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Es uno de los pueblos más bonitos de Inglaterra: está lleno de tiendas de antigüedades y mercadillos secretos
En un rincón oculto del Reino Unido, Petworth despliega un laberinto de tesoros ocultos y paisajes que parecen pintados por el mismísimo Turner.
Hay un momento, justo cuando el sol de la tarde comienza a descender sobre las colinas de West Sussex, en que el pueblo de Petworth se convierte en un escenario de ensueño. En un paisaje de postal. En el corazón de los campos ingleses, la humedad y el olor de la lavanda que crece en los jardines inundan el aire. Fiel a su esencia, esta localidad de apenas 2000 habitantes no necesita rendirse ante el yugo de la modernidad. Aquí hay más de treinta anticuarios. Aquí, el pasado se cuida.
Merece la pena caminar por sus calles estrechas y empedradas, y empaparse con la belleza de las fachadas de los siglos XVII y XVIII. También con los tesoros que se ocultan en los escaparates: objetos que sobreviven al paso de los siglos, contra todo pronóstico, y aún conservan la capacidad de contar historias de tiempos que ya no existen.
Petworth, el pueblo de las antigüedades
Lo que hace que Petworth destaque entre todos los pueblos del sureste de Inglaterra no es solo su aspecto. Conocido como el Antique Centre of the South (el centro de antigüedades del sur), el pueblo alberga la mayor concentración de marchantes de arte y antigüedades fuera de Londres. ¿Lo bueno? Aquí no encontrarás la agitación de Portobello; en Petworth, el acto de comprar y vender conlleva introspección, reflexión y cierta elegancia.
Al cruzar el umbral del Petworth Antiques Market, en East Street, el visitante se sumerge en más de 275 metros cuadrados de maravillas. Aquí no encontrarás simples objetos, sino fragmentos de historia. Desde platería georgiana brillando bajo la luz artificial hasta ropa vintage, pasando por muebles de nogal que han guardado las pertenencias de generaciones y generaciones.
Las tiendas, como Tallulah Fox o Augustus Brandt, tampoco venden simple decoración. Comercian con verdaderas obras de arte, y mezclan piezas rústicas francesas con los diseños más sofisticados de la campiña inglesa. El lujo no lo ponen las etiquetas de precio, sino la vida de cada pieza.
La luz de Turner y el parque de los ciervos
Si Petworth es el continente, Petworth House es la mejor muestra de contenido. Esta imponente mansión del siglo XVII, gestionada por el National Trust, no es solo un edificio; es una galería de arte viva que alberga la mayor colección de pinturas de J.M.W. Turner fuera de la Tate Gallery de Londres. El artista, que fue un invitado frecuente del tercer Conde de Egremont, encontró en estos paisajes la luz dorada y las atmósferas brumosas que definieron su obra maestra.

Al salir de la casa, nos recibe el majestuoso paisaje de Petworth Park: un espacio de casi 300 hectáreas, que fue diseñado por el paisajista Capability Brown. Caminar por sus praderas es lo más parecido a habitar la pintura de un lienzo. Aquí, los ciervos pastan, los vecinos caminan y la luz se refleja en el lago, devolviendo el color azul de los cielos que Turner capturó con su pincel.
Los refugios con historia de Petworth
Para que la inmersión en este rincón de Sussex sea total, el descanso debe estar a la altura del paisaje. Por suerte, en Petworth no encontrarás cadenas hoteleras, sino refugios con alma, casas de campo y hoteles boutique que parecen decoradas con objetos hallados en los anticuarios del pueblo.
Nuestro lugar favorito para descansar es The Angel Inn, una posada que lleva acogiendo viajeros desde hace siglos. Con sus vigas de madera vista y sus chimeneas, siempre encendidas, es el lugar ideal para refugiarse tras una jornada de búsqueda de tesoros. Sus habitaciones, decoradas con ese gusto británico que mezcla lo rústico con lo exquisito, son el preludio perfecto para un desayuno con vistas a la iglesia de St. Mary.
Si lo que buscas en privacidad, las casas de campo en los alrededores de Tillington ofrecen la posibilidad de despertar rodeado de viñedos y campos de labranza. Lugares como The Old Railway Station, una antigua estación reconvertida en alojamiento de lujo donde puedes dormir en vagones victorianos restaurados, aportan ese toque de excentricidad británica que convierte un viaje en una leyenda.