Génova, la ciudad que aprende a proteger su belleza con gemelos digitales
Piazza de Ferrario. FOTO : BELINDA FEWINGS / UNSPLASH

Génova, la ciudad que aprende a proteger su belleza con gemelos digitales

De la mano de la empresa española Libelium, la monumental capital de Liguria desarrolla un proyecto tecnológico pionero en Europa para saber cómo, cuándo y dónde intervenir de cara a proteger su valioso patrimonio.

Gonzalo Varela | Enero 20, 2026

Génova es un museo al aire libre, un entramado de callejones estrechos que desembocan en el mar de Liguria y grandes palacios del Renacimiento que parecen trepar por las colinas. Las paredes y las aceras acumulan capas de historia y hablan de un pasado marcado por las rivalidades políticas y los tiempos de esplendor arquitectónico. No hay que olvidar que la ciudad llegó a ser un importante laboratorio urbanístico, con el conjunto del Strade Nuove y los Palazzi dei Rolli, del siglo XVI, a la cabeza.

Esa belleza monumental, que ha sobrevivido a guerras, epidemias y crisis económicas, afronta ahora una nueva (y silenciosa) amenaza: la de la contaminación, el turismo masivo y los efectos del cambio climático. Sí, los grandes enemigos de la piedra son partículas microscópicas, gases invisibles y ciclos de temperaturas cada vez más extremos.

Por eso, la pregunta que se plantean en Génova es tan simple como urgente: ¿cómo se preserva el pasado sin detener el presente?

El deterioro que no se ve en las fotos

El visitante se detiene ante las fachadas de mármol y piedra caliza de la Strada Nuova y admira las logias, las escalinatas, las decoraciones barrocas. Lo que a simple vista parece el barniz del paso del tiempo es, muchas veces, la huella de un deterioro activo que se manifiesta en corrosión química, microfracturas y pérdida de material escultórico. La lluvia ácida disuelve lentamente detalles que talladores anónimos tardaron meses en cincelar, y el carbono negro del tráfico convierte los blancos renacentistas en tonos grisáceos y opacos.

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Piazza Principe. FOTO: ALEKSANDER POPOV.

La humedad hace el resto: favorece la colonización de hongos y líquenes, que avanzan sobre los muros con la misma determinación con la que la hiedra ocupa una fachada abandonada. El resultado es una transformación silenciosa que solo se vuelve evidente cuando ya es demasiado tarde.

Frente a este pulso entre belleza y deterioro, Génova ha decidido no aparecer en las postales como un lugar en declive. Por eso, en vez de limitarse a documentar el daño, ha empezado a medirlo, interpretarlo y predecirlo. Y es en este punto donde el relato urbano se cruza con la innovación tecnológica: la ciudad ha empezado a utiliza gemelos digitales para anticiparse a la degradación de sus monumentos.

El siglo XXI entra en escena: mirar el patrimonio con sensores

Los gemelos digitales son réplicas virtuales que integran información física, ambiental y meteorológica para reproducir el comportamiento real de edificios y materiales. Lo que en el sector industrial lleva años utilizándose para optimizar fábricas, infraestructuras o procesos, en Génova está sirviendo para algo menos habitual: cuidar la piedra del siglo XVI.

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El Porto Antico, uno de los rincones más emblemáticos de la ciudad. FOTO: EERING DOERING / UNSPLASH

El proyecto ha tomado forma a través de Enheritage, una iniciativa en la que participan actores tecnológicos como Libelium –responsable del despliegue de sensores IoT que monitorizan contaminación y condiciones ambientales– y Dartys Engineering, que integra los datos en modelos de análisis y simulación.

Lo interesante no es solo la tecnología en sí, sino el cambio de paradigma: la conservación patrimonial deja de reaccionar al daño y empieza a anticiparse a él.

La ciudad se convierte en un laboratorio a cielo abierto

A diferencia de otras intervenciones arquitectónicas, este trabajo no implica andamios, restauradores ni lonas. La operación ocurre en silencio. En lugares como el Palazzo Reale o el Palazzo Tursi, sensores casi invisibles captan información ambiental como esta:

Niveles de gases contaminantes.
Partículas en suspensión.
La concentración de carbono negro.
La humedad y la temperatura.
Pluviometría y su impacto erosivo mediante sistemas como el Smart Rainfall System.

En paralelo, imágenes vía satélite y modelos meteorológicos alimentan algoritmos que permiten interpretar patrones a gran escala. Lo que antes requería décadas de observación ahora puede simularse en cuestión de segundos. El resultado es que Génova, por primera vez, puede ver cómo respiran sus edificios, saber cuándo una fachada está sometida a estrés térmico, qué calle concentra niveles peligrosos de partículas, qué días el turismo coincide con picos de contaminación y qué escenarios son capaces de acelerar el deterioro del patrimonio.

Los gemelos digitales permiten regular el consumo patrimonial. No se trata de poner límites, sino de afinar la experiencia. Si determinadas zonas presentan una combinación especialmente agresiva de contaminación y afluencia, los responsables municipales pueden redirigir flujos temporales o espaciales, distribuir visitas o ajustar campañas de restauración sin improvisar. La ciudad deja de ser un escenario fijo para convertirse en un ecosistema monitorizado, donde la belleza monumental y la actividad humana no son enemigos, sino variables que pueden coexistir.

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Panorámica de Génova. FOTO: FOLCO MASI / UNSPLASH.

Patrimonio, salud y economía: la ecuación completa

Uno de los elementos más reveladores del proyecto, pionero en Europa, es que conecta la preservación del patrimonio con aspectos menos obvios: la salud pública y los costes económicos.

A menor contaminación, menor deterioro. Pero también menos enfermedades respiratorias, menos alergias, menos mohos y hongos en zonas habitadas. Y la reducción de patologías ambientales se traduce en menores costes sanitarios. Además, evitar daños estructurales severos supone un ahorro considerable. Restaurar es caro; prevenir es inteligente. Para una ciudad que gestiona monumentos siglos más antiguos que la mayoría de sus leyes urbanísticas, la planificación preventiva es un cambio radical.

Un caso que puede replicarse más allá del puerto de Génova

Aunque el experimento nace en Génova, sus conclusiones interesan a urbes históricas de todo el mundo. El patrimonio urbano europeo –de Venecia a Praga, de Toledo a Cracovia– vive tensiones similares: turismo, contaminación y clima. Lo que hoy ocurre en Génova podría convertirse en un modelo exportable, como, de hecho, sucede en Granada, donde esta solución, ya con ownership de Libelium, resolverá uno de los casos de uso del gemelo digital de la Alhambra, actualmente en desarrollo.

El proyecto Enheritage ya ha recibido el reconocimiento internacional: fue finalista en los World Smart City Awards 2023, lo que sugiere que el futuro de la conservación del patrimonio no se escribirá solo en los despachos de la Unesco, sino también en laboratorios, sensores y satélites.