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Una ruta otoñal por el interior de Castellón: pueblos de montaña idílicos y paisajes fabulosos
Vistabella del Maestrat, Xodos o Villahermosa del Río están rodeados de una naturaleza espléndida en la que destaca, alzándose como un símbolo, el pico del Penyagolosa. Es el Castellón de interior.
Penyagolosa es un parque natural en Castellón, en el límite entre las comarcas del Alto Mijares y el Alto Maestrazgo, que hará las delicias de los amantes de la naturaleza, el aire libre y el senderismo. Porque hay vida, y mucha, tierra adentro, más allá de Benicássim o Peñíscola, que a menudo tienen todas la de ganar jugando la baza del Meditérraneo a sus orillas.
Este territorio de interior se ubica en los términos municipales de Vistabella del Maestrat, Xodos y Villahermosa del Río, con el pico que le da nombre, el Penyagolosa, como emblema, además de ser techo de la Comunitat Valenciana con sus 1.814 metros sobre el nivel del mar. Aunque a decir verdad es superado, por poco, por el Alto de las Barrancas, conocido como Cerro Calderón, en Puebla de San Miguel (Valencia), que llega a los 1.838 metros.
Qué ver en el entorno del Penyagolosa
Si el Penyagolosa es una referencia en cuanto a patrimonio natural, el santuario de Sant Joan, de origen medieval, lo es en el arquitectónico y espiritual. De hecho, se trata de uno de los lugares de peregrinación más significativos de la provincia. Pudo ser fundado por los monjes que asistían a las tropas del rey Jaume I en la conquista de Valencia, que se consumó el 9 de octubre de 1238. De aquella época data el patio interior y las dependencias de alrededor. Después, fue ampliado en el siglo XVI debido al auge de peregrinos. Luce pinturas murales de 1592.

No sería la última modificación, porque, en el XVIII, lo que fue un eremitorio tomó la forma de U, tal y como se conoce hoy en día. Y otro tanto pasó con la iglesia. El conjunto se encuentra a diez kilómetros de Vistabella, el municipio más elevado de la Comunitat, a 1.249 metros, y primera parada de esta ruta castellonense. Además del santuario de su patrón, posee un notable casco histórico medieval, que conserva tramos de la antigua muralla, su torreón y los portales de Sant Roc y del Forn, que sirvieron de acceso a la localidad.
El románico se halla representado en la portada del cementerio; el gótico tardío, en la ermita de Loreto; y el renacentista, en la iglesia parroquial de la Asunción, con una interesante portada compuesta de diez hornacinas, así como en el palacio adosado a la prisión medieval, una casa señorial digna de verse.
Un camino de peregrinos al ritmo de cantos gregorianos
Para tomar conciencia, aún más, de la belleza del entorno hay que adentrarse en el Camino de los Pelegrins de Les Useres. Un recorrido que conecta poblaciones entre montañas y pasa por antiguas masías, ermitas medievales, castillos, yacimientos arqueológicos y fuentes. Como no podía ser de otra manera, es escenario de una ancestral peregrinación, catalogada como Bien de Interés Cultural Inmaterial, que nos transporta a la Edad Media. La protagonizan trece peregrinos y sus acompañantes al ritmo de cantos gregorianos y letanías a la luz del amanecer. Se parte de un itinerario de gran recorrido, el GR-33, llamado -aviso a navegantes- Sendero de la Luna Llena.

Este camino pasa por tierras de Xodos, que es otro de los pueblos a tener en cuenta en esta ruta alrededor del Penyagolosa. Está colgado en la ladera de una muela junto al río Alcalatén, al estilo de Frías, en Burgos, así que sus calles son estrechas y empinadas. Del castillo ha sobrevivido la torre del homenaje, parte de la muralla y una segunda torre que servía de entrada a la villa. También se merece una visita la iglesia de San Pedro, que es gótica. De nuevo, con la bendición de su naturaleza privilegiada, en medio de la cual se encuentra la ermita de San Juan Bautista (s. XIV) o la de San Cristóbal, en lo alto de una colina.
Villahermosa del Río, pueblo con encanto y senderismo
Es un paisaje compartido con Villahermosa del Río, hermosa desde luego. Solo su enclave ya es encomiable, rodeada como está de montañas que superan los 1.500 metros. El Penyagolosa, pero también el Peñagolosilla, el Marcén, la Sierra de la Batalla o la Torre Alta. Entre sus reclamos más poderosos está la cascada del río Carbo, a la que se llega por una senda que no entraña dificultad, o la ermita de San Bartolomé, a unos ocho kilómetros del núcleo urbano, construida entre finales del siglo XIII y principios del XIV. Junto a la ermita está la casa del ermitaño y la hospedería, convertida en hotel rural. En el interior se conservan tablas góticas y altares y pinturas barrocas.

No hay que pasar por alto el pueblo en sí. Un paseo por sus recoletas calles conduce hasta la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Natividad, que, sorprendentemente, atesora una valiosa colección de arte sacro, fechada entre el siglo XIV y el XV. Se trata de retablos góticos en su mayoría, entre los que destaca el centrado en los Gozos de María, de tres calles y tres pisos con imágenes de la Virgen de la Leche, la Ascensión o la Natividad. Como curiosidad, se conservan restos de un retablo de tema escatológico. No faltan objetos litúrgicos y artísticos, como la escultura gótica de San Bartolomé o un cáliz renacentista.
Otros pueblos a visitar en el Castellón interior
El itinerario puede continuar por Lucena del Cid, conocido como la Perla de la Montaña, pero a solo 33 kilómetros de la costa. Tanto es así que está considerado uno de los municipios con más desnivel de Europa. Además, con un bello casco antiguo, con palacio ducal, El Castell, que ha pasado a ser museo etnológico; L’Oró, una antigua torre vigía de origen musulmán, o la ermita de San Antonio Abad. ¿Una ruta de senderismo? La Ruta dels Molin's d'Aigua. Aún quedarían Castillo de Villamalefa, Costur, Figueroles o Les Useres. Belleza a raudales.