El parador más tranquilo de Castilla-La Mancha está en un antiguo convento: es perfecto para escapar de Madrid
En la provincia de Ciudad Real encontramos uno de los mejores lugares para huir del caos y descansar: el Parador de Almagro.
En parte por su belleza arquitectónica y natural, en parte por su proximidad Madrid, Castilla-La Mancha se ha convertido en un destino turístico de primer nivel para aquellos que quieren empaparse de la cultura de nuestro país sin renunciar al descanso en el proceso. Llena de pueblos preciosos y ciudades encantadoras, se trata de una región perfecta para escapar durante unos días del bullicio de las grandes ciudades, y tenemos el mejor lugar para hacerlo: el Parador de Almagro.
No es la única joya de este municipio de Ciudad Real que se encuentra a tan solo dos horas de Madrid. Al fin y al cabo, estamos hablando del pueblo con el único Corral de Comedias del siglo XVII. Sin embargo, nada prepara al viajero para lo que se encuentra al cruzar el umbral de este curioso alojamiento de la red de Paradores de España, que guarda tantos secretos entre sus piedras como años han visto pasar sus muros.
Por qué visitar Almagro
Con menos de 10.000 habitantes y una historia que se remonta a la Edad del Bronce, Almagro es uno de esos lugares con mucho que ver y mucho que contar, donde la historia, más que leerse, se observa. En sus calles empedradas, en las fachadas de sus casas solariegas y en los palacios que marcan su trazado medieval. En cada plaza y cada rincón se puede ver ese aire noble tan propio del pasado que ni siquiera el paso del tiempo puede sepultar.
Su antigua grandeza queda evidenciada por la belleza de su Plaza Mayor, que es sin duda alguna una de las más espectaculares de Castilla-La Mancha. Alargada y vigilada por una series de galerías de cristal y madera pintada de verde, guarda en su interior el Ayuntamiento y un Corral de Comedias que se mantiene en pie desde 1628.

No obstante, este no es el único tesoro que oculta la localidad, que forma parte de la red de Los Pueblos Más Bonitos de España. De aquel remoto esplendor que lo recubrió con su manto brillante en los siglos XVI y XVII, Almagro conserva el Convento-Universidad de Nuestra Señora del Rosario, la Casa del Mayorazgo de los Molina y la Casa de los Rosales, y numerosos palacios, como el de los Marqueses de Torremejía, el de los Medrano o el de los Oviedo.
Un vistazo a la historia del Parador de Almagro
También durante aquellos años de poder y riqueza, en los que la población llegó a ser capital de la provincia de La Mancha, se levantó el precioso Convento de Santa Catalina de Siena, convertido hoy en Parador de Almagro. Fueron los monjes franciscanos quienes lo construyeron, y también quienes lo ocuparon hasta su marcha en 1942.

Pese a que la congregación contaba con los permisos necesarios desde 1596, las obras no finalizaron hasta el año 1612. El edificio, de estilo renacentista, era modesto y se encontraba rodeado por un huerto de gran tamaño, que fue perdiendo terreno cuando se añadieron nuevas estancias al convento y nuevas capillas, esta vez de estilo barroco, a la iglesia.
Así es el parador más elegante de Castilla-La Mancha
Pese a su abandono a mediados del siglo XX, hasta el año 1979 no se inauguró el Parador Nacional de Turismo que hoy ocupa su interior y que hoy día cuenta con más de un centenar de habitaciones, una piscina exterior, un precioso jardín y un restaurante que le da un aire moderno a la cocina tradicional manchega.

Ubicado en un antiguo convento, el Parador de Almagro sorprende porque mantiene prácticamente intacta la esencia del edificio, que fue construido nada más y nada menos que en el siglo XVII. Al cruzar la puerta de doble hoja, es difícil distinguir si el tiempo sigue su curso o si ha trastabillado hasta volver atrás, inmersos como estamos en una construcción con tanto calado histórico.
Más allá de los cuartos, equipados con todas las comodidades necesarias para disfrutar de unos días de descanso, merece la pena recorrer los interiores y perderse por sus numerosos patios, repletos de árboles, y por los pasillos decorados con azulejos de motivos geométricos.