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La ciudad que alberga el Escorial gallego: está en la Ribeira Sacra, llena de monumentos
Dicen que esta es la ciudad donde se encuentra el Escorial gallego: está en la Ribeira Sacra, llena de monumentos
Capital histórica del sur de Lugo, Monforte de Lemos es el mejor punto de partida para recorrer la Ribeira Sacra: patrimonio monumental, vino, paisaje y una ciudad que se entiende caminando.
Dicen que Monforte de Lemos es el mejor punto de partida para moverse por la Ribeira Sacra. Está en el sur de Lugo, en el valle de Lemos, con el río Cabe atravesando la ciudad y a menos de media hora de algunos de los cañones más espectaculares del Sil. Es una ciudad mediana, con servicios, vida local y un casco histórico que se recorre andando. Y eso, en una zona donde muchas visitas se hacen en formato escapada, es una ventaja práctica.
Si la Ribeira Sacra se ha convertido en uno de los territorios más comentados de Galicia (por el paisaje, por los monasterios y por la viticultura en pendientes casi imposibles), Monforte juega un papel claro: concentra patrimonio, comer bien es fácil y, sobre todo, te deja dormir en condiciones para atacar al día siguiente miradores, bodegas y rutas.
El Escorial gallego, un tesoro escondido
El gran golpe arquitectónico de Monforte está en el Campo da Compañía, en el centro urbano. Ahí se levanta el Colegio de Nuestra Señora de la Antigua, conocido por todos como los Escolapios y apodado desde hace décadas como el Escorial gallego. El sobrenombre no es marketing: tiene que ver con su estilo herreriano (muy poco común en Galicia), con la sobriedad monumental del conjunto y con la sensación de estar ante un edificio pensado para durar y para impresionar, sin barroquismos.
La historia también pesa. Las obras arrancan a finales del siglo XVI bajo el impulso del cardenal Rodrigo de Castro, uno de los grandes mecenas de su época y figura clave para entender por qué Monforte tiene un edificio de esta escala. El proyecto nació como un centro de estudios de alto nivel: primero vinculado a los jesuitas y, tras los cambios del siglo XVIII, terminó en manos de los Padres Escolapios, que se hicieron cargo del centro en el siglo XIX. A día de hoy sigue siendo un colegio en funcionamiento, y por eso la visita se hace en formato guiado, centrada en la zona monumental.

¿Y qué se ve? Para empezar, una de las escaleras más famosas de Galicia: una escalera monumental de granito que se ha convertido en símbolo del edificio. Después, claustros, iglesia y la parte que más sorprende a quien llega sin avisar: la pinacoteca. Aquí es donde entra el dato que vale el viaje: en el interior puedes ver una pintura de El Greco, accesible a través de la visita guiada.
Es una experiencia bastante única: no estás en un museo grande con colas, estás en un conjunto histórico vivo, y de repente tienes delante obra de primer nivel. A esto se suma otro detalle que explica la importancia del lugar: en la iglesia se conserva un gran retablo obra de Francisco de Moure.

Por qué subir a San Vicente do Pino
Ha llegado el momento de hacer pierna para subir al Monte de San Vicente y encontrar otro de los conjuntos que explican Monforte: San Vicente do Pino, donde conviven el antiguo poder defensivo y el religioso. Del castillo, como tal, lo más reconocible que sigue en pie es la Torre del Homenaje, que funciona también como punto de vista privilegiado sobre el valle del Cabe y la ciudad. Es la parte que se ha mantenido con más fuerza: piedra, altura y una lectura clara de por qué ese monte era estratégico.
En el mismo entorno está el monasterio que hoy alberga el Parador de Monforte de Lemos, y aquí conviene ser práctico: para dormir, es la apuesta ganadora. No solo por el edificio, que ya te sitúa en un Monforte histórico, sino por la ubicación: estás literalmente encima de la ciudad. En invierno, además, se agradece el plan fácil: subes, aparcas, te olvidas del coche, cena tranquila y descanso. Al día siguiente, bajas al centro en pocos minutos o sales hacia la Ribeira Sacra sin tráfico.

La judería, la mejor zona para pasear
Para entender Monforte hay que caminar su trama antigua y, en ese paseo, la judería aporta un capítulo distinto. La comunidad judía tuvo presencia relevante durante siglos y dejó huella en la configuración urbana. Uno de los nombres que suele salir en esta ruta es A Calexa, una calle que conecta con la zona amurallada y que hoy se asocia a itinerarios por la memoria sefardí local.
También conviene pasar por el entorno de la Plaza del mercado, porque ahí se entiende cómo la ciudad mezcla vida comercial, tránsito y barrios históricos en pocos metros.

La mejor forma de disfrutar tu visita a Monforte de Lemos
La vida actual de Monforte se concentra en torno a ejes muy claros. La calle del Cardenal, peatonal y siempre animada, funciona como arteria principal. Aquí está La Polar, uno de esos lugares que explican una ciudad mejor que cualquier folleto. Desde primera hora hasta la noche, es punto de encuentro constante y un sitio fiable para comer bien sin complicaciones. Monforte se mueve mucho alrededor de estos espacios donde conviven vecinos, visitantes y rutina diaria.
En cuanto a la cocina, hay dos nombres que aparecen una y otra vez cuando se habla de comer pulpo en condiciones: Pulpería Os Chaos y Pulpería Legado. Ambas representan una forma muy clara de entender el producto: reconocible, con ejecución precisa y ambiente auténtico. Son paradas naturales después de una mañana de visitas o antes de una tarde tranquila en el centro.
El vino es otro de los pilares que conectan Monforte con su entorno. La ciudad actúa como nodo logístico y cultural de la Ribeira Sacra, y una visita a O Centro do Viño ayuda a situar al visitante antes de lanzarse a carreteras secundarias y miradores espectaculares. Aquí se entiende mejor qué significa cultivar en pendientes extremas, por qué se habla de viticultura heroica y cómo el paisaje, el río y los monasterios están muy ligados a la historia del vino en la zona.

Un punto estratégico para conocer la Ribeira Sacra
Desde Monforte es sencillo acercarse a algunos de los miradores más representativos de la Ribeira Sacra. En trayectos relativamente cortos se accede a balcones naturales sobre el Sil que permiten comprender la dimensión del territorio. Miradores como el del Duque, Cabezoás o Souto Chao ofrecen perspectivas muy distintas, pero todas comparten esa sensación de verticalidad y de paisaje trabajado durante siglos.
Monforte de Lemos funciona porque no obliga a elegir entre ciudad y paisaje. Permite dormir bien, comer con criterio, acceder a patrimonio de primer nivel y moverse por la Ribeira Sacra con cierta comodidad.
