha despegado del territorio.
Los personajes se mueven por el pueblo y el público se adapta. Durante esos días, el ambiente es intenso pero contenido. No hay grandes aglomeraciones como en otros carnavales más conocidos, y eso permite ver la representación de cerca, escuchar los sonidos, seguir los movimientos y entender cómo el pueblo entero participa, directa o indirectamente.

Cuándo ir y cómo hacerlo
El carnaval se concentra en dos jornadas concretas, por lo que conviene llegar con tiempo y asumir que el pueblo es pequeño. Lo ideal es dormir en el entorno del Valle de Ultzama o en Pamplona y desplazarse con antelación. El acceso es sencillo por carretera, pero en días de carnaval hay limitaciones de aparcamiento y conviene ir con margen.
Fuera de esas fechas, Lantz es un pueblo tranquilo, casi detenido, que permite leer con claridad el contraste entre lo cotidiano y lo ritual. Visitarlo en invierno, aunque no coincida con el carnaval, ayuda a entender por qué este tipo de celebraciones nacieron aquí: clima duro, vida comunitaria cerrada y necesidad de celebrar el cambio de estación.

Dónde alojarse para vivir el carnaval con calma
Lantz es un pueblo pequeño y durante el carnaval no tiene capacidad para absorber visitantes, así que lo más sensato es dormir en el entorno inmediato del Valle de Ultzama o en Pamplona.
Una de las opciones más coherentes es Hotel Rural Auñamendi, ubicado en Larraintzar. Funciona bien como base: habitaciones amplias, entorno tranquilo y una ubicación estratégica para moverse tanto hacia Lantz como hacia el resto del valle. Es un alojamiento pensado para descansar después de jornadas frías y largas, algo que se agradece durante el carnaval.
Otra alternativa muy valorada es Hotel Venta de Ulzama, con una larga tradición en la zona. Está bien conectado por carretera, tiene restaurante propio y permite combinar la visita a Lantz con paseos por el valle sin grandes desplazamientos.
Quien prefiera más opciones de alojamiento y restauración puede optar por Pamplona, a poco más de media hora en coche. Dormir allí permite sumar planes urbanos y desplazarse a Lantz con antelación suficiente el día del carnaval, evitando improvisaciones.

Comer en el entorno: cocina navarra para el invierno
El carnaval de Lantz se vive al aire libre y en pleno invierno, así que la comida no es un detalle menor. En el propio valle, el Restaurante Venta de Ulzama es una de las mesas más fiables. Su cocina se apoya en platos tradicionales navarros, carnes a la brasa, guisos y producto local, pensados para reconfortar después de horas de frío.
Otra dirección muy recomendable es el Restaurante Orgi, cerca del bosque del mismo nombre. Comer aquí permite además enlazar la visita gastronómica con un paseo posterior por el robledal.

Qué ver cerca para completar el viaje
El carnaval de Lantz es el núcleo del viaje, pero no el único motivo para quedarse más de un día. El Bosque de Orgi es una de las paradas más interesantes del entorno. Se trata de uno de los pocos robledales húmedos bien conservados de Europa, con pasarelas de madera y caminos planos que se recorren fácilmente incluso en invierno. Es un complemento perfecto al carnaval.
El propio Valle de Ultzama merece tiempo. Pueblos pequeños, prados abiertos, caseríos dispersos y una red de caminos rurales que permiten paseos sencillos sin planificación técnica. Caminar entre Larraintzar, Alcoz o Urritzola es una forma de entender la Navarra rural.
Si se quiere ampliar el radio, el Valle de Baztan queda relativamente cerca y permite sumar un paisaje distinto, más abrupto y atlántico, con pueblos como Elizondo o Amaiur. También se puede regresar hacia Pamplona y recorrer sus murallas, el casco histórico y los parques urbanos para cerrar el viaje con un cambio de registro claro.