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El pueblo de pescadores más auténtico de Cabo de Gata: es aún más encantador en invierno
La Isleta del Moro es un pueblo blanco de pescadores en pleno Cabo de Gata, en Almería. Visitarlo en invierno, cuando se vacía de turistas y se llena de gaviotas, es un placer con regusto veraniego. Y se come de maravilla.
En invierno, las playas secretas del Cabo de Gata se vacían de turistas y se llenan de gaviotas. Pasa también en La Isleta del Moro, un lugar almeriense muy especial, aunque, a decir verdad, por estas lejanías todo lo es. Suficientemente recóndito, sobradamente encantador y sin haber perdido ni un ápice su carácter marinero. O, si se quiere, de pueblo de pescadores. Lo bueno que tiene La Isleta también es que es pequeño y abarcable de un vistazo, aunque luego se abra a la inmensidad del mar. Y no puede crecer ni desarrollarse urbanísticamente al estar dentro del Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar.
Por qué te va a encantar La Isleta del Moro
Tan pequeño que tiene menos de 200 habitantes. De hecho, es una pedanía de Níjar que está entre los pueblos más visitados de Andalucía, famoso por ser sitio de referencia del Cabo, por su autenticidad, cómo no, y por su cerámica. Pero, sobre todo, fue y sigue siendo un pueblo alfarero. Decíamos que lleva en el nombre escrito su tamaño, porque no es isla, sino isleta, y también su historia, ya que fue, en tiempos, refugio de piratas berberiscos, de ahí que la "isleta" haga alusión al caudillo Mohamed Arráez.

Resulta un lujo pasear por un pueblo así fuera de temporada, trepar a sus alturas, pisar su embarcadero, adentrarse en sus cuatro calles y mirar sin prisas y con pausa la excepcional marina dibujada. Como pasa con el pueblo más bonito del Algarve. A este lo encontramos dejándose abrazar por el mar, siendo su playa más grande, la del Peñón Blanco, de arena fina y resguardada por dicho peñón, de roca blanquecina.
Como mejor se ve, como de costumbre, es desde lejos, según se está llegando y se divisan las casitas arremolinándose y multiplicando la blancura. Pura geografía marítima, protagonizada por lo agreste y lo negro del Cabo de Gata, un mar azul pero ya bravo y las pequeñas barcas ancladas coloreando sus orillas. Imposible no acordarse de Calella de Palafrugell o del propio Cadaqués en la Costa Brava, ese destino de postal que nunca aburre. Un Mediterráneo que conmueve.
Un paisaje de cine y el hechizo del Cabo de Gata
A La Isleta del Moro, un fondeadero natural, se viene a comer, además de a sumirse en la contemplación de la bella estampa y dejarse guiar por el hechizo del Cabo. Si el viento lo permite, que aquí manda, en una terraza. Si no, en los interiores, pero sin que la experiencia deje de ser marinera. Porque se sigue practicando el oficio de la pesca. Así pues, lo que se sirve en la mesa es lo que da el mar, fresquísimo pescado, en fritura o a la plancha.

La Isleta, por supuesto, es de película. No es que lo parezca, es que lo ha sido. En ella se filmó el prólogo de Terminator: Destino oscuro (2019), dirigida por Tim Miller, recreando, eso sí, la Guatemala de 1998. Se puso el foco en las palmeras y en los chiringuitos, e incluyó escena futurista en la playa. No ha sido la única, obviamente. Antes se rodaron otras como El pájaro de la felicidad (1993), de Pilar Miró; Morirás en Chafarinas (1995), de Pedro Olea; o Vivir es fácil con los ojos cerrados (2013), de David Trueba. Y series como Vis a vis (en 2016) o Veneno (2020).
Rodalquilar, el cercano pueblo artístico que fue minero
La visita a esta zona almeriense pasa por el vecino Rodalquilar, también dentro del municipio de Níjar, que al reclamo de ser un pueblo blanco y reluciente, suma el de tener un aire artístico y cierta bohemia. De camino, además, está el mirador de la Amatista, que es el clásico alto en el camino cuando se anda por este parque natural. Un balcón desde lo alto del acantilado asomado a la impresionante geología costera que nos regala un paisaje insólito.

Rodalquilar es conocido, además de por su irresistible encanto, hecho de buganvillas, cactus que se alargan hasta el infinito y pitas, por sus minas. En este lugar de la provincia de Almería hubo una auténtica fiebre de oro, que duró desde 1880 hasta 1966. Ha quedado para los anales el filón 340, del que se llegaron a extraer hasta mil kilos de oro en algo más de dos años, y también el descubrimiento de la rodalquilarita, de color verde oliváceo.
Un jardín botánico para deleitarse con la flora local
Además, en Rodalquilar, que está hacia el interior, se esconde el jardín botánico El Albardinal, un oasis en mitad del desierto almeriense, bautizado así por el albardín, un planta emblemática de estas tierras volcánicas, acostumbrada a vivir en extremas condiciones de sequía y salinidad. Este jardín, cuya entrada es libre y gratuita, ofrece un viaje por la flora local. Desde azufaifos hasta palmitos, que se pueden ver en abundancia, por ejemplo, en los alrededores de la playa de los Genoveses, en San José, otro hito del Cabo.

En el Playazo de Rodalquilar, ahora sí en la costa, está la batería de San Ramón, una fortaleza de estilo renacentista de 1764, mandada construir por Carlos III como gran vigía del litoral. En el camino se encuentra la torre de los Alumbres, de catorce metros de altura y mismo estilo, aunque más antigua.
Rodalquilar también ha sido escenario de cine. Desde La muerte tenía un precio (1965), de Sergio Leone, hasta Indiana Jones y la última cruzada (1989), de Steven Spielberg. Recordemos que aquí se crio la escritora Carmen de Burgos (1867-1932), la primera mujer periodista en nuestra lengua y pionera del feminismo. Precisamente, su padre tenía aquí un tierras, minas y un cortijo.