Esta villa es preciosa y está tan cerca de España que se puede llegar en coche: aquí vivió este gran escritor
Pézenas es un laberinto de calles adoquinadas por las que perderse, y con flores. FOTO : VILLE DE PÉZENAS.

Esta villa es preciosa y está tan cerca de España que se puede llegar en coche: aquí vivió este gran escritor

Pézenas es un bello pueblo, lleno de mansiones, que no ha dejado de rendirse ante el teatro desde que, allá por el siglo XVII, lo habitó el autor de “El avaro”. Tiene todo el encanto francés y está a solo dos horas de España.

Ángeles Castillo | Enero 13, 2026

Caminar por Pézenas no es lo mismo que ver "El enfermo imaginario", "Tartufo" o "El avaro", que sobre las tablas no tienen rival, pero va en la misma dirección. Porque sus callejuelas adoquinadas están impregnadas del aroma del genial Molière, el dramaturgo, actor y poeta que aupó a las letras francesas hasta lo más alto, y que lo eligió como su residencia entre 1647 y 1657. Ya lo dijo el académico Marcel Pagnol: "Si Jean-Baptiste Poquelin nació en París, Molière nació en Pézenas". Así pues, un placer parecido al de visitar Cassis, el pueblo de la Provenza que enamoró a Virginia Woolf.

Como si esta preciosa villa del departamento de Hérault, en la región del Languedoc, la histórica Occitania, fuera un gran escenario, y lo es en cierto modo, dada su afición heredada al teatro. Tanto es así que en el Cours Jean Jaurés andan las huellas de los actores que han pasado por aquí. Desde Michel Galabru hasta Claude Brasseur. Otro secreto de Francia, igual de encantador que los rincones más conocidos. Para colmo, está a solo 20 kilómetros del Mediterráneo, a 24 del magnífico Béziers, a 60 de Montpellier, la capital regional, y a 200 de Girona.

Qué se puede ver en Pézenas

En este privilegiado casco antiguo, lo propio es ir tras los pasos de Jean-Baptiste Poquelin, como se llamaba Molière, lo cual es un clásico. Pero también perderse por sus calles laberínticas y descubrir palacetes por doquier, iglesias atípicas y muchos anticuarios, artesanos -ebanistas, tejedores, herreros o joyeros- y tiendas de segunda mano. Todo con el encanto francés, visto ya en Carcasona, que, como es sabido, sublima sin esfuerzo cualquier rincón.

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Pézenas está repleto de anticuarios, artesanos y referencias teatrales. FOTO: VILLE DE PÉZENAS.

En Pézenas salta a la vista. De hecho, su centro histórico fue uno de los primeros salvaguardados por la ley Malraux, impulsada por el escritor André Malraux, ministro de Cultura, en 1962, lo que se concretó en la restauración de no poco patrimonio.

Hay hasta treinta residencias datadas entre el XV y el XVIII, con la Casa Consular, antigua sede del poder municipal, a la cabeza, ahora la Maison des Métiers d’Art, en la plaza Gambetta. Además de la iglesia de Saint-Jean (1735), presumiendo de órgano, o la capilla del convento de las Ursulinas (XVIII), abierto en tiempos como escuela y hoy convertido en viviendas de alquiler vacacional con un tentador jardín.

Edificios históricos y grandes fortunas

Este "charme" está en el Museo Vulliod Saint-Germain, una casona del XVI donde se expone una amplia colección de muebles, loza y tapices de Aubusson, pero también el sillón en el que se sentaba Molière cuando visitaba al barbero Gély y desde donde observaba a la gente para perfilar, a renglón seguido, a sus inolvidables personajes.

En total, más de cien edificios históricos atesora esta ciudad, que fue un importante núcleo comercial en la Edad Media y, por tanto, polo de atracción de grandes fortunas. Entre ellas, los Montmorency, que gobernaron el Languedoc durante tres generaciones, entre el XVI y el XVII, con Pézenas como capital.

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La Grange des Prés es un monumento histórico de Pézenas. FOTO: WIKIPEDIA/FHd.

El almirante Enrique I de Montmorency llegó a Pézenas en 1563 y mandó construir una residencia con jardines de estilo italiano. Lo que hoy es la Grange des Prés, que luego fue de su hijo Enrique II y, posteriormente, de su hija Carlota Margarita, a quien, por cierto, retrató Rubens. Por esta suntuosa finca pasó el rey Luis XIII camino de Montpellier en 1622, y siete años más tarde el famoso cardenal Richelieu.

