El mundo vuelve a caber en  un solo lugar: Madrid
Los reyes, con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el presidente del Comité Ejecutivo de Ifema, José Vicente de los Mozos.

El mundo vuelve a caber en un solo lugar: Madrid

La capital, siguiendo su eslogan institucional, se ha convertido estos días, con la nueva convocatoria de Fitur, en un cruce de caminos, una enorme pista de aterrizaje desde la que no despegan aviones, pero sí se activan rutas, acuerdos y experiencias.

Virginia Lombraña | Enero 27, 2026

Hay un instante –justo antes de que se abra oficialmente– en el que una feria se parece a un escenario a oscuras, y esta más que ninguna otra, que solo cobra sentido cuando interviene el público. A medida que los asistentes, profesionales y visitantes, inundan los gigantescos pabellones de Ifema, el recinto se enciende, se llena de acentos, de algarabía, de luces y colores para mostrar lo mejor de cada territorio: su identidad. En los pasillos resuena un murmullo continuo, se mezclan destinos, expectativas, ilusiones y negocio, como si el mundo, por unos días, cupiera en un mismo lugar.

Esta edición, la 46ª, ha vuelto a marcar el pulso de la industria: 967 expositores (un 9% más), 10.000 empresas participantes, 161 países y regiones y 111 representaciones oficiales, con una asistencia que ha superado los 255.000 visitantes y un impacto económico en Madrid por encima de los 487 millones de euros.

Las magnitudes son importantes, pero, como señaló Marco Sansavini, presidente del Comité Organizador, lo que define a este encuentro internacional ineludible es ese formato de gran ágora donde se discute el dónde, pero también el cómo, en sintonía con la filosofía que impulsa desde hace cinco años Turium: “Esta no es únicamente una feria, es la gran plataforma global de negocio del turismo, donde se generan oportunidades, se fortalecen lazos estratégicos y se definen las prioridades de una industria clave para el desarrollo económico y social”.

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Uno de los pabellones de la feria.

Con proyección

En línea con esta manera de entender el futuro del sector, la gran novedad de este año ha sido el Pabellón del Conocimiento, que ha concentrado diferentes áreas donde repensar el turismo. Más de 190 empresas, 200 sesiones de debate y ocho auditorios dedicados a conferencias y networking profesional hablan de que la transformación del modelo actual requiere de nuevas reglas de juego, donde los datos, la tecnología y la sostenibilidad serán prioritarios. IA, robótica, experiencias inmersivas o automatización serán esenciales, pero orientadas a mejorar la toma de decisiones, la eficiencia, la sostenibilidad y la satisfacción del viajero. De hecho, una de las apuestas más exitosas de esta edición ha sido Fitur Experience, un espacio que ha permitido acercarse a hitos extraordinarios –como la apertura total del Gran Museo Egipcio– y realizar actividades temáticas en forma de talleres, catas, demostraciones…, con el objetivo de convertir la visita a la feria en un contacto práctico con el destino.

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El stand de Brasil.

Más internacional

El mapamundi casi inabarcable que se reúne aquí se ha redibujado con la incorporación de 18 nuevas participaciones, desde Abu Dabi y Dubái hasta Angola, Islas Caimán, Bután o Belice. La curiosidad, el ansia de conocimiento y las ganas de descubrir otras culturas explican que África haya crecido un 34% en presencia expositiva; Oriente Medio se haya reforzado un 28% y Asia-Pacífico haya aumentado un 22%. Es una fotografía coherente con un turismo global que busca nuevos equilibrios y se abre a otros lugares con mucho que mostrar.

En un mundo donde el clima geopolítico no ayuda, este gigantesco escenario ha colocado una idea en el centro del discurso institucional. Rosario Sánchez, secretaria de Estado de Turismo, recordó que “en el actual contexto, el turismo responsable es una poderosa herramienta para el entendimiento entre países y culturas”, y lo vinculó a “la paz, el desarrollo y la cooperación internacional”. Más allá de la solemnidad del discurso, el mensaje encaja con lo que se ha visto en la feria: una estrecha relación entre los territorios y una industria que no vive únicamente de la oferta, sino también de la confianza.

