Tiene la catedral más impresionante de Europa: la llaman la ciudad de los cinco campanarios y está en Bélgica
Tournai es famosa por su catedral medieval con cinco torres. FOTO : VISIT TOURNAI.

Tiene la catedral más impresionante de Europa: la llaman la ciudad de los cinco campanarios y está en Bélgica

Tournai, la ciudad belga al lado de Francia que una vez fue inglesa, es todo un descubrimiento. Su catedral medieval con cinco torres, la historia de las abejas de oro, el rastro del modernismo y su Grand-Place la hacen fascinante y única.

Ángeles Castillo | Enero 25, 2026

No es Brujas ni Gante, con sus canales navegables. A Tournai, mucho menos conocida e igualmente bella, la atraviesa el río Escalda como una columna vertebral. Aunque sus aguas debieron de llegar, tiempo atrás, hasta las mismas casas. Se la conoce como la ciudad de los cinco campanarios, que se corresponden con las cinco torres de la catedral, la más impresionante de Bélgica y catalogada como Patrimonio de la Humanidad. Y es una de las ciudades más antiguas del país. Fue la Turnacum fundada por los galos en el siglo I a.C. y luego asumida por los romanos.

Tournai y la historia del tesoro de Childerico I

A Tournai se la puede considerar, "avant la lettre", la primera capital de Francia. Lo fue del reino franco, bajo los reinados de Childerico I y Clodoveo I, antes de su traslado a París, la Ciudad del Amor, en el 507. De ello da fe el tesoro funerario de Childerico, que se encontró casualmente durante la remodelación de un edificio junto a la iglesia de Sant-Brice en 1653. El hallazgo fue extraordinario: 300 monedas de oro y plata, armas, joyas valiosísimas y un anillo de oro con un retrato y el nombre de "Childerici regis".

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El campanario y la catedral dibujan el perfil de esta ciudad valona. FOTO: VISIT TOURNAI.

Pero el tesoro terminó en manos de Luis XIV, el Rey Sol, quien lo envío al Louvre, donde permaneció hasta su traslado a la Biblioteca Nacional. Un robo en 1831 se llevó de un plumazo la historia, con las joyas de oro fundidas para hacer lingotes y el resto arrojado al Sena. Se recuperaron algunas piezas, entre ellas las dos abejas que Napoleón adoptó como símbolo imperial. Actualmente, se custodian en el Cabinet de Médailles de la biblioteca parisina. Como telón de fondo, estaba Tournai. Una visita a su Museo de Arqueología, en un edificio de 1622, ayuda a recomponer su pasado.

Por qué es tan importante Tournai

Tournai está al oeste de Bélgica, casi en Francia. Y, al igual que en toda Valonia, se habla francés. Como en Dinant, la ciudad de las casas de colores. En el año 850 formó parte del Condado de Flandes, vasallo del rey de Francia. En 1187 pasó a depender directamente de la Corona francesa, con un paréntesis entre 1513 y 1518, cuando quedó bajo el reinado del inglés Enrique VIII. En 1521 integró los Países Bajos españoles con Carlos I, para ser ocupada por los rebeldes neerlandeses en 1577 y recuperarla España nuevamente en 1581.

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La Grand-Place es el corazón de la ciudad. FOTO: VISIT TOURNAI.

Aún hubo más movimiento. El ya citado Luis XIV la conquistó en 1667, y se unió al Reino de los Países Bajos en 1815 y a la Bélgica independiente en 1830. Así pues, una ciudad histórica de libro. Además de la cuna de ese pintor glorioso que es Roger van der Weyden (1399-1464), el autor del magnífico "Descendimiento", una de las grandes obras maestras del Museo del Prado.

Las cinco torres de su catedral y un campanario

La catedral de Notre-Dame salta a la vista por sus cinco torres, que llegan a los 83 metros y la hacen majestuosa. Lo es, más allá del impacto estético, por su tamaño, hasta superar a la de Nuestra Señora de París. Se levantó en el siglo XII. Empezó siendo románica, con fabulosos capiteles, algunos de los cuales aún conservan la policromía, y terminó abrazando el gótico, como se ve en el coro, inspirado en la catedral de Amiens. Esconde un auténtico tesoro: el cofre de Notre Dame, una de las siete maravillas de Bélgica (XIII).

