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Ni Atenas ni Santorini, esta es la ciudad griega favorita de la reina Letizia: la eligió para sus vacaciones privadas
Tesalónica es la segunda ciudad más grande de Grecia y, aunque no es una de las más visitadas, está plagada de historia y patrimonio.
Cuando hablamos de viajar a Grecia, se nos viene a la mente Atenas. O tal vez Mykonos o Santorini. Pero rara vez pensamos en Folegandros, la isla griega desconocida de las playas vírgenes, ni en Paxos, donde las villas privadas de lujo se dejan bañar por aguas turquesas. Tampoco en Tesalónica, con tanta historia que fue nombrada así en honor de la hija del rey Filipo II de Macedonia. Una coincidencia curiosa, porque la segunda ciudad más poblada del país sigue teniendo algo de regia.
Tal vez sea por eso por lo que la reina Letizia la eligió para veranear este año. Con ella se llevó, por supuesto, al rey y a sus hijas. Al fin y al cabo, la ciudad siempre ha estado unida a la realeza; fue el rey Casandro de Macedonia quien la fundó entre el 316 y el 315 a. C. sobre los restos de la antigua Terma.
La historia de Tesalónica y sus lazos con España
Debido a su situación privilegiada en el golfo Termaico, Tesalónica (o Salónica, como se la conoce popularmente), ha estado poblada desde la Edad del Bronce, aunque su origen como ciudad se remonta al periodo helenístico. Tras los macedonios, sería conquistada por los romanos, de quienes aún se conservan restos del foro y monumentos como el Arco de Galerio.

Más tarde se asentarían allí los bizantinos, que tuvieron que sufrir el asedio de los eslavos, de la flota sarracena y de los reyes normandos. Ya en el siglo XV fue ocupada por los otomanos, en un momento en el que en nuestro país los Reyes Católicos reinaban con mano de hierro.
Aunque hay más de 3.000 kilómetros entre la ciudad y España, la expulsión de los judíos del país afectó al territorio otomano, donde buena parte de la población pasó a estar compuesta por los judíos sefardíes que habían sido obligados a abandonar España. Se calcula que llegaron unos 20.000 y, todavía allí, publicaron periódicos en español y, de algún modo, mantuvieron un trocito de su tierra allá en el este de Europa.
A principios del siglo XX, Tesalónica pasó a formar parte de Grecia y poco después quedaría casi arrasada por completo debido a un incendio. Tras las guerras, la ciudad fue reconstruida. Sin embargo, el horror de los conflictos bélicos ha quedado reflejado en el Museo de la Guerra de Salónica.
Un paseo por la Grecia más bella
Basta con ver las olas del mar Egeo lamiendo sus costas para convencerse de que Tesalónica es bonita. Con ganas. También es paseable, caminable, recorrible. Todo está más o menos cerca, y a todo se puede llegar a pie. Un ejemplo claro: desde la Plaza Aristóteles, junto a la costa, al cementerio militar Zeitenlik, en honor a los caídos en la Primera Guerra Mundial, hay poco más de 30 minutos andando.
Al pasear, da igual donde vayamos, nos sale al encuentro el aroma a café. O más bien a frappé, la bebida helada que se inventó en esta ciudad. La gastronomía goza de una gran importancia aquí. Precisamente en 2021 la UNESCO la nombró Ciudad de la gastronomía y los entendidos la consideran la ciudad donde mejor se come de Grecia. Mientras peinamos las calles, se pueden ver multitud de puestos que lo corroboran vendiendo, koulori, bougatsa o kalamari.
Es un buen plan tomar un aperitivo para llevar de camino a los principales monumentos. El más importante quizás sea la Torre Blanca: un torreón construido en tiempos del Imperio Otomano sobre otra aún más antigua que, con el paso de los años, se ha convertido en un verdadero icono de la ciudad.

Pero no es lo único que merece la pena admirar. Al pasar por el casco antiguo nos encontramos con monumentos como el ya mencionado Arco de Galerio, construido en el siglo IV d.C.; el Foro Romano, del siglo II d.C.; la muralla, del siglo IV; la basílica paleocristiana Panagía Ahiropíitos o los preciosos mosaicos de la iglesia de San Demetrio, patrón de Tesalónica.
Descubriendo Ano Poli
Tras una larga cuesta nos encontramos con Ano Poli, la Ciudad Alta: una zona repleta de historia que, de algún modo, sobrevivió al incendio de 1917. Su nombre no es casual: desde aquí se tienen unas vistas impresionantes de todo lo que queda sobre nosotros, incluido el Golfo Termaico.
Su muralla es bizantina y las partes que se mantienen en pie (que no son muchas) son precisamente las que nos permiten observar la belleza que se extiende a nuestros pies. También es de esta época el Eptagyrgio: una antigua fortaleza cuyo nombre se traduce como “las siete torres”, que más tarde sería usada como prisión.
Las calles son de piedra y parece que nunca se cansan de sumir. Las casas, de estilo puramente griego, comparten espacio con monumentos como el monasterio patriarcal de Vlatadon, la Torre Alysseos o la iglesia de San Pablo, cuya impresionante cúpula roja domina el paisaje de la ciudad.