Un château conocido como el Versalles del Languedoc

La historia se vuelve más emocionante porque la finca terminó en manos de Armando de Borbón, príncipe de Conti, que la heredó de su madre en 1650. Fue él quien acogió a la compañía de Molière, L'Illustre Théâtre, en 1653 y le brindó su patrocinio, así que a esta le correspondió el honor de entretener a "la crème de la crème" allí reunida.

De hecho, este château era conocido como el Versalles del Languedoc, pero su relevancia no evitó su decadencia, hasta que fue comprado en 1822 y demolido para transformarlo en un castillo vitivinícola de estilo neo-Luis XIII, con una capilla neogótica y, como cabía imaginar, un busto de Molière. Así es como luce hoy, con algún vestigio de su pasado. Por cierto, la ilustre Comédie-Française, fundada en 1680, actuó allí por primera vez en 1893.

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Así es el monumento que Pézenas levantó en honor a Molière. FOTO: HÉRAULT TOURISME.

También habría que hablar de Étienne de Montagut, el señor de Lacoste, a quien se debe el magnífico Hôtel de Lacoste (1509-1518), que ha conservado su arquitectura original, con bóvedas góticas, columnas majestuosas, un patio y la no menos espléndida escalera. Un porte que se trasladó hasta el siglo XIX cuando Pézenas vivió su época dorada en un capítulo genuinamente francés, la viticultura, que llevó a muchos terratenientes a construir suntuosas residencias.

Y decimos suntuosas con toda intención porque se trata de castillos de los que dejan sin palabras, desde clásicos hasta neogóticos, pasando por los eclécticos. Son, obviamente, castillos-bodega. Se ven aparecer en medio de los viñedos que tapizan las tierras entre Pézenas y el vecino Montagnac.

Dulces típicos con historias curiosas

En Pézenas, además, hay que darse el gusto de probar los petits pâtés, dulces de carne -paradójico, sí-, cuya tradición se remonta a 1766, cuando Lord Clive, noble británico, virrey y gobernador de la India, de baja por enfermedad, se instaló aquí y sus cocineros le prepararon este pastelito al estilo escocés.

Otra tentación son los berlingots, caramelos artesanales, de menta, chocolate o anís, que también tienen su historia, que se remonta a la misma época, cuando un africano se paseaba por el mercado con una barra de azúcar, cada día de un sabor, que iba troceando y vendiendo a los transeúntes.

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El antiguo convento de las Ursulinas es hoy un alojamiento turístico. FOTO: COUVENT DES URSULINES.

Comentábamos que este pueblo francés es puro teatro, y lo confirmamos. Uno puede empaparse de las aventuras y desventuras de su hijo predilecto en la tienda del barbero Gély; en el Hôtel d’Alfonce, la mansión donde hicieron de las suyas Molière y compañía, o directamente en el festival que cada junio le rinde apoteósico homenaje.

Y, por si fuera poco, maravillarse en su teatro histórico, el Théâtre de Pézenas, ubicado en la capilla de los Pénitents Noirs, que data del siglo XVI y fue sometida a una importante rehabilitación antes de reabrir sus puertas en 2012. Aún falta decir que el maestro de la farsa y la comedia tiene un solemne monumento, amado por las musas, en la plaza que lleva su nombre.

TURIUM TIPS

En Pézenas está el Museo Boby Lapointe, dedicado a la vida y obra de este cantautor que nació aquí en 1922, famoso por sus letras cargadas de juegos de palabras y humor. No es ninguna casualidad que fuera amigo de Brassens.
Hay que aprovechar para recorrer el Canal du Midi, ese prodigio de la ingeniería que conecta el Atlántico con el Mediterráneo. Concretamente, el tramo que atraviesa el Hérault hasta las playas de Cap d’Agde (a 27 km de Pézenas). A pie, en bicicleta o en barca, si el tiempo lo permite.
Es la oportunidad de ver el efebo griego, de la época de Alejandro Magno, encontrado en el lecho del río Hérault en 1964. Se halla en el Museo del Efebo, dedicado a la arqueología submarina; antes estuvo en el Louvre. Hay también un trípode de bronce etrusco y dos estatuas romanas.
El Hôtel Molière está en pleno centro histórico de Pézenas y es un antiguo palacete que luce el esplendor de antaño. Tiene 23 habitaciones (desde 84 euros) y cierta teatralidad, muy de agradecer.