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El ayuntamiento ocupa una parte de la antigua abadía benedictina. FOTO: VISIT TOURNAI.

Aún hay otro elemento que acentúa la verticalidad de Tournai. El Campanario, el clásico "beffroi" de Flandes, símbolo del poder civil, también bate récords. Es el más antiguo del país, del XII, y está declarado igualmente Patrimonio de la Humanidad, junto a otras 55 torres de Bélgica y Francia. Se despereza a 72 metros en un extremo de la Grand-Place, el corazón de la ciudad desde tiempos inmemoriales. Subir sus 250 peldaños se traduce en disfrutar de la mejor panorámica.

La Grand-Place y la historia de una heroína

En esta gran plaza hubo mercados, ajusticiamientos, revueltas y celebraciones. Y ahora hay multitud de bares y restaurantes donde sentarse a tomar algo. Tiene forma triangular y la rodean elegantes edificios con las típicas fachadas escalonadas, muchos reconstruidos tras los bombardeos de la Alemania nazi. Entre ellos luce, gracias a sus dorados y su porte señorial, la Lonja de los Paños, o Halle aux Draps, mitad renacentista, mitad barroca y con columnas jónicas. Y, en medio, la estatua de Christine de Lalaing, la heroína que defendió a la ciudad del ataque de las tropas de Felipe II en 1581.

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El Pont des Trous formó parte de la vieja muralla. FOTO: WIKIPEDIA/JEAN-POL GRANDMONT.

El edificio del ayuntamiento ocupa una parte de la antigua abadía benedictina de Saint-Martin (XI), con fachada neoclásica, perteneciente al palacio abacial (1763). A su lado, está el Museo de Bellas Artes, diseñado por el arquitecto modernista Victor Horta, uno de los primeros museos considerados modernos. Corresponde a 1928 y cabalga entre el art nouveau y el arte déco. Alberga una soberbia colección de pintura, con cuadros del propio Van der Weyden, Campin o Bruegel, pero también de Manet, Monet o Van Gogh.

Un puente medieval sobre el Escalda y dos casas románicas

En Tournai se pueden seguir, como en Bruselas o Amberes, las huellas del modernismo. Y, sobre todo, el curso del Escalda por el Quai des Salines, la calle peatonal que discurre junto al río. Lo cruza el Pont des Trous, puente de origen medieval y parte de la muralla. El arco central fue dinamitado al comienzo de la Segunda Guerra Mundial y elevado seguidamente para facilitar la navegación.

Como siempre, hay que callejear, adentrarse en el centro histórico e ir descubriendo sus tesoros. Entre ellos, la iglesia de Saint-Jacques, levantada en honor al apóstol Santiago entre los siglos XII y XIII, y la de Saint-Brice. Frente a esta última hay dos casas de piedra románicas (1175-1200), uno de las primeras de su estilo en Europa Occidental, y otra gótica (XV).

TURIUM TIPS

Los domingos de abril a octubre, a las 15:30 h, suena el carillón de 43 campanas del "beffroi" en la Grand-Place. Se puede escuchar desde el jardín del Museo del Folklore. Es un auténtico concierto.
TAMAT, el Museo del Textil, está en una antigua residencia de estilo neoclásico y alberga tapices antiguos y contemporáneos. Evidencia la gran tradición de la ciudad en esta materia.
Tintín empezó su carrera en Tournai. Aquí se fundó la editorial Casterman en 1784, la primera que publicó, en 1934, las famosas aventuras del personaje de Hergé.
Hay un Museo de las Marionetas, que reúne hasta 2.500 títeres del mundo entero, tanto de ayer como de hoy.
Para dormir en pleno centro, el hotel D’Alcantara, una mansión del XVII con 36 habitaciones (desde 105 euros). Para hacerlo en las afueras, la mejor opción es la Ferme Delgueule, una granja familiar con 12 habitaciones (desde 129 euros).