El Gaudí desconocido: más allá de la Sagrada Familia
Cerámica floral en El Capicho, en Comillas.

El Gaudí desconocido: más allá de la Sagrada Familia

De torres discretas en Barcelona a edificios con su firma repartidos por León y Cantabria, emprendemos un viaje que recorre el legado menos explorado del arquitecto modernista en el centenario de su muerte.

Aleks Gallardo | Mayo 22, 2026

Cuando se viaja a Barcelona hay dos maneras de encontrarse con Antoni Gaudí. La primera es la que elige la mayoría: una larga fila frente a la Sagrada Familia, los balcones ondulantes de Casa Batlló o el dragón del Park Güell. La segunda resulta menos evidente; requiere alejarse del paseo de Gràcia, subir a barrios poco turísticos e incluso abandonar la ciudad. Es allí donde aparece un Gaudí distinto: experimental, pragmático, a veces incluso austero.

El Año Gaudí, que conmemora en 2026 el centenario de la muerte del arquitecto catalán, está sirviendo precisamente para redescubrir esa otra cara del genio modernista. Durante todo el curso se celebran exposiciones, eventos, conferencias y rutas que buscan explicar su obra de manera global, conectando instalaciones conocidas con otras menos populares.

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San Jorge y el dragón, en Casa Botines (León).

La ocasión no podía ser más oportuna. El legado de Gaudí se ha convertido en uno de los motores culturales y turísticos de Barcelona, pero también en un relato simplificado: el del maestro de las curvas imposibles, la cerámica brillante y las fantasías orgánicas. Sin embargo, basta con rascar un poco para descubrir a un creador de enorme complejidad, con proyectos industriales, refugios de montaña, escuelas para hijos de obreros y edificios que no siempre recuerdan a su estilo más célebre. El arquitecto y divulgador José Manuel Almuzara, especializado en la obra del modernista y autor del reciente libro Gaudí, el arquitecto del alma, insiste precisamente en esa idea. “Pensando en el Gaudí más desconocido, resaltaría la capacidad de asombro, la importancia de descubrir en su vida y en su obra los porqués y los para qué. De esta manera interpretamos y comprendemos más y mejor su existencia y sus trabajos”, explica. Para Almuzara, Gaudí era plenamente consciente de su talento y lo ponía al servicio de quienes confiaban en él: “Trataba siempre de mejorar y depurar sus obras en busca de la máxima perfección social y cultural”.

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Palacio Episcopal de Astorga.

Una de las obras más reveladoras del autor es Torre Bellesguard, construida entre 1900 y 1909 en la parte alta de Sant Gervasi. Situada sobre los restos del antiguo Palacio del Rey Martín el Humano, la casa mezcla referencias medievales con gestos modernos. No esperes mosaicos deslumbrantes ni fachadas ondulantes. Lo que aparece es un Gaudí interesado en reinterpretar el pasado gótico catalán con muros de piedra oscura, torres puntiagudas y una silueta vertical que recuerda las fortalezas medievales. Pero, bajo esa apariencia histórica, se esconden muchas de las ideas que Gaudí estaba desarrollando en paralelo en proyectos más ambiciosos.

Otro ejemplo poco conocido es Casa Calvet, en el Eixample; se concibió como edificio de oficinas y viviendas para una familia de industriales textiles y quizá sea la obra más convencional del arquitecto. Justo por eso resulta tan interesante, porque demuestra que el catalán sabía adaptarse a las reglas del entorno urbano cuando era necesario. El espacio se integra en la trama de la calle sin romper su alineación, algo que no ocurriría después con proyectos como La Pedrera. Pero incluso dentro de esa aparente normalidad aparecen señales de su estilo: la carpintería diseñada a medida, los detalles escultóricos y una atención obsesiva a la relación entre la estructura y la decoración.

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Casa Botines, en León, con su imponente estética de fortaleza.

Ingenio y sostenibilidad

De cara a las Escuelas de la Sagrada Familia, levantadas en 1909 para los hijos de los obreros que trabajaban en el templo, el artista planteó un diseño que resolvía al mismo tiempo problemas de ventilación, iluminación y estabilidad estructural. La cubierta, formada por superficies curvas continuas, permitía crear grandes espacios interiores con una cantidad mínima de material. Como recuerda el especialista Carlos Salas Mirat, “con un siglo de antelación al surgimiento de la construcción sostenible de hoy, Gaudí ya valora, y pone en práctica, la mayoría de sus principios fundamentales”.

