Este hotel del Camino de Santiago tiene 500 años: fue mandado construir por los Reyes Católicos
La imponente catedral de Santiago de Compostela. Foto : David Magalhaes (Unsplash)

Este hotel del Camino de Santiago tiene 500 años: fue mandado construir por los Reyes Católicos

Dormir en el antiguo Hospital Real de Santiago no es “hacer noche en un hotel bonito”: es ocupar la misma casa que ha cuidado peregrinos durante cinco siglos, pero por todo lo alto.

Aleks Gallardo | Enero 7, 2026

Llegar al Parador de Santiago es como colarse por la puerta de servicio de la Historia. Fuera, en la plaza del Obradoiro, los caminantes se tumban con la mochila como almohada para celebrar que han llegado al final; dentro, alguien pide un albariño en copa fina bajo una bóveda renacentista. Pocas veces la palabra "check-in" ha tenido tanta carga simbólica. No hay alojamiento más premium a lo largo del Camino.

Aquí no solo te entregan una tarjeta de habitación: te dan las llaves de un edificio que empezó a construirse en 1501 por orden de los Reyes Católicos para atender a los peregrinos enfermos que llegaban exhaustos a la tumba del Apóstol. El Hospital Real funcionó así durante más de cuatro siglos, hasta que en 1954 se reinventó como hotel y, ya en 1986, se integró en la red de Paradores. Hoy suma 137 habitaciones y está considerado uno de los hoteles más antiguos de España y uno de los más veteranos del mundo.

El Parador de Santiago, un hospital convertido en hotel 

El parador ocupa todo el lado norte de la plaza del Obradoiro, frente a la fachada barroca de la catedral y compartiendo escenario con el Pazo de Raxoi y el Colegio de San Xerome. No es una localización cualquiera: aquí termina oficialmente el Camino de Santiago, el ritual de llegar a la plaza, abrazar la catedral y, después, buscar cama se ha repetido desde hace siglos.

El edificio original, diseñado por el arquitecto real Enrique Egas, nació como un hospital cruciforme con capilla gótica y dependencias separadas para hombres y mujeres. Más tarde, Rodrigo Gil de Hontañón le dio el aire renacentista que hoy reconocemos en los cuatro claustros y en la organización interna. La fachada plateresca que mira a la plaza, terminada en el siglo XVI, es una lección de piedra tallada: escudos, doseles y un portal que parece más una portada de catedral que la puerta de un hotel.

Durante siglos fue mucho más que un hospital: se consideraba uno de los mejores centros sanitarios de la Monarquía Hispánica, con botica, médicos residentes, huertos de plantas medicinales y hasta cárcel propia para quienes infringían las normas dentro de su jurisdicción.

Cuando el hospital se trasladó a otro edificio en los años 50, el Hostal dos Reis Católicos se transformó en hotel de lujo, pero no renunció a su origen. Una prueba concreta: todavía hoy mantiene la tradición de ofrecer una comida gratuita diaria a los primeros diez peregrinos que llegan con su Compostela sellada y acreditan haber completado los últimos 100 kilómetros del Camino.

El parador conserva cuatro claustros, la capilla real y un buen número de piezas de arte y mobiliario histórico. Pasear de la recepción al bar implica cruzar arcos de piedra, escaleras monumentales y corredores donde cualquier cuadro podría estar en un museo de bellas artes.

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Vistas desde la terraza del Parador de Santiago de Compostela. Foto: Paradores

Dormir entre claustros renacentistas

Las habitaciones están lejos de la idea clásica de “cuarto estándar de hotel de cadena”. Muchas conservan muros de piedra vista, techos altos y camas con dosel, y algunas suites ocupan espacios singulares como el antiguo archivo del hospital o dependencias vinculadas a la administración del centro.

En la práctica, eso se traduce en detalles como despertarse con vistas a un claustro silencioso o cruzarse con una bóveda de cañón en el pasillo camino del desayuno. El edificio ha pasado de hospital real a hotel con todos los servicios de un cinco estrellas sin perder su columna vertebral de piedra.

La oferta gastronómica está a la altura del lugar. El parador cuenta con dos restaurantes: Dos Reis, instalado en las antiguas caballerizas, con cocina gallega clásica y de producto, y Enxebre, más informal, con platos para compartir y una aproximación contemporánea al recetario local. Pulpo a la plancha, caldo gallego, pescados de ría o filloas son algunas de las especialidades de la casa.

