Enrique Valero: «El huésped de Abadía Retuerta es nuestro mejor embajador»

Jun 22, 2021 | Personajes

Enrique Valero, el director general de Abadía Retuerta LeDomaine, se siente un privilegiado: trabaja en algo que le apasiona y, además, en un lugar que claramente le inspira: en Sardón de Duero (Valladolid), junto al río al que cantó Antonio Machado y rodeado de historia, naturaleza, vinos, arte, cultura y gastronomía. Y el influjo de esas ‘musas’ le han valido para convertirlo en el mejor «destino» de España.

«La colaboración entre todos  es necesaria. Dentro de nuestras posibilidades, cada uno tenemos que aportar el máximo para crear un turismo de excelencia. Porque lo tenemos todo en España: tenemos conexiones, gastronomía, cultura, simpatía, estilo de vida, paisaje, historia… ¡y talento para llevarlo adelante!». Entonces, ¿por qué nos empeñamos en el volumen? ¿En lo barato? ¿En lo que no tiene valor añadido? Me niego a eso». Enrique Valero (Sevilla, 1964) es un apasionado de su trabajo. Y tiene un punto visionario. Poniendo el foco en la excelencia, está convirtiendo Abadía Retuerta LeDomaine no solo en el mejor hotel de España («destino», como a él le gusta denominarlo), sino en un referente en todo el mundo. Él nos cuenta cómo lo ha conseguido, cuál es su filosofía y cuáles van a ser sus siguientes pasos.

La frase es suya: «Somos más que un hotel para hospedarse, y una bodega; somos también gastronomía, bienestar, sostenibilidad, arte y cultura». ¿Qué más distingue a Abadía Retuerta?

Lo que nos distingue, sobre todo, es el alma de este lugar, donde se puede sentir más que vivir. Ese alma se compone de todo eso que has dicho, pero además, de historia, de territorio y de lo que aquí ha pasado durante nueve siglos. Y eso se consigue gracias a la mezcla perfectamente ensamblada de tres factores: patrimonio natural (las 700 hectáreas de una finca junto al Duero), patrimonio histórico (la abadía del siglo XII sobre la que hemos trabajado) y el patrimonio humano, que es el que hace que el huésped no se sienta en un hotel o tomando simplemente un vino, sino que entienda que está viviendo una cultura, una historia y un saber hacer, y en el que está básicamente a gusto. El objetivo de nuestro destino es que cuando alguien salga de aquí se haya convertido en embajador de Abadía Retuerta. De hecho, el huésped de Abadía Retuerta es nuestro mejor embajador.

Viñedos, bodega, hotel de cinco estrellas, restaurante con una estrella Michelin, spa y ahora destino cultura gracias a una escultura de Eduardo Chillida… ¿Dónde está el límite de Abadía Retuerta?

El límite no existe. Yo siempre digo que en Abadía Retuerta la palabra ‘proyecto’ nunca se caerá. Lo más importante es entender el lugar y entender al huésped. En Abadía Retuerta nos basamos en cuatro o cinco pilares racionales y básicos (vino, gastronomía, wellness, cultura, la parte experiencial…) y hay otros pilares que van añadiendo capas de valor a la propuesta. Para nosotros hay dos fundamentales: sostenibilidad, que te obliga a trabajar de una forma determinada hoy para estar en mejores condiciones de cara al futuro, y arte, entendido no solo como piezas, sino como ‘las artes’. No solo tenemos esa pieza de Chillida; también tenemos láminas de Miró, tapices y un fresco del siglo XVII, dos Paninis, esculturas de otros artistas… Al final la palabra que une todo eso es ‘compartir’. Porque no somos un museo, sino que compartimos nuestra colección de arte de una forma generosa por pasillos, habitaciones, los distintos rincones de la abadía… Y ahora lo quiero ampliar al ‘land art’, e integrar el viñedo, la bodega y la finca con el monasterio.


Acceso a Abadía Retuerta LeDomaine, en Sardón de Duero (Valladolid)


No es la única línea cultural de Abadía Retuerta. También existe un programa de mecenazgo…

Una de esas líneas de mecenazgo es la ‘residencia’ de artistas, que consiste en apoyar a artistas jóvenes para que vayan pasando por la abadía durante dos, tres o cuatro semanas. Es nuestra apuesta  por el arte contemporáneo español y por los jóvenes talentos.

Abadía Retuerta ha recibido un rosario de reconocimientos que avalan su concepto en torno al lujo experiencial. ¿Una de las claves de su éxito está en crear experiencias únicas que dejen un recuerdo imborrable en el huésped para que vuelva?

Sin duda. Es la clave. No creo que algo material, por muy reconocido o exclusivo que sea, cause un impacto en alguien si no hay una experiencia personal detrás. De hecho, siempre hablamos en Abadía Retuerta de convertir las experiencias en vivencias. Una vivencia es una experiencia que ya tiene un toque personal para cada huésped. Y eso va a depender, incluso, del momento concreto de cada persona, porque no es lo mismo que tú viajes con tu familia o con tu pareja a que lo hagas por trabajo. El objetivo es construir entre todos, incluidos los propios huéspedes, un referente a nivel mundial en el que tú repitas mínimo una vez al año porque quieres disfrutar de tu ‘momento Abadía Retuerta’.


El hotel de este «destino en sí mismo», como lo define Enrique Valero, cuenta únicamente con 30 habitaciones. 


¿Eso explica que el 16% de sus clientes repitan, algo que no sucede en casi ningún otro establecimiento de España?

