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El hotel más deseado del mundo: una villa aristocrática del siglo XVIII junto al lago de Como
Así es el hotel más deseado del mundo: una villa aristocrática del siglo XVIII junto al lago de Como
Passalacqua ocupa una villa construida en 1787 frente al lago de Como. Tiene 24 habitaciones, jardines históricos y el reconocimiento que todos los hoteles quieren conseguir.
La historia de Passalacqua empieza mucho antes de que existiera el concepto de hotel de lujo tal y como lo conocemos hoy. En 1787, cuando la nobleza lombarda construía sus residencias de verano alrededor del lago de Como, el conde Andrea Lucini Passalacqua encargó una villa monumental en Moltrasio, una pequeña localidad situada en la orilla occidental del lago. Más de dos siglos después, aquella residencia aristocrática sigue ocupando el mismo lugar privilegiado, rodeada por ocho hectáreas de jardines en terrazas que descienden hasta el agua.
Con una simple búsqueda, encontrarás que Passalacqua fue elegido mejor hotel del mundo por The World’s 50 Best Hotels. Sin embargo, lo que explica realmente su fama está en los detalles, como ocurre en los buenos hoteles. En la escalera monumental cubierta por frescos originales. En las lámparas de cristal de Murano que cuelgan de techos decorados hace más de doscientos años. En las bibliotecas, los mármoles, las molduras y las piezas adquiridas por la familia propietaria durante años de búsqueda en anticuarios italianos.
La villa fue durante décadas una de las grandes propiedades privadas del lago de Como. Entre sus huéspedes históricos destaca el compositor Vincenzo Bellini, que pasó largas temporadas aquí durante la década de 1820. Se cuenta que parte de las melodías de sus óperas nacieron frente a estas vistas. Hoy, una de las suites más espectaculares del hotel lleva su nombre.

Passalacqua, una restauración y miles de piezas recuperadas
Cuando la familia De Santis, propietaria también del Grand Hotel Tremezzo, adquirió la propiedad, inició una restauración que se prolongó durante tres años. El objetivo era devolver a la villa la riqueza decorativa acumulada durante generaciones.
Para ello se restauraron frescos, suelos históricos y trabajos de estuco, mientras se incorporaban piezas procedentes de talleres artesanos italianos. Buena parte del mobiliario fue seleccionada personalmente por Valentina De Santis, directora ejecutiva del grupo familiar. El resultado tiene algo que nos encanta: la sensación de estar entrando en una residencia privada que ha ido creciendo con el tiempo.

Passalacqua cuenta con solo 24 habitaciones y suites distribuidas en tres edificios distintos. La Villa principal concentra los espacios más espectaculares, con techos de hasta siete metros de altura y vistas panorámicas sobre el lago. El Palazz conserva una atmósfera más íntima, mientras que Casa al Lago se encuentra prácticamente a pie de agua.
Entre las habitaciones más solicitadas está la Bellini Suite, que ocupa las antiguas dependencias utilizadas por el compositor. También destacan las suites situadas en las plantas superiores, desde donde se aprecia una de las panorámicas más completas del lago de Como.
Los jardines son otro de los grandes protagonistas. Diseñados siguiendo el modelo clásico de las villas italianas, incluyen terrazas escalonadas, magnolios centenarios, olivares, árboles frutales, senderos ocultos y una pista de tenis situada en una de las zonas más elevadas de la propiedad. La piscina exterior ocupa una antigua terraza panorámica desde la que se domina buena parte de la cuenca central del lago.

La vida dentro de la villa
Si algunos hoteles se recuerdan por una habitación concreta, en Passalacqua la experiencia se construye a través de muchos espacios distintos. El desayuno suele servirse en alguna de las terrazas con vistas al lago. La cocina ocupa una posición central dentro de la experiencia y gran parte de los ingredientes proceden de productores locales. El hotel cuenta además con huerto propio y jardines aromáticos utilizados por los cocineros.
Uno de los lugares favoritos de los huéspedes es la cocina abierta situada en el corazón de la villa. Durante el día es habitual encontrar a los cocineros preparando pasta fresca o repostería italiana mientras los visitantes entran y salen de manera informal. La sensación se acerca mucho a la de una casa italiana, de mucho nivel, eso sí.

El spa se encuentra escondido en los antiguos túneles y bodegas de la propiedad. Allí se han conservado bóvedas históricas de piedra que recuerdan el origen de la villa. También existe un embarcadero privado desde el que parten excursiones en lanchas clásicas por el lago.

Qué hacer cuando sales de Passalacqua
Aunque muchos huéspedes apenas abandonan la propiedad durante su estancia, el entorno justifica dedicar varios días a explorar la zona.
La primera parada suele ser la ciudad de Como, situada a apenas veinte minutos en coche. Su casco histórico conserva murallas medievales, elegantes plazas y una importante herencia racionalista representada por la Casa del Fascio de Giuseppe Terragni, una de las obras maestras de la arquitectura italiana del siglo XX.
Bellagio sigue siendo una visita imprescindible. Su posición estratégica en el punto donde el lago se divide en tres brazos la convirtió durante siglos en uno de los enclaves más codiciados de la región. Más allá de las fotografías habituales, merece la pena perderse por sus calles empedradas y visitar los jardines de Villa Melzi.
Otra parada obligatoria es la Villa del Balbianello, probablemente una de las propiedades más reconocibles del lago de Como. Su ubicación sobre una pequeña península y sus jardines aterrazados han servido de escenario para numerosas producciones internacionales y reportajes editoriales.
Quienes busquen una experiencia más tranquila suelen dirigirse a Varenna, una de las localidades más agradables del lago. También merece la pena reservar una jornada para recorrer el lago desde el agua.
La historia del hotel está ligada a la misma fascinación que ha atraído hasta el lago de Como a aristócratas, artistas, compositores, industriales y viajeros durante generaciones.