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Este tren recorre el norte de España en un trayecto increíble: une dos ciudades preciosas
Este tren recorre el norte de España en un trayecto increíble: une dos ciudades preciosas
Lejos de la alta velocidad, el tren Ourense–Monforte de Lemos atraviesa viñedos imposibles, cañones fluviales y pequeñas estaciones que explican la Ribeira Sacra desde la ventana.
El tren que une Ourense con Monforte de Lemos cubre el trayecto en menos de una hora, pero concentra en ese tiempo buena parte del paisaje y de la historia reciente del interior de Galicia. La línea se desliza junto al río Sil, atraviesa viñedos trabajados en pendientes extremas, encadena túneles excavados en la roca y se detiene en estaciones pequeñas que siguen articulando el territorio. No es un recorrido turístico, pero basta mirar por la ventana para entender por qué este tramo ferroviario es una de las mejores formas de entrar en la Ribeira Sacra sin intermediarios.
Este recorrido atraviesa el corazón interior de Galicia, lejos de la costa y de las rutas más evidentes. Y eso es parte de su atractivo. El tren bordea el río Sil durante largos tramos y conecta dos ciudades que funcionan muy bien como inicio y final de una escapada: Ourense, con su energía urbana y sus balnearios naturales, y Monforte de Lemos, capital natural de un territorio marcado por el paisaje y la historia.
Ourense, punto de partida con ritmo propio
Empezar el viaje en Ourense tiene sentido. Es una ciudad viva, bien comunicada y con una relación muy clara con el agua. Aquí el termalismo no es un solo un reclamo: es parte de la vida cotidiana. Las termas del Miño, abiertas y gratuitas, funcionan como punto de encuentro local y como bienvenida perfecta antes de subir al tren.
Ourense también aporta contexto urbano al viaje. Su casco histórico, compacto y fácil de recorrer, contrasta bien con lo que viene después. Desde la estación, el tren sale hacia el norte siguiendo el curso del Miño primero y adentrándose poco a poco en una Galicia más interior, más silenciosa.

Un viaje en tren que se transforma en cada kilómetro
A medida que el tren avanza, el paisaje cambia de forma gradual pero constante. Las zonas más abiertas dan paso a valles encajados, las riberas se estrechan y empiezan a aparecer las laderas cubiertas de viñedo. No es una línea de alta velocidad ni falta que hace: la velocidad moderada permite mirar por la ventana sin sensación de ir perdiéndose algo.
Uno de los grandes protagonistas del trayecto es el río Sil. Durante varios tramos, el tren lo acompaña muy de cerca, casi a su misma altura. Desde el vagón se ven los bancales imposibles donde se cultiva la vid, pequeñas bodegas, caminos de servicio y pueblos colgados sobre la pendiente. Es la viticultura heroica de la Ribeira Sacra en versión ferroviaria.
El tren atraviesa túneles cortos y largos, cruza puentes metálicos como el de Os Peares y se detiene en estaciones que parecen diseñadas para explicar el territorio: A Rúa–Petín, Quiroga, Pobra do Brollón. Paradas breves que recuerdan que esta línea no nació para el ocio, sino para conectar comarcas durante décadas. Precisamente por eso conserva autenticidad.

Viajar sin coche por la Ribeira Sacra
Uno de los grandes valores de este recorrido es que permite entrar en la Ribeira Sacra sin coche. Algo poco habitual en una zona donde muchas visitas dependen de carreteras secundarias para llegar a lugares como a Praia da Cova o a San Estevo, un monasterio convertido en Parador. Desde algunas estaciones intermedias se puede acceder a rutas de senderismo, bodegas o pequeños núcleos rurales si se planifica con algo de tiempo.
El viaje, además, funciona bien en cualquier época del año. En primavera y verano el verde domina el paisaje; en otoño, los viñedos tiñen las laderas de tonos ocres y rojizos; en invierno, el Sil baja con fuerza y el conjunto gana dramatismo con su característica niebla, todo un paisaje gótico. Sentarse junto a la ventana y dejar pasar el paisaje es, aquí, parte esencial del plan.

Monforte de Lemos, el mejor destino natural
El final del trayecto es Monforte de Lemos, una ciudad que actúa como centro logístico, histórico y cultural de la Ribeira Sacra. La llegada en tren tiene algo de simbólico: Monforte fue durante décadas un importante nudo ferroviario en Galicia, y la estación (ahora en obras) sigue recordándolo.
Monforte fue capital del antiguo Condado de Lemos y conserva edificios que hablan de ese pasado, como el Colegio de Nuestra Señora de la Antigua, conocido como los Escolapios, uno de los conjuntos monumentales más importantes de Galicia. También el Monte de San Vicente, con la Torre del Homenaje y el antiguo monasterio que hoy alberga el Parador, ayuda a leer la ciudad desde arriba.
Monforte es además un buen lugar para detenerse a comer. Las pulperías tradicionales, los bares del centro y la oferta de cocina local hacen que el viaje no termine al bajar del tren.
Un trayecto que explica el territorio
Para quien quiera entender la Ribeira Sacra más allá de los miradores y las fotos, este trayecto es una introducción excelente. No sustituye a las visitas por carretera, pero es cierto que las complementa con algo que se está perdiendo: el tiempo de observación.
El tren Ourense–Monforte de Lemos no es una experiencia de lujo ni pretende serlo. Es cómodo pero humilde, accesible y auténtico. Permite unir dos ciudades con personalidad propia y atravesar uno de los paisajes más singulares del norte de España sin estrés ni mucha planificación.
En un momento en el que viajar suele significar optimizar tiempos y acumular destinos, este recorrido propone lo contrario: sentarse, mirar y dejar que el paisaje marque el ritmo. Hoy, todo un privilegio.