Esta ciudad es Patrimonio de la Humanidad por un motivo muy curioso: está en Canarias y fue capital de Tenerife
La ciudad histórica de La Laguna, en Tenerife, fue nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999 debido a su cuidado entramado urbano.
Si hablamos de países de enorme riqueza cultural, histórica y natural, tenemos que mencionar España. El nuestro es el quinto país con más bienes declarados Patrimonio de la Humanidad, solo por detrás de Italia, China, Alemania y Francia. Son tantos que van desde los bosques únicos de la Comunidad de Madrid hasta las remotas islas Canarias, que ocultan joyas únicas como la ciudad de La Laguna, que fue reconocida por la UNESCO en 1999.
La que fuera primera capital de Tenerife, desde el siglo XV hasta el XVII, destaca por su originalidad. A diferencia de Úbeda, que aparece en la lista con un entorno monumental que incluye hasta un palacio convertido en parador, el reconocimiento de San Cristóbal de La Laguna viene dado por un entramado urbano ordenado, estable y con un diseño muy pensado. Tanto es así que sirvió como precedente para la construcción de ciudades tan importantes a nivel global como Lima, en Perú.
Un paseo por las calles de San Cristóbal de La Laguna
En 1999 la UNESCO tomó una decisión sin precedentes: incluir San Cristóbal de La Laguna no por su belleza o su monumentalidad, sino por su estructura urbana. Con calles distribuidas en forma de cuadrícula, anchas y rectas, plazas amplias y una distribución de los edificios públicos muy bien pensada, fue denominada por el Centro del Patrimonio Mundial como “la primera ciudad-territorio ideal”.
El contraste entre sus dos núcleos de población es curioso. En un lado, la Villa de Arriba: antigua, caótica e histórica; es el resultado de un proceso de construcción sin reglas, que comenzó a finales del siglo XV, cuando Alfonso Fernández de Lugo fundó la ciudad. Los primeros colonos comenzaron a construir sus viviendas en torno a la iglesia de la Concepción: un templo levantado en 1497, en estilo barroco, desde cuya torre aún se pueden observar vistas espectaculares de la ciudad.

Del otro lado, la Villa de Abajo, que se reconoce claramente por sus largas calles principales ordenadas siguiendo una cuadrícula. Esta zona se organizó siguiendo el plano de Imole, que había sido realizado por Leonardo Da Vinci. El atractivo que tuvo para las clases altas y las comunidades monásticas, hizo que hoy en día aún nos encontremos edificios de gran riqueza arquitectónica y numerosos templos.
Ejemplo de lo primero son la Casa del Corregidor, con su bonita fachada de piedra roja, o la Casa de Montañés, que hoy día alberga la sede del Consejo Consultivo del Gobierno Autónomo de Canarias. De lo segundo, basta con tomar como ejemplo la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, actual Catedral de San Cristóbal de La Laguna: un imponente edificio construido con piedra blanca y gris, que mezcla el estilo neoclásico con el neogótico.
Cómo disfrutar esta ciudad Patrimonio de la Humanidad
San Cristóbal de La Laguna es una de esas ciudades que se disfrutan mejor si las recorremos sin rumbo fijo, dejándonos sorprender por lo que nos espera a la vuelta de la esquina. Todo en ella trae aires de reposo y planificación, desde la ausencia de muralla (pues se trata de un territorio interior, alejado de la amenaza del mar, hasta la armonía del casco histórico.
Aquí no hay nada aislado. Todo, desde las sencillas fachadas de las casas señoriales de los siglos XVI, XVII y XVIII, hasta las torres blancas de la catedral, está hecho pensando en el conjunto. La curiosidad, el ir con los ojos bien abiertos, son cualidades imprescindibles para cualquier visitante. Solo así se podrá disfrutar de sus curiosidades, como los iconos bizantinos que encontramos en las Casas Capitulares de la calle Bencomo, o como la fachada manierista del Museo de Historia de Tenerife.

Para terminar, lo mejor es sacar fuerzas de flaquezas y encontrar la motivación para subir hasta el Mirador de San Roque. Una vez arriba, con la ciudad desplegándose ante ti, entenderás por qué ha merecido la pena, pues es la mejor forma de comprobar que en San Cristóbal de la Laguna todo está diseñado con cuidado y al milímetro.