El argumento encontró eco en la intervención de México, país invitado en esta edición. Miguel Aguiñiga Rodríguez, de la Secretaría de Turismo de México, defendió este sector de actividad como “motor de desarrollo y herramienta poderosa para el bienestar colectivo y la prosperidad compartida”. En una feria donde todos compiten por captar la atención, hablar de “compartir” esconde toda una declaración de intenciones.

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Conversaciones necesarias

Más allá de los enormes stands y de las banderas, este encuentro se lee como una suma de conversaciones que van ganando peso en esta industria. Tres se han abierto paso con claridad: la igualdad como condición para la competitividad, el deporte como palanca territorial y la tecnología como aliada del negocio y del viajero.

Se volvió a poner sobre la mesa una evidencia que el sector ya no puede tratar como “agenda paralela”: el turismo no puede permitirse dejar fuera del liderazgo a la mitad de su talento. El debate sobre inversión, empoderamiento económico y acceso real de las mujeres a los puestos de decisión se formuló en este marco como una condición operativa y necesaria para el crecimiento del sector, no tanto como una cuestión de justicia social, que también.

Esa misma mirada estratégica –convertir tendencias en palancas– se pudo ver en el programa Sports, donde el turismo deportivo se confirmó como uno de los grandes motores de activación territorial. Para ello, según se señaló en las diferentes mesas redondas, es preciso dar el salto del evento puntual a la planificación y desestacionalización, con lo que eso puede generar en términos de empleabilidad, marca de destino y capacidad para atraer flujos de visitantes de alto impacto. Como subrayó Daniel Martínez, vicepresidente ejecutivo de Ifema, “el deporte y el turismo son dos motores indisolubles de desarrollo, proyección internacional y bienestar social”.

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El stand de Puerto Rico, que será País Socio el próximo año.

Madrid, destino y escenario

Como ciudad anfitriona, la capital se convierte cada enero en un emplazamiento urbano lleno de posibilidades –gastronomía, cultura, ocio, compras…–, pero este año el relato se apoyó especialmente en la idea de ciudad inagotable. “Necesitarías toda una vida para poder vivir esta ciudad”, dijo el alcalde José Luis Martínez-Almeida. Y para confirmarlo, la urbe presentó su apretada agenda: grandes conciertos, eventos culturales y el Gran Premio de Fórmula 1 como símbolo de una capital que quiere seguir sumando motivos para volver. Al final, queda la sensación de que el turismo es una combinación entre lo intangible (el deseo) y lo concreto (la vivencia). Y este año se ha querido hacer más visible que nunca esa fusión, con más conocimiento, más experiencias, más diversidad geográfica y un recordatorio que no es menor en estos tiempos tensos: viajar también puede ser una forma de acercarse y de entendernos.

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Arte azteca

México ha sido el País Socio –el año que viene tomará el testigo Puerto Rico– y la presencia más transversal de la feria: un despliegue que ha reunido por primera vez a los 32 estados de la República. En la presentación oficial, Josefina Rodríguez Zamora, secretaria de Turismo, planteó su presencia aquí como una forma de vínculo cultural: “A través del turismo construimos puentes entre las naciones hermanas”, dijo.

Ese puente tuvo un símbolo muy castizo en forma de una escultura del oso y el madroño reinterpretados en arte wixárika, que se ha instalado por unos días en plena Puerta del Sol. La obra, firmada por el artista César Menchaca, traslada al icono madrileño el lenguaje de las chaquiras y el color, propios del estado de Nayarit, y convierte un emblema local en un objeto de admiración global. Con casi un millar de profesionales que han acudido a esta cita, el país latinoamericano demostró con música, artesanía y símbolos que la identidad también viaja y que, a veces, un destino se cuenta mejor con una pieza hecha a mano que con un eslogan.