Este es el pueblo francés donde puedes visitar la casa de Monet y su precioso jardín: está a solo una hora de París
La casa del pintor Claude Monet en Giverny. FOTO : TURISMO NORMANDÍA.

Este es el pueblo francés donde puedes visitar la casa de Monet y su precioso jardín: está a solo una hora de París

Qué mejor que estrenar la primavera en los hermosos jardines que el pintor Claude Monet diseñó en Giverny. Cruzar su puente japonés entre glicinias, contemplar los nenúfares y perderse en el bosque de bambú. Un viaje de lo más impresionista.

Ángeles Castillo | Febrero 14, 2026

Es como estar dentro de un cuadro de los muchos que pintó Claude Monet (1840-1926) obsesivamente, a distintas horas del día y con distinta luz. O como si ese cuadro se hiciera realidad. Es lo que se siente cuando se está, casi de manera onírica, en medio de los bonitos jardines que el pintor diseñó, como guiado por los pinceles, en Giverny. Impresionante, habría que decir, pues fue una de sus obras, Impresión, sol naciente (1872), una marina muy "sui generis" del puerto de Le Havre, la que sirvió para bautizar al movimiento.

Giverny, el pueblo de Monet y los impresionistas

Allí, entre Le Havre, la ciudad con las piscinas urbanas más bonitas, y Honfleur, tan querido por los impresionistas, en el Canal de la Mancha, va a desembocar el Sena tras haber rozado Giverny procedente de París, a unos 80 kilómetros.

También este pueblo, como el vecino Barbizon, es el favorito de los pintores. Por aquí pasaron Cézanne, Renoir, Matisse o Singer Sargent. No es de extrañar que al lado de la residencia de Monet esté el Museo de los Impresionistas, abierto en 2009, con una suculenta colección de 300 obras, firmadas también por Caillebotte, Boudin, Bonnard o Signac, y con su propio jardín.

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El restaurante Baudy, antiguo hotel frecuentado por los impresionistas. FOTO: TURISMO NORMANDÍA.

Nos encontramos justo donde se termina la región de Île-de-France y empieza la Normandía, a la que pertenece, exactamente al departamento de Eure. Es curioso porque uno va a Giverny siguiendo las huellas de Claude Monet y casi sin reparar en el resto.

Pero este pueblo, al que el pintor llegó en 1883, ya estuvo habitado en el Neolítico, como testimonian los hallazgos arqueológicos, y volcado en el cultivo de la vid desde los merovingios (siglos V-VIII). La verdad es que no podía ser más francés: cuidado hasta el mínimo detalle, lleno de galerías y estudios de artistas y muy coqueto. Es el segundo lugar más visitado de la región, después del Mont Saint-Michel, la isla mágica de Francia.

Una iglesia medieval y los jardines más hermosos

Antes de adentrarnos en el universo impresionista colmado de nenúfares, o "nymphéas", y otras excelencias florales, hay que decir que la localidad cuenta con una iglesia medieval, levantada en el siglo XI y reconstruida en el XVI, que está dedicada a Santa Radegunda.

No nos hemos alejado mucho del pintor en ningún sentido, porque aquí está su tumba y la de su familia. Se cuenta que, durante su entierro, el político George Clemenceau, amigo personal, retiró el lienzo negro que cubría el ataúd y dijo: "Nada de negro para Monet".

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Así son los jardines que diseñó Monet en Giverny. FOTO: FUNDACIÓN MONET.

Claude Monet se vio seducido por el encanto del lugar. Primero arrendó la casa y los terrenos adyacentes. Después, una vez que los vientos fueron favorables, la compró y se dedicó a crear los jardines, de flores y de agua, que deseaba pintar. Todo en ella está lleno de su vida y su obra. Por una parte, Le Clos Normand, el jardín delante de la vivienda, en el que el artista mezcló silvestremente, sin aparente orden, las flores más sencillas con otras raras traídas de diferentes países. Hay capuchinas, rosas, narcisos, iris, tulipanes o peonías.

Un jardín de agua y un puente japonés

Y, por otra parte, el jardín acuático, un estanque de clara inspiración japonesa creado en un terreno adquirido con posterioridad, donde se ubica el puente japonés, entreverado de glicinias, al que no le dio el toque de rojo como manda la tradición oriental, sino que lo pintó de verde en sintonía con la vegetación y el resto. Directamente sobre la madera de haya. Directamente sobre el lienzo lo recreó hasta 45 veces. Monet se enamoró de Japón en la Exposición Universal de 1867 que tuvo lugar en París.

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El puente japonés de los jardines de Monet en Giverny. FOTO: TURISMO NORMANDÍA.

Además, no solo se pueden recorrer estos hermosos jardines, jugando a contar las flores, de todos los tipos, tamaños y colores, atravesando el bosque de bambú o cruzando el famoso puente con las ninfeas decorándolo todo, sino que además es posible traspasar el umbral y husmear entre sus porcelanas y sus cosas. La casa, como el jardín, es el hogar de un pintor. Puertas y ventanas en verde, amarillo para el comedor, azul en la cocina. Y con reproducciones de su obra y la de sus amigos por todas partes.

Del abandono a la restauración

No podía faltar su colección de más de 200 estampas japonesas, que tanto inspiraron a estos artistas. Entre ellas, las hay firmadas por Kitagawa Utamaro (1753-1806), Katsushika Hokusai (1760–1849) y Utagawa Hiroshige (1797–1858). Yendo de una estancia a otra, con la fascinación de estar sumidos en su universo, da la impresión de que Monet va a aparecer de un momento a otro.

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Claude Monet en sus jardines de Giverny. FOTO: MUSÉE D'ORSAY/ALEXIS BRANDT.

El pintor murió en 1936 y estas propiedades pasaron a su hijo Michel, quien, aficionado a los safaris en África, se desentendió. Terminó recibiéndolas como legado la Academia de Bellas Artes, quien puso su restauración en manos de Gerald Van Der Kemp, conservador de Versalles, para lo cual hubo que contar con mecenas estadounidenses.

A cargo de los jardines quedó Gilbert Vahe, un joven formado en la École Nationale Supérieure d’Horticulture, que los resucitó tal y como los había diseñado Monet.

Por fortuna, casa y jardines abrieron sus puertas al público en 1980, año en que se creó la Fundación Claude Monet. El viaje se puede rematar visitando el ciclo de los Nymphéas, en el que el artista trabajó durante tres décadas, en el Musée de l'Orangerie en París. El famoso estanque de nenúfares inspiró a Monet unas 300 pinturas, incluyendo más de 40 paneles de gran formato.

TURIUM TIPS

El antiguo hotel Baudy, que frecuentaron Renoir, Cézanne o Rodin en busca de inspiración, es hoy un restaurante-museo que sigue haciendo las delicias de los artistas que habitan Giverny.
Los jardines y la casa de Claude Monet, así como el Museo de los Impresionistas, están abiertos de marzo a noviembre.
A este pueblo se accede fácilmente en tren desde la estación de Saint-Lazare en París. Hay que bajarse en la parada Vernon-Giverny.
En Vernon, a solo 6 kilómetros, hay un increíble molino del siglo XVI colgado sobre el Sena, que Monet pintó desde su barco-taller. No estuvo así en un principio. Se construyó sobre un puente que luego fue destruido.
Le Clos des Songes es un bed & breakfast en una antigua casa de campo que albergaba el horno de pan y su granero. Ocupa una finca de una hectárea en Blaru, a 12 kilómetros de Giverny, entre abundante vegetación y un arroyo. Desde 151 euros.