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Un pueblo en la única reserva natural de la provincia de Valladolid: está muy cerca de una villa histórica
El mejor hotel para desconectar está en España: tiene suites privadas de diseño con vistas a las montañas
A menos de media hora de Benidorm existe otro Alicante. Montañas, silencio y suites privadas suspendidas sobre el valle. Vivood Landscape Hotel es un cambio radical de ritmo.
Benidorm es lo que es y nunca finge ser otra cosa. Rascacielos, playas, terrazas llenas en enero y una energía permanente que funciona casi como deporte de resistencia. Lo curioso es que, mientras media Europa se pelea por una tumbona, a menos de media hora en coche de Benidorm, el paisaje cambia de canal sin previo aviso. La carretera empieza a retorcerse, el tráfico desaparece y el Mediterráneo se sustituye por montañas secas, bancales y silencio. Mucho silencio. En ese contexto encontramos Vivood Landscape Hotel. Bienvenidos al Valle de Guadalest.
En ese cambio de escenario, que en términos de contraste roza lo sorprendente, aparece el hotel. Y es, probablemente, una de las escapadas mejor pensadas del interior alicantino. Aquí no vienes a hacer cosas, sino a dejar de hacerlas. Y aunque suene a eslogan, es la pura realidad.
Dormir donde el ruido no llega
En Vivood Landscape Hotel no hay lobby monumental ni pasillos infinitos. Lo que hay es una colección de suites independientes estratégicamente dispersas en la ladera. Pequeñas piezas de arquitectura minimalista que parecen colocadas con pinzas para que nadie moleste a nadie y, sobre todo, para que el paisaje tenga siempre la última palabra.
Las habitaciones funcionan como cápsulas privadas de calma. Grandes ventanales, madera, líneas limpias y esa estética nórdico-mediterránea tan bien resuelta que hace pensar que alguien aquí entendió perfectamente lo que significa descansar. Desde la cama, desde la ducha o desde la terraza, las montañas ocupan todo el campo visual.
La privacidad es total. Terrazas aisladas, piscinas privadas en algunas suites y una sensación constante de estar en tu propio refugio. Ideal para quienes necesitan desconectar… o desaparecer estratégicamente durante un fin de semana.

El lujo de no tener que interactuar
Uno de los grandes logros de Vivood es su lectura contemporánea del lujo silencioso. Aquí nadie te obliga a socializar, participar ni sonreír educadamente en espacios comunes saturados. Puedes pasar horas —días, si te organizas bien— sin más plan que mirar el valle y reconsiderar decisiones vitales menores.
Piscinas infinitas volcadas a la montaña, tratamientos de bienestar, desayunos que llegan en el mejor momento. Todo fluye con esa discreción elegante que agradece cualquiera que haya sobrevivido a buffets imposibles o animaciones forzadas Vivood entiende algo básico pero escaso: descansar también es importante.

Así es el entorno de Vivood Landscape Hotel
El gran acierto de Vivood continúa, de forma bastante natural, en el territorio que lo rodea. El Valle de Guadalest ofrece uno de esos paisajes inesperados que descolocan al viajero acostumbrado a asociar Alicante únicamente con litoral y playa.
El Castell de Guadalest es la excursión inevitable, pero también la más agradecida. El recorrido permite entender la estructura defensiva del enclave, literalmente excavado en la roca. Cruzar el túnel de acceso, recorrer las calles estrechas y asomarse a los miradores sobre el embalse es toda una experiencia escenográfica.
El embalse de Guadalest merece tiempo propio. Bordearlo en coche, detenerse en algún punto panorámico o recorrer sus senderos introduce una lectura distinta del Mediterráneo interior. El tono turquesa del agua, especialmente intenso en días despejados, genera un contraste visual inesperado con las montañas secas de alrededor.
Quienes busquen algo más dinámico encuentran en la Serra de Aitana uno de los escenarios naturales más interesantes de la provincia. Senderos de montaña, carreteras panorámicas y vistas amplias hacia el litoral: un terreno especialmente atractivo para caminatas suaves. No es necesario plantear rutas exigentes.
Pequeños pueblos del interior como Polop, Callosa d’en Sarrià o Altea la Vella completan el mapa cercano.

De la calma al pulso eléctrico de Benidorm
Tras unos días en el silencio del Valle de Guadalest, Benidorm reaparece siempre, quieras o no. Este fenómeno urbano difícil de encontrar en Europa ha desarrollado una identidad tan clara, tan reconocible y tan radicalmente contemporánea que es inevitable dejarse arrastrar.
El skyline es la primera pista. Benidorm concentra la mayor densidad de rascacielos por habitante de España y una de las más altas de Europa. Ya en los años 50 y 60, el Plan General apostó por la verticalidad frente al modelo extensivo de urbanizaciones horizontales. El resultado es una ciudad compacta, sorprendentemente eficiente en términos de infraestructuras y con una huella territorial mucho menor de lo que su imagen sugiere.
Esa verticalidad ha terminado definiendo su carácter. Una especie de laboratorio mediterráneo donde conviven residentes permanentes, turismo internacional y dinámicas económicas que funcionan durante todo el año. Aquí no existe la estacionalidad clásica de muchas ciudades de playa españolas. Benidorm es una ciudad viva incluso en enero.

Pocos lugares en España concentran una mezcla demográfica tan diversa: jubilados británicos que han convertido la ciudad en residencia permanente, turismo nórdico atraído por el clima suave, escapadas nacionales, trabajadores temporales, nómadas digitales y una economía local extraordinariamente adaptada al visitante extranjero.
Incluso su paseo marítimo de Poniente, una intervención contemporánea que rompió con la estética costera convencional, refleja la evolución de Benidorm. Curvas fluidas, geometrías dinámicas y una lectura del espacio público que descoloca a quien espere el Mediterráneo clásico de barandilla blanca y baldosa previsible.
Benidorm, en última instancia, es una anomalía, un experimento que salió bien. Y tras la calma del valle en Vivood, su carácter eléctrico se percibe menos como ruido y más como energía.
