La artesanía se piensa desde el futuro

La artesanía se piensa desde el futuro

El I Congreso Internacional de Artesanía de Castilla-La Mancha reúne en Toledo a más de 200 profesionales para analizar el futuro de unos oficios que encuentran nuevos territorios en el diseño, la arquitectura, la gastronomía, el turismo o la hostelería. Innovación, sostenibilidad, formación e internacionalización marcan una jornada que reivindica el valor económico y cultural del trabajo hecho con las manos.

Gonzalo Varela | Septiembre 21, 2026

Una vajilla realizada para un restaurante de alta cocina, una pieza de cerámica que termina formando parte de la fachada de un edificio, una alfombra concebida para un hotel y un mueble producido a partir de materiales recuperados tienen algo en común: detrás de ellos existe un saber hacer inseparable de las manos que los ejecutan. La artesanía conserva técnicas y saberes transmitidos durante generaciones, pero hace tiempo que dejó de mirar únicamente hacia atrás; hoy se extiende por la arquitectura, el diseño, la gastronomía, la moda, el interiorismo o la hospitalidad.

Esa relación entre tradición y contemporaneidad fue el eje del I Congreso Internacional de Artesanía de Castilla-La Mancha, celebrado el pasado 8 de abril en los Viñedos Cigarral Santa María, en Toledo, bajo el auspicio de Eturia, la empresa pública de promoción del turismo y artesanía del Gobierno de Castilla-La Mancha. Bajo el lema «Innovar desde las manos», más de 200 asistentes y profesionales de distintos ámbitos abordaron las oportunidades que se abren para un sector en busca de nuevos mercados, formatos y aplicaciones.

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Cerámica, alfarería, cuchillería, damasquinado, madera, fibras textiles, cuero o vidrio forman parte de una herencia productiva que continúa repartida por buena parte de la región. La marca Legado Artesano, impulsada por el Gobierno autonómico, cuenta ya con 230 profesionales que trabajan desde sus talleres y trata, precisamente, de llevar ese patrimonio a escenarios que hasta hace unos años parecían alejados del concepto convencional de artesanía. En 2026, la estrategia incluye presencia en citas vinculadas al diseño y la moda, como Madrid Design Festival y Casa Decor.

Del taller al edificio

Una de las mejores demostraciones de esa capacidad para cruzar fronteras profesionales llegó al comienzo del congreso. Antoni Cumella, director de Ceràmica Cumella, abordó las posibilidades de la cerámica aplicada a la arquitectura y el diseño contemporáneo. La firma familiar, fundada en 1880, ha convertido un oficio clásico en una herramienta capaz de intervenir en proyectos arquitectónicos complejos, en los que la fabricación artesanal ayuda a producir soluciones difícilmente alcanzables mediante procesos estandarizados.

La gastronomía fue otro de los ámbitos abordados. La mesa dedicada al valor diferencial de la artesanía reunió al chef Iván Cerdeño, al alfarero Francisco Agudo, de DeJuan Vajillas; al diseñador Guillermo Román, de Candelas y Felipa, y al especialista en marquetería Rubén Fabuel. El vínculo resulta especialmente visible en la alta cocina: el plato ya no se entiende únicamente como recipiente, sino como parte de la presentación y del mensaje que quiere lanzar un restaurante. Las vajillas creadas específicamente para un establecimiento facilitan que el trabajo del cocinero continúe fuera de los fogones y ofrecen al artesano un mercado en el que la singularidad constituye una ventaja.

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El ceramista Antoni Cumella, durante su intervención.

La misma lógica puede trasladarse al interiorismo. La jornada concluyó, de hecho, con una conversación dedicada a los espacios que cuentan historias, en la que intervinieron profesionales de Paradores junto a las responsables de Atelier Mel y Tropiqa. La incorporación de piezas realizadas expresamente para un lugar permite alejarse de interiores intercambiables y relacionar un establecimiento con el territorio en el que se encuentra.

Diseñar sin desperdiciar

La evolución de los oficios artesanos también pasa por revisar los materiales y la manera de emplearlos. Lucas Muñoz presentó en Toledo su proyecto Ex-Debris y abordó el diseño industrial desde los principios de la economía circular. La cuestión conecta con una característica histórica de muchos talleres, que es el aprovechamiento de los recursos disponibles, la reparación, la transformación y la prolongación de la vida de los objetos.

La búsqueda de la excelencia fue otro de los ejes del congreso. La mesa redonda «Buscando la excelencia» reunió a Alberto Merlo, jefe de Programas y Operaciones de la Fundación Loewe; Tomás Alía, diseñador e interiorista, y Juan Carlos Albarrán Montealegre, en una conversación sobre el valor de la creación artesanal y las nuevas vías para su reconocimiento y proyección.

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La sostenibilidad ocupó otro de los debates del encuentro, con la participación de Victoria de Pereda, consultora especializada en esta materia; Wooldreamers, referente en la recuperación y puesta en valor de fibras y materias primas locales; y Álvaro Matías, director de Madrid Design Festival. El interés creciente por conocer el origen de los materiales, recuperar materias primas locales y comprar objetos concebidos para durar ofrece una oportunidad evidente para actividades que durante décadas tuvieron dificultades a la hora de competir con la producción industrial.