Un caso aún más fascinante es la cripta de la Colonia Güell, situada en Santa Coloma de Cervelló, a unos 20 kilómetros de la Ciudad Condal. El arquitecto experimentó con un método de cálculo estructural que hoy se considera revolucionario. Utilizaba maquetas invertidas hechas con cuerdas y pequeños sacos de arena para estudiar cómo se distribuían las fuerzas en los arcos y columnas. Después, las fotografiaba, volteaba las imágenes y obtenía la forma óptima del edificio. La iglesia nunca llegó a completarse, pero ese espacio inacabado se convirtió en un laboratorio clave del modernismo.

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El Capricho, en la localidad cántabra de Comillas.

El rastro fuera de Barcelona

Aunque Barcelona está unida de forma inevitable a su figura, Gaudí también dejó obras significativas en otras partes de España. De hecho, algunos de los trabajos que mejor permiten entender su evolución están fuera de Cataluña. Uno de los más conocidos es El Capricho, en Comillas (Cantabria). Se terminó de levantar en 1885, como residencia de verano para el indiano Máximo Díaz de Quijano. Su torre cilíndrica recuerda a un minarete y la fachada está recubierta de cerámicas con motivos vegetales. Es una propuesta exuberante y teatral que refleja la fascinación del modernismo por las culturas exóticas.

Muy distinto es el caso de Casa Botines, en León, concebida como sede y conjunto de viviendas para comerciantes textiles catalanes establecidos en la ciudad. Aquí Gaudí adoptó un lenguaje neogótico más austero e incluso monumental. Su aspecto recuerda más a una fortaleza medieval que a una casa burguesa, pero ahí está la magia del genio. Hoy funciona como museo. A pocos kilómetros, en Astorga, se encuentra otra de sus obras más sorprendentes, el Palacio Episcopal, un lugar que parece sacado de un cuento. Se diseñó en 1889; el resultado es una estructura de piedra gris con torres cilíndricas, arcos apuntados y un interior que combina lo gótico y lo moderno.

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Casa Vicens, en Barcelona.

Estas tres obras han dado lugar incluso a una ruta cultural, conocida como el Camino de Gaudí, que conecta los edificios del arquitecto en el norte de España. Lo interesante de recorrerla es comprobar cómo cada una pertenece a una etapa distinta de su trayectoria. En ellas se ve a un creador todavía en búsqueda, probando conceptos distintos antes de alcanzar la radicalidad estructural de sus proyectos barceloneses más famosos. “En cada obra de Gaudí descubrimos algo distinto: las formas, los materiales, la luz, la historia…”, señala Almuzara. “En general, no me dejaría llevar por lo evidente. Recomendaría que, ante un trabajo de Gaudí, aprendiéramos a mirar para aprender a vivir”, finaliza.

Un misterioso chalé en el bosque

El ejemplo más reciente de ese maestro oculto apareció casi por sorpresa. En febrero de 2026 se confirmó de manera oficial que el sorprendente Xalet del Catllaràs, en el Berguedà, es obra de Antoni Gaudí. La construcción se encuentra en medio de un paisaje de bosques y montañas, cerca del pueblo de La Pobla de Lillet, a unos 130 kilómetros de Barcelona. Se erigió a principios del siglo xx como alojamiento para ingenieros que trabajaban en las minas de carbón propiedad del industrial Eusebi Güell, uno de los grandes mecenas del arquitecto.

La casa no tiene la exuberancia ornamental que muchos asocian con su autor. A primera vista parece un refugio alpino con tejados inclinados, piedra local y una estructura pensada para el clima de montaña. Pero en sus detalles aparecen rasgos inconfundibles: arcos parabólicos, paredes inclinadas 45 grados o soluciones estructurales inspiradas en la naturaleza. Durante décadas se sospechó que el chalé podía llevar su firma, pero no existían pruebas concluyentes. Sin embargo, un estudio reciente –basado en el análisis arquitectónico, el modelado digital, y la documentación histórica– ha certificado su autoría.

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Casa Calvet.

Descifrando al artista total

Precisamente, el Año Gaudí ha impulsado investigaciones como la del Xalet del Catllaràs. El objetivo no es solo celebrar al arquitecto, sino explicar su proceso creativo en toda su complejidad y conectar sus edificios como partes de un mismo sistema de pensamiento. Observado desde esa perspectiva, Antoni Gaudí deja de ser únicamente el creador de algunas de las fachadas más fotografiadas del mundo. Aparece un hombre que era un torrente de ideas innovadoras y un amante de la ética y la estética: ingeniero autodidacta, investigador, diseñador de objetos, urbanista y experimentador incansable. Y, como recuerda José Manuel Almuzara al reflexionar sobre su legado, una de sus ideas sigue contando con plena vigencia para la arquitectura contemporánea: “Cuando el edificio tiene simplemente lo que necesita con los medios disponibles, posee carácter. O dignidad, que es lo mismo”.