Scroll Down

La Rioja: el lujo del disfrute sereno

Princess Hotel

Como los grandes vinos y las mejores creaciones gastronómicas, esta tierra no admite prisas. Descubrimos su imponente patrimonio artístico y cultural, los secretos de sus bodegas y la magia de una cocina que innova desde el respeto a la tradición.

Publicado

26 Abril 2026

Redactor

Esther

Iturbe

La Rioja se disfruta con la pausa y la serenidad que le ha dejado impresas su historia. Hablamos de un territorio rico en patrimonio cultural, natural y artístico, con uno de los mayores y más importantes yacimientos de icnitas (huellas de animales fosilizadas) del planeta. Enciso, Cornago, Igea y Hornillos son algunos de los topónimos ligados a los dinosaurios: hoy puedes recorrerlos con calma y deleitarte tanto con los restos petrificados como con el paisaje que los abraza.

No menos dosis de paz y serenidad transmiten los Monasterios de San Millán de la Cogolla, en los que se fija el lugar de nacimiento del castellano. Su visita permite recorrer los muros que albergaron a los monjes encargados de añadir a los libros eclesiásticos en latín textos en la lengua que hablaba el vulgo.

Paso a paso y metro a metro, recorren La Rioja los caminantes que transitan por la Ruta Jacobea con dirección a Santiago de Compostela. Los peregrinos se topan con toda la riqueza y la variedad que ofrece una tierra pequeña en kilómetros cuadrados, pero grande en atractivos. Entran en la región entre viñedos para toparse rápidamente con Logroño y sus templos, y sus pasos resuenan en la Concatedral de Santa María de la Redonda y en las iglesias de Santiago el Real y de Santa María de Palacio, pero también en las animadas calles Ruavieja o Barriocepo.

Rumbo a los viñedos

Después de despedirse de Logroño, le esperan al viajero las ruinas del antiguo hospital de San Juan de Acre; Santa María la Real en Nájera, con el segundo panteón de los reyes más grande de España (tras el de El Escorial), o la catedral de Santo Domingo, la única del país que, con su gallinero, presume de animales vivos en su interior. En Grañón, los peregrinos se despiden de La Rioja y se adentran en Castilla.

Destino privilegiado

Festival gastronómico

La cocina riojana combina la calidad de su despensa y el talento de sus chefs, que ofrecen propuestas que saben conservar los sabores tradicionales sin renunciar a la innovación. Esa armonización ha llevado a la región a presumir de ser la comunidad española con más estrellas Michelin por habitante y a contar con excelentes ejemplos de bares y cafeterías que, con sus pinchos, exhiben alta gastronomía en miniatura. No hace falta recurrir a grandes templos culinarios para disfrutar de la buena mesa. Incluso en los núcleos rurales existen casas de comidas o pequeños restaurantes donde se rinde culto a los fogones y se celebran el contacto directo con la naturaleza y la vida a cámara lenta de los pueblos.

Con la tranquilidad con la que el caminante se aleja, el campo avanza en su ciclo vital, ahora que los viñedos han abandonado la sobriedad invernal. Durante varios meses, las cepas han esperado desnudas —solo con su esqueleto a la vista— la aparición de los primeros rayos de cálida luz solar. Con su llegada viven ya una explosión de exuberancia. Las primeras yemas comenzaron a brotar y en las próximas semanas estarán cubiertas de verde vegetación para empezar a proteger los granos que alumbrarán la próxima cosecha de vino. La del año anterior reposa desde otoño en los centenares de bodegas que salpican la geografía regional. Desde La Rioja Alta hasta la más Oriental, las catedrales enológicas invitan al público a traspasar sus puertas y acompañar la transformación de la uva en vino tras su tránsito por la tolva, los depósitos de fermentación y el parque de barricas. El resultado pasa después a las botellas en las que viajará por el mundo.

Ese rioja conserva en cada sorbo parte del carácter del territorio que lo vio nacer y, también, parte del conocimiento transmitido de generación en generación. Una sapiencia que acumulan los hombres y mujeres que le sacan a la tierra sus mejores frutos, ya sea para convertirlos en vino o para servirlos en el plato y elevar la pujanza de una gastronomía convertida en referente nacional.