Hay huéspedes, que ya son amigos, que me llaman para decirme que vienen el fin de semana y lo que me están diciendo es: «Voy a mi  fin de semana Abadía Retuerta». Y hay muchas empresas que hacen aquí eventos con sus equipos directivos y que repiten un año y otro. Eso es porque a la estancia le añadimos un componente experiencial, de vivencia.

Dese 2017, una de las herramientas con las que trabajan para alcanzar semejante nivel de excelencia es el departamento de experiencias únicas que no solo está dirigido a visitantes y huéspedes, sino también a los trabajadores. ¿Un empleado satisfecho es el mejor embajador de la marca?

Yo no los considero empleados; son colaboradores, son compañeros. Y creo que si no han experimentado todo lo que ofrece Abadía Retuerta no pueden ser unos buenos embajadores de la marca. Por eso dedicamos un 0,5% de la facturación anual a formación y a que todo el personal conozca de primera mano la experiencia que ofrecemos, porque a un buen embajador tienes también que entrenarlo. Antes de la pandemia, cada dos meses hacía un desayuno de empleados mezclando gente de distintos departamentos para que tuvieran el mismo desayuno que tiene un huésped y supieran cómo es; en segundo lugar, para contarles el proyecto, y en último extremo, para que preguntaran lo que quisieran… Y había un cuarto motivo: que criticasen con educación cualquier cosa que no funcionase. Cuando alguien empieza a trabajar en Abadía Retuerta, las dos primeras semanas se dedica a empaparse de la experiencia: la visita a la bodega, el menú de El Refectorio… Hoy, por ejemplo, hemos tenido una formación en Madrid para mostrar al equipo el nuevo menú de El Refectorio, que se llama Territorio Capturado, y se les ha explicado los productos que utilizamos, la filosofía que hay detrás de él, su concepto, por qué Marc [Segarra] utiliza determinado productos de nuestro huerto…


Piscina en el spa del establecimiento.


Su ratio de empleados por habitación es de tres por cada una de sus 30 estancias, cuando en la mayoría de hoteles españoles está por debajo de uno por habitación. ¿Es rentable? ¿O, mejor dicho, en qué términos es rentable ese volumen de personal de servicio?

Es rentable en términos económicos, sí. Pero, aparte de eso, el ratio que nosotros medimos no es la correlación precio/calidad sino precio/satisfacción. En los tiempos que vivimos, los mayores lujos que podemos disfrutar son el tiempo y el espacio. No hay ningún destino que nos gane en esos aspectos: a menos de dos horas de Madrid, accesible en tu propio vehículo, 8.000 metros cuadrados para 30 habitaciones, 700 hectáreas de finca… Eso da sensación de desahogo, y eso es un lujo. Al final, el espacio, la seguridad, el aire libre y la cercanía a Madrid son los puntos fuertes de un proyecto que es un destino en sí mismo.

En colaboración con otras dos bodegas míticas de la Milla de Oro de la Ribera del Duero, Arzuaga y Pago de Carraovejas, Abadía Retuerta ha lanzado el proyecto N-122 para ofrecer, conjuntamente una oferta cultural, gastronómica y experiencial única. ¿Las alianzas entre ‘players’ turísticos privados (y, por descontado, la alianza público-privada) es la clave para avanzar en alcanzar el nivel de excelencia que queremos para nuestro turismo?

En las escuelas de negocios se habla mucho ahora de la ‘coopetencia’ (cooperación + competencia), pero yo prefiero llamarlo ‘competencia amiga’: no dejamos de ser competencia, pero entre todos tenemos que crear un destino atractivo. Y eso solo se consigue con alianzas. Una alianza como la que estamos haciendo con Arzuaga y Pago de Carraovejas, y que puede crecer con otras, es importante para reforzar esta zona como destino, tanto para el público nacional como el internacional. En paralelo, estamos promoviendo un proyecto que se llama Circuito Norte, que va más con el arte, y que va a unir Abadía Retuerta con Valladolid, que tiene dos museos nacionales, el Centro Botín en Santander y Chillida Leku en San Sebastián. Tú solo no puedes tener todo, por eso creo tanto en las alianzas.


El chef Marc Segarra, del restaurante El Refectorio, con una estrella Michelin.


Siempre dice que la visión a largo plazo es la única forma de alcanzar el posicionamiento deseado. ¿En qué está pensando Enrique Valero para hacer crecer Abadía Retuerta en los próximos diez años?

En los negocios, aparte de pensar en el largo plazo tienes que tener una visión clara de lo que tienes que hacer. Y la nuestra es convertir Abadía Retuerta LeDomaine un referente a nivel mundial que ponga en valor ejes como la sostenibilidad, el paisaje, la naturaleza, la cultura y el impacto positivo en la comunidad local (económico y social), y que sea un ejemplo de desarrollo hotelero responsable. Y eso no tiene que ver ni con el vino ni con la gastronomía ni con la hospitalidad. ¿Qué hacemos para eso? Primero, definir nuestra misión. Y esa misión, en nuestro caso, es ser guardianes de un legado que vamos a traspasar en mejores condiciones de las que lo cogimos. Y conecto con lo que decía al principio. Hay dos palabras que van a mandar sobre el resto: sostenibilidad y arte. Abadía Retuerta es un producto bastante completo, pero tenemos que ir añadiéndole capas de valor, y las dos próximas son esas. Nosotros no podemos crecer orgánicamente, porque nuestro accionista no quiere ni ser más grande ni comprar más bodegas; así que solo podemos crecer en valor añadido, en calidad, imágen y reconocimiento. Y ahí es donde aplicamos nuestra filosofía de superación continua, investigación e innovación. Esa es la única forma de crecer.


Comedor del restaurante El Refectorio, el lugar homónimo de la abadía que da nombre al complejo.