
Esta piscina natural está en la ciudad más bonita de Navarra: es perfecta para refrescarse en verano
En esta ciudad jacobea te puedes empapar de románico paseando por sus calles, pero también bañarte en las aguas de la curiosa piscina natural que forma su caudaloso río. Es todo un edén en la bella Navarra.
En el corazón de Navarra encontramos Estella: una ciudad de esas con encanto, joyas románicas inigualables, palacios divinos, puentes que cruzar, leyendas sin fin y ambiente peregrino, que para eso está en el Camino de Santiago. Pero es que además está rodeada, como toda Navarra, de una naturaleza privilegiada, por lo que no solo querrás perderte por sus calles, sino también por sus mágicos senderos, como los de los Ancares. No es casualidad que haya sido apodada como la Toledo del Norte, hasta el punto de formar parte de la Red de Juderías de España, Caminos de Sefarad. Tampoco que tenga una división de turismo específicamente rural.
Una piscina de agua salada en medio de una arboleda
Esto es, que a sus tesoros arquitectónicos, como el palacio de los Reyes de Navarra, el claustro de San Pedro de la Rúa y la portada de San Miguel, hay que sumar sus maravillas naturales. No se trata de la Ruta del Zumaque, que ostenta el nombre del arbusto que llegó de Oriente y combina campo y ciudad, ni de la Vía Verde del Ferrocarril Vasco Navarro, uniendo Estella con Bergara, ya en el País Vasco.
Nos hemos venido hasta la piscina natural de aguas cristalinas que se nutre de las aguas del río Ega, un afluente del Ebro. El mismo que riega el pulmón verde de la ciudad, el parque de los Llanos, con unas magníficas arboledas. Lo curioso de estas aguas es que son saladas, por la composición de su suelo, y que mantienen una temperatura constante de 17-18 grados, ajenas al frío y al calor. De hecho, es conocido como el manantial de Agua Salada (en mayúsculas).

Dicen que, debido a su elevada concentración de sales, tiene propiedades curativas para la piel, que la deja excepcionalmente suave y favorece la cicatrización de las heridas. Sea así o no, lo cierto es que el baño aquí es un placer, más por encontrarse donde se encuentra, en medio de un auténtico vergel con aires de edén, pero, en cambio, en plena ruta jacobea y con la excelencia, cultural y gastronómica, de lo propiamente navarro.
Qué ver en Estella además de su maravilloso río
La que llaman La Pileta se halla junto a las piscinas municipales. Esto significa que no tendrás que hacer una larga caminata para ganártela ni adentrarte en la espesura de un bosque interminable, sino que te saldrá al paso, llamándote a gritos, por supuesto, en verano, pero también en cualquier estación. Las piscinas naturales aptas para el baño son un regalo. Y tenemos la fortuna de contar con ellas en lugares extraordinarios, caso de estas de Estella o de otras que están, por ejemplo, a menos de una hora de Madrid. Porque no todo van a ser playas.
Después del chapuzón, toca empaparse de todo lo que hay para ver en la noble ciudad navarra, que es mucho. Sin descuidar el cercano embalse de Alloz, a solo 12 km, otro espacio a valorar en estas fechas veraniegas, también por la posibilidad de dar un paseo en barco y practicar vela o windsurf. Pero vayamos ya a la iglesia de San Pedro de la Rúa, dominando la ciudad, con un pórtico del siglo XIII de arcos lobulados y rica ornamentación, y que aún sorprende más en sus interior por su claustro antiquísimo (XII) y tan bellamente esculpido.

Puestos ya en clave monumental, qué decir del palacio de los Reyes de Navarra, también conocido como de los Duques de Granada de Ega, que se alza en la plaza de San Martín como uno de los mejores ejemplares del románico civil y es sede actual del Museo de Gustavo de Maeztu. Estamos, no hay que olvidarlo, pisando Camino de Santiago y muy cerca del Parque Natural de Urbasa-Andía, otro tanto, y van ya un montón, a su favor.
Estella, la capital del románico navarro
Las iglesias se multiplican, como le pasa a la cercana Olite, toda una joya medieval. Por algo decía Julio Caro Baroja que "Estella es la capital del románico navarro". Está la de San Miguel, en la margen izquierda de nuestro río, muestra del románico tardío. La del Santo Sepulcro, en la antigua Rúa de Peregrinos, hoy calle de Curtidores, con portada gótica. O la de Santa María Jus del Castillo, al pie del antiguo castillo de Zalatambor, en el antiguo barrio judío, y actualmente Centro de Interpretación del Románico y del Camino de Santiago.
Lo de que Estella es monumental no era un decir. Más bien es un no parar. Porque luego está el palacio de los Eguía (s. XVI), el palacio del Gobernador (XVII), hoy Museo del Carlismo, o el de los Sancristóbal (XVI), además de conventos y otros edificios blasonados y asombrosos.