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ARCO 2026: Castilla-La Mancha redefine el arte contemporáneo con el proyecto Tránsitos
El proyecto Tránsitos. De la Tierra al Arte apuesta por unir a artistas y artesanos en un mismo proceso creativo, con el foco puesto en los materiales, los oficios y las formas tradicionales. Una propuesta que ha conectado con algunas de las tendencias más claras del arte contemporáneo actual en la 45ª edición de la feria ARCOmadrid.
ARCOmadrid ha vuelto a demostrar que es el termómetro clave de la escena artística contemporánea. Y en su edición de este año ha puesto el foco en un concepto aparentemente sencillo, pero con un intenso valor simbólico: la vuelta a la tierra como motor para repensar la creatividad. Lo ha hecho a través del proyecto Tránsitos: de la Tierra al Arte, impulsado por el Gobierno de Castilla-La Mancha y que ha sabido situar la artesanía en el centro de la conversación.
El lujo silencioso de la materia
Dentro del espacio A Very Welcoming Lounge, Tránsitos se ha consolidado como uno de los enclaves más comentados: ha sido un refugio sensorial en medio del vértigo ferial, un rincón capaz de desplazar la idea del lujo desde lo espectacular hacia lo esencial, casi como un manifiesto a favor de los materiales sencillos. Frente a la inmediatez digital y la hiperproducción, ha reivindicado el reposo, la transmisión de saberes tradicional y el diálogo.

La propuesta ha girado en torno a un concepto clave (ya lo dice su título): el tránsito. Pero no como desplazamiento físico, sino como proceso de transformación. Entre disciplinas, entre generaciones, entre lo conceptual y lo material. Un tránsito que ha tomado forma en tres colaboraciones entre artistas y artesanos, concebidas desde la coautoría.
Tres encuentros, tres relatos
El proyecto ha reunido a tres artistas de trayectoria emergente o en proceso de consolidación con otros tantos maestros de la red Legado Artesano de Castilla-La Mancha. Más allá del formato, lo relevante ha sido el método: los artistas han viajado a los talleres, han compartido procesos, han aprendido ritmos y han dejado que la materia guiara parte del discurso. El resultado ha sido un conjunto de piezas que no se entienden desde la firma individual, sino desde la negociación entre lenguajes.
La colaboración entre Maya Pita-Romero y el tejedor Sergio Rosa ha explorado la relación cuerpo-ecosistema. Su trabajo, a mitad de camino entre la instalación y la escultura, ha dialogado con la tradición textil desde una mirada contemporánea que investiga la transformación. Rosa, heredera de una saga de cinco generaciones, ha aportado técnica y la memoria de un oficio que ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder su identidad.

En paralelo, Irene Infantes y Ramón Cobo Zarco han construido su trabajo en torno a la lana como material político. En un momento en el que la sostenibilidad ha dejado de ser un eslogan para convertirse en una exigencia, su pieza ha reivindicado las fibras naturales frente a la hegemonía de lo sintético. Cobo, impulsor del proyecto Wooldreamers, ha aportado una defensa activa del territorio, del rebaño y de la calidad frente a la producción masiva.
La tercera colaboración, de Carles Tarrassó y Juan Manuel Marcilla Marín, ha ampliado los límites de lo gastronómico para llevarlo hasta el territorio de la escultura. Tarrassó, con una trayectoria híbrida que bebe del arte y de la cocina, ha encontrado en las fibras naturales —el mimbre, el junco, la palma— un lenguaje para pensar la relación entre alimento, cultura y objeto. Marcilla, con su dominio de estas materias, ha aportado una precisión casi arquitectónica.
Un espacio como narrativa
Si algo ha distinguido a Tránsitos dentro de ARCO ha sido su capacidad para construir un relato espacial coherente. El diseño de A Very Welcoming Lounge, a cargo de Joaquín Ruiz Espinosa y Fernando Sánchez, no se ha limitado a contener las obras, sino que las ha amplificado, al funcionar como una instalación en sí misma. La artesanía de Castilla-La Mancha ha estado presente no solo en las piezas, sino en el mobiliario, en la iluminación, en la paleta cromática. Todo ha contribuido a generar una atmósfera inmersiva donde el visitante ha podido experimentar la continuidad entre objeto y contexto.

En un momento en el que las ferias de arte compiten por captar la atención en segundos, este espacio ha apostado por lo contrario: por invitar a detenerse. Una estrategia que ha conectado con una tendencia cada vez más visible en el circuito internacional, en el que la experiencia del visitante se valora tanto como la obra.
La artesanía como estrategia cultural
Más allá de su dimensión estética, Tránsitos ha tenido una clara vocación estratégica. Castilla-La Mancha ha sabido entender ARCO como plataforma para proyectar su identidad cultural en un contexto global. Lo ha conseguido visibilizando el talento local, fomentando la colaboración interdisciplinar, recuperando técnicas tradicionales y retomando la idea del tiempo como un valor.
ARCO 2026 ha marcado, en este sentido, un punto de inflexión. No tanto por la espectacularidad de sus propuestas en general, sino por la profundidad de algunas de ellas. Como Tránsitos, que ha planteado una pregunta decisiva: ¿y si el futuro del arte no estuviera en lo que viene, sino en cómo reinterpretamos lo que ya sabemos hacer?