“Nunca me da pereza hacer la maleta ni subirme a un avión”

Juan Duyos Diseñador

“Nunca me da pereza hacer la maleta ni subirme a un avión”

No hay latitud que se escape a la perspicaz y estética mirada de este diseñador. Costa Rica, Madeira, Londres, Estonia… El mundo, sus gentes (mods, góticos, punks...), los paisajes y la artesanía son su fuente de inspiración inagotable.

Aleks Gallardo | Mayo 12, 2026

Con apenas 11 años, Juan Duyos (Madrid, 1970) descubrió el ambiente de la capital británica callejeando por el Soho. Su mirada nunca volvió a ser la misma. “A mi madre siempre le han encantado los musicales, y en los años 80 nos llevaba a verlos. La primera vez, se abrió ante mí un mundo que me alucinó. Londres es la ciudad que más me ha marcado, más aún que París, Milán y Nueva York. Me quedaba boquiabierto contemplando eso que ahora llamamos street style: las prendas de Fred Perry, el zapato inglés…”, recuerda.

Sastres y bordadoras de los cinco continentes

Poco ha cambiado en su modus operandi a la hora de viajar: “Siempre acompañado. Con mi madre, mis hermanas, mi pareja… Necesito alguien con quien comentar, compartir la gastronomía, descubrir sitios…”, dice. Tampoco ha perdido esa agudeza característica de su mirada que lo lleva a fijarse en lo auténtico y lo extraordinario de cada latitud. “En ciudades que son punta de lanza de la moda, nunca dejo de ir a las sastrerías, a las tiendas de botones y de telas… En Costa Rica, en Panamá y en Tanzania las artesanías me han enriquecido muchísimo, igual que los bordados de Camariñas, en A Coruña, y Lagartera, en Toledo, o las pieles de Ubrique, en Cádiz. Ver cómo alguien crea belleza con las manos es una experiencia como visitar un templo”.

Su pasión por viajar y su oficio de diseñador no pueden entenderse por separado. Madeira, Estonia y Costa Rica han inspirado tres de sus colecciones, y Madagascar y Australia encabezan su lista de lugares pendientes. “Nunca me da pereza hacer la maleta ni subirme en un avión. Todo a la hora de salir me parece excitante”, asegura. En su casa de Madrid, decenas de objetos mantienen las vibraciones de cada aventura. “De Estonia nos trajimos unos jarrones de la época soviética; de Tanzania, dos bustos indígenas que pesan toneladas; de Marruecos, alfombras de seda antigua y cucharas de madera de olivo... Son recuerdos de los que disfruto de forma cotidiana y me transportan a sus zonas de origen”.

Nuevos horizontes y un ritmo lento

¿Qué debe tener un viaje para ser una experiencia perfecta?

Disponer de tiempo. Me gustan las escapadas lentas. Las salidas exprés a Tokio o NY en tres días no las disfruto.

¿Algo que lleves siempre en la maleta?

No me falta nunca una pastilla de jabón. Aunque me aloje en hotelazos, me gusta tenerla en mi neceser. ¡Y, claro, tampoco me olvido del cargador del móvil!

¿El sitio al que vuelves cuando quieres inspiración?

Si estoy en plena búsqueda de ideas frescas, no voy a un lugar conocido, sino a uno en el que no haya estado y que me abra nuevos horizontes.