Por qué tienes que visitar los invernaderos de los reyes de Bélgica: una primavera idílica en Bruselas
Los Invernaderos Reales de Laeken son una joya arquitectónica belga. FOTO : PEXELS/WEICKMANN.

Por qué tienes que visitar los invernaderos de los reyes de Bélgica: una primavera idílica en Bruselas

Del 17 de abril al 10 de mayo se podrán visitar los Invernaderos Reales de Laeken. Una ocasión única para conocer esta joya arquitectónica modernista llena de plantas exóticas. Y otra razón más para viajar a Bruselas.

Ángeles Castillo | Marzo 20, 2026

En Bruselas no solo hay torres que tocan el cielo, la mejor cerveza del mundo y el surreal universo de Magritte contenido, si es que eso es posible, en un museo. La capital de Europa también atesora un complejo monumental de invernaderos que son una joya arquitectónica. Nunca mejor dicho porque, a la belleza formal y destreza constructiva, se suma que pertenecen a la Corona belga. Los Invernaderos Reales forman parte del Castillo Real de Laeken, que en realidad no es un castillo, sino un palacio en este barrio bruselense.

Cuándo visitar los Invernaderos Reales de Laeken

Es el palacio donde vive la familia real, para más señas, por lo que que no se puede entrar en sus dependencias así como así. Sin embargo, este paraíso exótico se abre una vez al año en una suerte de privilegio para el común de los mortales. Esta ocasión, por supuesto, viene con la primavera y no hay que dejar que pase. Es la época fabulosa de la floración. También el momento para plantarse en los jardines de la casa de Monet en Giverny.

texto alternativo
La sobresaliente cúpula del Gran Jardín de Invierno, diseñada por Balat. FOTO: PEXELS/WEICKMANN.

Será del 17 de abril al 10 de mayo cuando se abran las puertas de esta ciudad de cristal, integrada en el ondulante paisaje del parque, que se levantó por encargo del polémico rey Leopoldo II de Bélgica. Un proyecto que cayó en manos de su arquitecto de cabecera, Alphonse Balat, gran defensor del neoclasicismo en tiempos de reinado de lo ecléctico.

El art nouveau: de Alphonse Balat a Victor Horta

Por cierto, Balat fue maestro del gran Victor Horta, que luego siguió una línea más bien curva, coronándose como padre del modernismo y dejando profusa huella en los barrios de la capital belga, sin ir más lejos. Algunas de sus casas, como la Tassel o la Solvay, son Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Horta había nacido en Gante, ciudad monumental y con canales navegables.

texto alternativo
En el Jardín de Invierno aún crecen las palmeras de Leopoldo II. FOTO: WIKIPEDIA/JEAN-POL GRANDMONT.

En los Reales Invernaderos, Balat se dejó mecer por los cantos de sirena del art nouveau, aparcando por un momento su exacerbada inclinación a lo clásico para darles una oportunidad a nuevos materiales como el hierro y el cristal. Imbuido de este espíritu artístico de nueva ola, lo que proyectó fueron grandes pabellones acristalados conectados por galerías cubiertas por cúpulas con vistas al cielo de Bruselas, en los que exhibir las exóticas colecciones de plantas del rey de los belgas, fascinado por la botánica.

El Gran Jardín de Invierno, paraíso con palmeras

Como elemento central dispuso el Gran Jardin d’Hiver, que venía a ser una revisión circular de la Casa de las Palmeras del Real Jardín Botánico de Kew, un paraíso entre Richmond upon Thames y Kew, al suroeste de Londres. Esta había sido construida entre 1841 y 1849 según el diseño del arquitecto Decimus Burton y el fundidor Richard Turner, haciendo historia al tratarse de la primera gran estructura de hierro fundido edificada en Inglaterra.

texto alternativo
Distintas variedades de azaleas en los Invernaderos Reales de Laeken. FOTO: ISTOCK.

Los invernaderos de Laeken, por su parte, se armaron entre 1874 y 1895, lo que dio pie a la recreación estética de su responsable, que se animó a introducir motivos decorativos al más puro estilo art nouveau. El Gran Jardín de Invierno, destinado a las recepciones reales, se colmó, como en el caso del inglés, de altísimas palmeras, bajo una cúpula gigantesca de 25 metros de alto y 57 de diámetro. El complejo se extiende a lo largo y ancho de 2,5 hectáreas.

Por desgracia, no se podrá pasar este año por trabajos de renovación, aunque siempre es un placer verlo por fuera. Para compensar, se da entrada excepcionalmente a la Gran Galería de Honor al principio del recorrido.

Qué ver en los invernaderos de la Corona belga

Abrir sus puertas a los visitantes con la llegada de la primavera es una tradición anual. La visita se inicia en los jardines, donde tomar contacto con la arquitectura del complejo, explorar las orillas de los estanques y otros pintorescos rincones, para pasar finalmente a los invernaderos. Primero, los más pequeños, donde están las palmeras, las azaleas, los geranios, o donde se rinde honor a la diosa Diana.

Y después, los más grandes. O sea, los Invernaderos del Congo, con plantas subtropicales; la Orangerie, donde las camelias, los naranjos y los laureles pasan el invierno, y el Embarcadère, utilizado para recibir a los invitados. En este último están las medinillas, originarias de Filipinas, colocadas en jarrones chinos que Leopoldo II trajo del Lejano Oriente. En sus extremos, dos estatuas del escultor belga Charles van der Stappen: L’Aurore y Le Soir.

TURIUM TIPS

Las entradas para los Invernaderos Reales de Laeken se venden en la web oficial (koninklijke-serres-royales.be) a partir del 20 de marzo. No hay venta en taquilla. El precio es de 7 euros; los menores de 12 años pasan gratis, aunque es necesario reservar.
En Bruselas hay mucho para ver, pero, por alusiones, habría que seguir las huellas arquitectónicas de Balat y Horta. Del primero, los Museos Reales de Bellas Artes. Del segundo, su casa-estudio, hoy Museo Victor Horta.
El 9Hotel Sablon está en el barrio bruselense del mismo nombre, en pleno centro, y es tan moderno como la ciudad. Obra del estudio Castel Veciana Arquitectura. Tiene habitaciones desde 141 euros.
Un lujo sin igual es comer en L’Écailler du Palais Royal, toda una institución, desde 1967. El restaurante luce azulejos turquesa a la manera de escamas, en un claro guiño a su especialidad, pescado y marisco.
Otra clásico gastronómico es Maison Vincent, fundada en 1905. ¿Sus delicias? El chateaubriand (corte de carne de res), los moules-frites (mejillones con patatas fritas) y el tartare de res.