Las reglas cambian cuando el precio deja de ser el único criterio de compra. Procedencia, durabilidad, posibilidad de reparación, proximidad o conocimiento del autor introducen criterios que favorecen a un objeto artesano frente a uno anónimo. La pieza deja de valorarse únicamente por su función y adquiere también una historia.

Ahí aparece uno de los grandes retos del sector: explicar por qué algo cuesta lo que cuesta. Las horas de trabajo, la formación necesaria para dominar una técnica, la selección de los materiales y la producción en pequeñas cantidades explican un precio que difícilmente puede compararse con el de un producto fabricado en serie.

Oficios que necesitan relevo

Por supuesto, la continuidad de esos saberes depende de que alguien quiera asimilarlos. El relevo generacional se ha convertido en una preocupación clave para numerosos oficios, especialmente aquellos vinculados al medio rural. El día anterior al congreso, Toledo acogió también el Observatorio Nacional de la Artesanía, impulsado por Fundesarte, y una visita a la Escuela de Arte de la ciudad, donde se imparte formación en damasquinado, una de las técnicas históricamente asociadas a la capital de la comunidad.

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Lucas Muñoz, en un momento de su ponencia.

Y es que uno de los objetivos de la Consejería de Economía, Empresas y Empleo de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha es acercar ese saber tradicional a los jóvenes y para ello está llevando a cabo una estrategia diversificada. Por ejemplo, mediante iniciativas como el Máster de Artesanía y Diseño Contemporáneo, desarrollado con la Universidad de Castilla-La Mancha y la Federación Regional de Asociaciones de Artesanos de Castilla-La Mancha. Su segunda promoción elevó a 40 el número de titulados en una enseñanza concebida para relacionar oficio y diseño.

La innovación tecnológica entra inevitablemente en esa conversación. El programa del congreso incorporó cuestiones como la inteligencia artificial y la digitalización no como sustitutas del trabajo manual, sino como herramientas aplicables al diseño, la gestión, la comercialización o la comunicación. Para un pequeño taller, disponer de una tienda digital, mostrar su proceso de trabajo a clientes de otros países o acceder directamente a arquitectos, interioristas y diseñadores supone ampliar un mercado que tradicionalmente ha estado condicionado por la proximidad geográfica.

Durante la apertura de este foro, la consejera de Economía, Empresas y Empleo, Patricia Franco, anunció que las ayudas autonómicas destinadas a digitalización, promoción y mejora productiva de los talleres alcanzarían los 600.000 euros, un 30% más que la dotación inicial anterior. El Gobierno regional trabaja, además, en ampliar hasta 103 el número de oficios y actividades reconocidos como artesanos.

Un mercado que cruza fronteras

La dimensión internacional ocupó otro de los grandes bloques de la jornada. Representantes de Italia y México participaron en una mesa para analizar la artesanía como puente entre culturas. La presencia exterior resulta especialmente importante para un sector en el que la procedencia puede convertirse en un argumento comercial. Frente a la homogeneización de buena parte del consumo mundial, aquello que solo se encuentra en un territorio gana valor.

Dicha singularidad necesita también protección. Inmaculada Redondo, directora del Departamento de Signos Distintivos de la Oficina Española de Patentes y Marcas, abordó en Toledo las posibilidades que ofrecen las Indicaciones Geográficas Protegidas para productos artesanales e industriales, una figura destinada a vincular determinadas producciones con su origen y a defenderlas frente a imitaciones.

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El asunto afecta directamente a regiones con oficios fuertemente asociados a determinados lugares. Talavera de la Reina y Puente del Arzobispo en la cerámica o Albacete en la cuchillería son ejemplos evidentes de hasta qué punto un objeto es capaz de formar parte de la identidad y la imagen de un territorio.

El congreso sirvió también para poner sobre la mesa una cuestión menos visible: el propio reconocimiento de la artesanía como actividad económica. Amaya Barahona, presidenta de Oficio y Arte, dedicó su intervención al Libro Blanco de la Artesanía y a la necesidad de disponer de herramientas que permitan conocer mejor el tamaño, el empleo y la realidad productiva de un sector que, con frecuencia, queda disperso entre distintas clasificaciones estadísticas.

Este cambio de mirada resume buena parte de lo ocurrido en Toledo. La artesanía sigue siendo patrimonio y memoria, pero su interés no termina ahí. Puede generar actividad económica, fijar conocimiento, colaborar con industrias creativas y turísticas y competir en mercados internacionales precisamente porque produce aquello que la fabricación masiva no consigue: objetos vinculados a un lugar, a un material, a una técnica y a una persona.

«Innovar desde las manos» resultó, en ese sentido, algo más que un lema. El futuro de la artesanía no parece exigir que deje de ser artesanal. Más bien al contrario, consiste en encontrar nuevos lugares donde ese saber hace que siga teniendo sentido.