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Dicen que es la capital del románico soriano: es un pueblo rodeado con un castillo increíble
Dicen que es la capital del románico soriano: un pueblo rodeado de paisajes espectaculares con un castillo increíble
Caracena es un pueblo que ejemplifica a la perfección lo que es Soria. Una tierra con paisajes embriagadores y un románico de libro en los rincones más inesperados.
Soria siempre tiene ases guardados en la manga. Como la ermita románica en el Cañón del Río Lobos, a la que se llega por una espectacular ruta de senderismo. O como Rello, su pueblo medieval sobre la montaña. Caracena, nuestro destino, se halla en las estribaciones de la Sierra de Pela y Picos de Grado, al suroeste de la provincia, en medio de uno de sus parajes más agrestes. No es de extrañar porque está enmarcado por tres cañones. El de las Gargantas, el de los Pilones y el de Caracena. Al tiempo, fue un lugar estratégico entre las plazas fuertes de San Esteban de Gormaz y la guadalajareña Atienza.
Dos iglesias románicas en un pequeño pueblo de Soria
Está más cerca de El Burgo de Osma, de parada obligada, que de Soria capital. Del primero a 26 kilómetros; de la segunda a 86. Escondido, en la margen izquierda del río Caracena, fuera de los circuitos más turísticos y con solo 13 habitantes. Por eso, sorprende que cuente con dos iglesias tan magníficas como la de Santa María de la Asunción y la de San Pedro. A ellas se debe que sea considerada la capital del románico soriano. Y eso que en la ciudad hay joyas como Santo Domingo o San Juan de Rabanera.

La iglesia románica de Santa María, que probablemente se levantó sobre una mezquita, tiene una sola nave, dos portadas y un ábside en la cabecera, como mandan los cánones. Lo que más llama la atención son las dos ventanas que rompen la uniformidad de sus muros y dejan entrar la luz. Una en el ábside, con doble arquivolta y capiteles decorados; la otra, en el paramento occidental, menos recargada, aunque cubierta con una deliciosa celosía.
La de San Pedro es aún más emocionante, sobre todo por su galería porticada con siete arcos bizantinos, esa tosquedad entrañable tan característica y sus capiteles profusamente decorados con criaturas de bestiario y escenas bíblicas, santo y seña del románico. Aquí tuvieron lugar las reuniones del concejo. ¿Dos iglesias para trece habitantes? Las cuentas, que no salen ahora, sí salían en la Edad Media y más tarde.
Un castillo en clave SOS y un pasado glorioso
En la plaza Mayor, la cárcel medieval da cuenta de aquellos viejos tiempos, como el rollo jurisdiccional, símbolo del poder civil, lo da de otros posteriores, ya barrocos. A las calles aledañas se les pide, por lo común, que muestren todos sus encantos y desplieguen su espíritu de leyenda. Aquí salen a la luz sobradamente. Lo mismo que a un castillo, siempre un tesoro, se le reclama estar a la altura de las circunstancias, coronando el conjunto.

El castillo de Caracena, dominando el cañón a vista de águila, está en el punto de mira por un proyecto de preservación y revitalización ante "un estado de deterioro avanzado", como subrayan sus promotores, que han puesto en marcha una iniciativa para recaudar fondos. Una intervención prevista de 2025 a 2029 y que se ejecutará en tres fases: consolidación estructural, rehabilitación de los espacios y restauración de la barrera artillada y el entorno.
La fortaleza de Caracena, de doble recinto, fue relevante ya en el siglo X, en época islámica, y resultó clave para el control del territorio durante la Reconquista, puede que en manos de los templarios. Aún cabe admirar la torre del homenaje, los puestos de vigilancia y las troneras repartidas por el perímetro, lo mismo que algunos paños de su muralla. También está en pie el puente medieval de Cantos, que daba paso a la villa.
Más de 30 aldeas y 17.000 almas en el siglo XII
Echando manos de la historia, enseguida salen a relucir nombres principales relacionados con Caracena. El de Abderramán III, sin ir más lejos, que tras perder la batalla de Simancas el año 939, emprendió la huida por el camino de Caracena, que entonces se llamaba, según hipótesis, Al-handega. Allí le esperaban para la batalla el conde Fernán González y el rey Ramiro II de León. Después haría su acto de aparición el mítico Almanzor, que en 981 reforzó la fortaleza y fortificó las murallas.

Pero en el año 1061 cambian las tornas, y las tropas de Fernando I conquistan el castillo y toman la plaza. Al parecer, durante la cena, de donde el nombre. Hazaña que se completó con la repoblación por parte de Alfonso VI de Castilla y León en 1080. Este año es el preludio del esplendor de Caracena, que lo vivió al máximo en el siglo XII, cuando la Comunidad de Villa y Tierra de Caracena la integraban más de 30 aldeas, donde habitaban 17.000 almas, según una sentencia de 1136, que la adscribe a la diócesis de Sigüenza. Por cierto, uno de los pueblos más bonitos de España.
Caracena y "Las meninas" de Velázquez
Posteriormente, entraron en acción el papa Inocencio II, que hizo de esta villa arciprestazgo, y Alfonso VII, que la recuperó para la Corona en 1140, a cuando pertenecen sus dos iglesias. En 1350 figuraba como señorío, pasando de mano en mano entre la nobleza. Y en el siglo XVI, al quedar despoblado Tiermes, Caracena tomó el relevo como capital de dicha comunidad.

En el XVII, Felipe III elevó el señorío a marquesado y le entregó el título nobiliario a Luis Carrillo de Toledo. Por increíble que parezca, esto nos lleva hasta "Las meninas" de Velázquez. En el cuadro del pintor sevillano, aparece una de las sobrinas del II marqués de Caracena, Isabel de Velasco, que es la menina a la izquierda de la infanta Margarita.
A vueltas con lo histórico, en 1789, en el censo ordenado por el conde de Floridablanca, figuraba como villa cabecera del partido de Caracena, con jurisdicción de señorío y bajo el mando del alcalde mayor, que nombraba el duque de Uceda.
Así funcionaban las cosas en aquella época, cuando rozaba los 200 habitantes. Ya con la caída del Antiguo Régimen, se integró en El Burgo de Osma, región de Castilla la Vieja. Según el censo de 1842, contaba con 37 hogares y 146 vecinos. Desde entonces no ha hecho sino vaciarse. Ahora reina el silencio y los muros que han sobrevivido como testigos de su pasado.