Viaje en familia por las Highlands de Escocia: castillos, lagos y paisajes infinitos
Escocia es un destino que se adapta con facilidad al viaje en familia. Las distancias son asumibles, el ritmo es tranquilo y el paisaje invita a mirar con calma. En el norte del país, las Highlands despliegan un territorio de valles abiertos, carreteras secundarias y castillos en ruinas que parecen vigilar el paso del tiempo.
Viajar por las Highlands no es solo una cuestión de kilómetros: es una cuestión de actitud. Aquí el trayecto importa tanto como las paradas –sobre todo, con niños de por medio– y el paisaje cambia a cada centímetro, lo que obliga a tomarse las cosas con calma. Las carreteras serpentean por zonas poco habitadas, los pueblos aparecen casi por sorpresa y la naturaleza se impone sin necesidad de artificios. Para una familia este tipo de destinos presenta una ventaja clara: no hay agendas cerradas ni visitas encadenadas, sino tiempo compartido y margen para la improvisación.
Además, Escocia es un país especialmente atractivo para recorrer con niños. Tiene castillos, lagos y playas que no se descubren como museos cerrados, sino como espacios que invitan a explorar, imaginar y aprender sin darse cuenta. A esto se suma una cultura acostumbrada al viajero, donde moverse con niños no supone una excepción: es parte del paisaje cotidiano.

Inverness, la puerta de entrada a las Highlands
Inverness se presenta como el punto de partida perfecto para adentrarse en las Tierras Altas. Se trata de una ciudad pequeña, práctica y bien conectada con las principales carreteras del norte), lo que la convierte en el cuartel general perfecto y en una gran opción para introducirse en la gastronomía local. Apunta estas dos direcciones:
Más allá de la mesa, Inverness permite un primer contacto suave con Escocia: paseos junto al río Ness, parques amplios para que los niños se muevan sin restricciones y un centro urbano fácil de recorrer a pie. Es el lugar ideal para ajustar horarios, adaptarse al cambio de ritmo y empezar el viaje sin sensación de prisa.
Se trata, por tanto, de un destino con margen para la improvisación, pero es importante que planifiques la contratación de un seguro a la medida de tu viaje. Una opción completa es ASISA Travel and You, especialmente pensado para salidas familiares al extranjero. Es flexible, fácil de contratar y adaptable a la duración y el destino. Cuando lo necesitas, basta con hacer una llamada, los traslados son ilimitados por enfermedad, accidente o fallecimiento y tiene garantía de anulación sin incremento de precio.

El lago Ness y el poder de la leyenda
Desde Inverness, la carretera A82 discurre durante varios kilómetros junto a la orilla del lago Ness, uno de los escenarios más reconocibles de Escocia. El paisaje se abre y el lago aparece de pronto, largo y oscuro, rodeado de colinas que refuerzan su misteriosa atmósfera.
Aquí la leyenda de Nessie cobra vida, especialmente cuando se viaja con niños. La visita se convierte en un juego constante de observación e imaginación, en el que cualquier ondulación del agua puede desencadenar una historia improvisada. Un paseo en barco permite apreciar la verdadera dimensión del lago y suele ser uno de los momentos más celebrados del viaje familiar, con salidas regulares desde Fort Augustus o Clansman Harbour.
En uno de los puntos más fotogénicos del recorrido se alzan las ruinas del Castillo de Urquhart, encaramadas sobre el agua. La visita, bien señalizada desde Drumnadrochit, se recorre con facilidad en una hora y media y combina historia, escenarios abiertos y espacio suficiente para que los niños se muevan con libertad, algo poco habitual en otros enclaves históricos europeos.

Glencoe, el paisaje que obliga a detenerse
A medida que la ruta continúa hacia el oeste, el paisaje se vuelve más abrupto y dramático, hasta desembocar en Glencoe. Es uno de esos lugares donde el entorno impone silencio y el viaje parece adquirir otra dimensión.
Glencoe no requiere una planificación exhaustiva. Hay miradores accesibles desde la carretera, senderos cortos y un centro de visitantes que ayuda a entender la historia del valle sin necesidad de largas explicaciones. Para familias, es una parada perfecta: visual, impactante y adaptable a distintos ritmos, donde basta con caminar unos minutos para sentirse completamente inmerso en el paisaje.
Muy cerca se encuentra Fort William, donde alojamientos como el Alexandra Hotel permiten dividir la ruta y descansar antes de continuar hacia la costa atlántica, especialmente recomendable si se viaja con niños pequeños.

El Atlántico escocés: playas abiertas y silencio
Uno de los momentos más inesperados del viaje llega al alcanzar la costa oeste. En los alrededores de Arisaig y Morar aparecen playas amplias, de arena clara y abiertas al océano Atlántico, muy lejos de la imagen habitual que se tiene de Escocia.
No son playas de baño, pero sí de exploración. Espacios abiertos donde caminar sin rumbo, observar el cielo cambiante y dejar que los niños jueguen sin límites, recogiendo piedras, persiguiendo el viento o simplemente corriendo frente al mar. Son lugares que invitan a bajar el ritmo y a entender el viaje como una experiencia compartida, más que como una sucesión de hitos.
Recorrer las Highlands con niños es más sencillo de lo que muchos imaginan. Además de hoteles, abundan las casas rurales y los alojamientos self-catering, muy prácticos cuando se viaja en familia y se necesita flexibilidad en horarios y comidas. En cuanto a la gastronomía, los pubs tradicionales ofrecen menús sencillos, horarios amplios y un ambiente relajado que encaja bien en cualquier etapa del viaje.
Moverse en coche es la mejor opción, siempre asumiendo que el paisaje invita a parar con frecuencia. No es un inconveniente, sino parte de la experiencia: hay miradores improvisados, animales que cruzan la carretera y pequeños desvíos que terminan siendo recuerdos del viaje. El clima es cambiante incluso en verano, por lo que la ropa impermeable es imprescindible.
En formato breve o de larga duración, a solas o en compañía, los viajes se disfrutan más cuando ciertas preocupaciones se quedan en tierra. Es lo que ocurre al contratar el seguro ASISA Travel and You, que cubre posibles incidentes durante la escapada, ya sea por ocio, por trabajo o por estudios. Se trata de un producto de prestación de servicio, lo que significa que no tendrás que adelantar cantidad económica alguna y que nunca el capital asegurado se quedará corto. ¿Sus coberturas? Entre otras, asistencia sanitaria hasta 100.000 euros por persona, asistencia legal, pérdida de equipajes, demora en la entrega, búsqueda y localización. anulación e interrupción de viaje (hasta 4.000 euros por persona), demora de viaje y pérdida de servicios, indemnización por fallecimiento o invalidez en accidente de 6.500 euros (si es en medio de transporte, 20.000) o responsabilidad civil privada de 60.000 euros por persona. Además, incluye la garantía que supone el sello ASISA, especialista en salud desde hace más de 50 años.