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Claustro de San Mateo del Parador de Santiago de Compostela. Foto: Paradores

Un detalle interesante para el viajero de lujo que también mira al futuro: el edificio está inmerso en la mayor reforma de su historia, una inversión millonaria destinada a restaurar fachadas, patios y capilla, mejorar las instalaciones, la eficiencia energética y actualizar la decoración. Las obras, cofinanciadas por fondos europeos, se prolongan hasta 2026 y obligarán a un cierre temporal de varios meses a partir de octubre de 2027, en pleno Año Santo.

Traducción rápida: si quieres vivir la experiencia del parador tal y como lo conocemos hoy, conviene planificar el viaje con margen. 

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Una de las habitaciones del Parador de los Reyes Católicos. Foto: Guía Repsol

Qué hacer (y comer) en Santiago desde el parador

Una de las grandes ventajas del parador es que prácticamente todo lo interesante de Santiago queda a pie de claustro. Sales a la plaza del Obradoiro y tienes la catedral a unos pasos: conviene reservar tiempo para visitar el interior, el Pórtico de la Gloria y el museo catedralicio, que ocupa varias plantas alrededor del gran claustro del siglo XVI.

Desde allí, basta con perderse por la ciudad vieja, Patrimonio de la Humanidad, y seguir el sonido de las campanas hasta el monasterio de San Martiño Pinario, una de las joyas del barroco gallego, o subir al parque de la Alameda, el mirador perfecto para ver de frente la silueta de la catedral.

Para entender de verdad la Compostela actual, hay que pasar por el Mercado de Abastos, a menos de diez minutos caminando desde el parador. Es el segundo lugar más visitado de la ciudad, justo detrás de la catedral, y el epicentro del producto gallego: mariscos de las rías, carnes, quesos, verduras y empanadas que pasan del puesto a la barra de los pequeños restaurantes que cocinan lo que compras. Ir a media mañana, dejarse aconsejar y pedir que te preparen el pescado allí mismo es probablemente el mejor “lujo local” que puedes llevarte.

Si te interesa la gastronomía de autor, Santiago juega en primera división. A pocos minutos andando tienes A Tafona, el restaurante de Lucía Freitas, con una estrella Michelin y una propuesta muy personal que reivindica el producto gallego con menús degustación de aforo reducido. Conviene reservar con bastante antelación: con solo unas pocas mesas, se llena rápido.

En la otra cara, igual de interesante, está el universo de Iago Pazos, el hostelero que ha convertido la zona de la Praza de Abastos en un laboratorio gastronómico. Después de revolucionar la ciudad con Abastos 2.0, hoy lidera el proyecto Barrio y A Cantina de Casa RIA, el espacio gastronómico dentro del centro diseñado por David Chipperfield. 

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Exterior del Parador de Santiago. Foto: Paradores

Para algo más desenfadado, la Rúa do Franco y sus paralelas siguen siendo la gran avenida del tapeo compostelano, hasta el punto de figurar en listados internacionales de las mejores calles del mundo para comer, con una sucesión interminable de bares donde probar pimientos de Padrón, zamburiñas o un simple bocadillo de calamares que sabe el doble de bien después de haber caminado unos cuantos kilómetros.

Y si lo tuyo es mezclar arquitectura y ciudad contemporánea, merece la pena acercarse a Casa RIA, el proyecto de la Fundación RIA y el estudio de David Chipperfield, que funciona como centro cultural, residencia de investigadores y espacio abierto a la comunidad. Desde allí se entiende otra Compostela: la que piensa en sostenibilidad, territorio y futuro, más allá de los tópicos de la “ciudad de la lluvia”.

Al final, alojarse en el Parador de Santiago es jugar con ventaja. Tienes cinco siglos de hospitalidad concentrados en un solo edificio, una plaza que resume el Camino entero a la puerta y una ciudad que ahora mismo está viviendo uno de sus momentos gastronómicos y culturales más interesantes. Los peregrinos vienen con mochila; tú puedes llegar con trolley. El espíritu que te recibirá será exactamente el mismo.

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A Cantina en Fundación Ria. Foto: Fundación RIA

TURIUM TIPS

Cruza la Alameda al atardecer: es la mejor perspectiva de la catedral sin agobios y con luz perfecta.
Desayuna fuera al menos un día: la pastelería Mercedes Mora y Forno de San Agustín son apuestas seguras.
Come en el Mercado de Abastos como un local: compra marisco o pescado y pide que te lo cocinen en uno de los puestos autorizados.
Reserva en A Tafona con semanas de antelación: el aforo es mínimo y las mesas vuelan.
Haz una escapada a la Cidade da Cultura: arquitectura monumental de Peter Eisenman y exposiciones siempre renovadas.