24 horas en Bangkok: descubre la ciudad más vibrante de Tailandia entre rascacielos y mercados flotantes
Atardece sobre los tejados del Gran Palacio de Bangkok. Foto : Sophia Isabela

24 horas en Bangkok: descubre la ciudad más vibrante de Tailandia entre rascacielos y mercados flotantes

La ciudad mezcla lo sagrado y lo caótico, el lujo y el callejón, el templo y el rooftop. En 24 horas, es posible probar todo lo que la hace irresistible.

Aleks Gallardo | Enero 10, 2026

Más que una urbe planificada, Bangkok es algo más parecido a un organismo vivo. Fundada en 1782, fue diseñada para ser la capital del reino de Siam, con el río Chao Phraya como eje comercial y espiritual.

Hoy, más de dos siglos después, su estructura se sostiene sobre esa misma lógica acuática: las avenidas son los nuevos canales y los centros comerciales sustituyen a los antiguos mercados flotantes, pero el flujo —de mercancías y de personas— sigue siendo el mismo. El área metropolitana supera los 14 millones de habitantes y representa casi la mitad del PIB de Tailandia, lo que la convierte en una de las grandes potencias económicas del sudeste asiático.

Su crecimiento, sin embargo, no ha sido ordenado. Bangkok ha crecido sin pedir permiso, como un experimento urbanístico en constante expansión. Lo curioso es que funciona. Las autopistas elevadas se cruzan con los raíles del BTS Skytrain, los templos budistas se incrustan entre torres de cristal y los barrios tradicionales, como Chinatown o Talat Noi, se regeneran sin perder su carácter (o eso intentan). Según datos del Banco Mundial, la ciudad recibe más de 22 millones de turistas al año, situándose regularmente entre las urbes más visitadas del planeta.

El lujo en Bangkok no es sinónimo de silencio ni de minimalismo, sino de intensidad y contraste. Puedes salir de un centro comercial diseñado por Foster + Partners, como el IconSiam, y en cinco minutos estar comiendo en un puesto callejero con una estrella Michelin en un hotel con las mejores vistas del mundo

Despertar junto al Chao Phraya de Bangkok

El mejor punto de partida para entender la ciudad es el río. Durante siglos fue su eje principal, su autopista, su despensa. Hoy sigue siendo el hilo conductor de Bangkok y el escenario de algunos de sus hoteles más interesantes.

El Capella Bangkok, por ejemplo, ofrece una versión contemporánea del mejor lujo asiático: discreto, detallista y con vistas que valen más que cualquier skyline. Cada suite tiene terraza y el servicio de mayordomo se anticipa a lo que uno aún no sabe que necesita. El restaurante CÔTE, dirigido por Mauro Colagreco, es uno de los mejores de la ciudad y muestra cómo Tailandia ha aprendido a hablar el lenguaje de la alta cocina.

A pocos metros, el Mandarin Oriental Bangkok, que abrió sus puertas en 1876, mantiene su aura de institución. Joseph Conrad y Graham Greene escribieron aquí, y aunque el edificio original ha sido reformado con mimo, conserva la elegancia clásica que distingue a los grandes hoteles del mundo. Tomar un café en la Authors’ Lounge es casi una obligación para cualquier viajero con curiosidad histórica.

Desde cualquiera de estos puntos, el barco —sea público o privado— se convierte en la mejor manera de moverse. Los ferris que conectan los muelles ofrecen una panorámica constante de la ciudad: los monjes en túnicas azafrán, los tejados dorados de los templos y los rascacielos que se reflejan en el agua turbia. Una escala obligada es Wat Arun, el Templo del Amanecer, cuyas incrustaciones de porcelana brillan con la luz de la tarde.

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Vistas al río en Capella Bangkok. Foto: Capella

Comer en las alturas y comprar a ras del suelo

Bangkok es una ciudad que se mide por capas, y la gastronomía lo demuestra. Arriba, en las alturas, los rooftops dominan el panorama. El Vertigo & Moon Bar, en la planta 61 del Banyan Tree, te regalará una de las vistas más impresionantes del sudeste asiático. Las mesas al aire libre, los cócteles de autor y la cocina tailandesa contemporánea lo convierten en toda una experiencia.

Para los más sibaritas, el Sirocco, en la cúpula dorada del State Tower, mantiene su posición como uno de los grandes templos del lujo gastronómico de la ciudad. Pero hay opciones menos pretenciosass y más inteligentes, como Canvas, donde el chef Riley Sanders —formado en los mejores restaurantes de Estados Unidos— utiliza productos locales para crear menús de temporada que narran la evolución de la nueva cocina tailandesa.

Y cuando uno baja a tierra, el tono cambia radicalmente. El Or Tor Kor Market es el equivalente tailandés de un mercado gourmet europeo, pero con un caos perfectamente organizado: frutas imposibles, especias, y puestos donde probar el mejor mango sticky rice de la ciudad. Más auténtico aún es Chatuchak Weekend Market, un laberinto de 15.000 puestos que lo venden literalmente todo. Aquí se entiende lo que significa Bangkok como ecosistema económico: miles de pequeños comerciantes que mantienen viva la economía informal.

Si el cuerpo pide algo más calmado después, el Warehouse 30, en el barrio de Bang Rak, mezcla tiendas de diseño, cafés y espacios de arte en antiguos almacenes portuarios. Es el reflejo de una nueva Bangkok. 

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El Vertigo & Moon Bar, en la planta 61 del Banyan Tree. Foto: Banyan Tree

Noche de luces, día de templos

Bangkok tiene una vida nocturna difícil de imitar. En el Tep Bar, entre muros de ladrillo y luces bajas, los cócteles se preparan con ingredientes tradicionales tailandeses y se acompañan de música en directo. Es un lugar para entender cómo los jóvenes locales reinterpretan su herencia cultural. 

Cuando el sol vuelve a salir, los templos ofrecen el contrapunto de serenidad. Wat Phra Kaew y el Gran Palacio siguen siendo impresionantes incluso para quienes ya han visto medio mundo. Es recomendable llegar temprano para evitar el calor y la multitud. Muy cerca, Wat Pho, con su Buda Reclinado de 46 metros, es uno de esos lugares donde el turismo masivo no logra borrar la espiritualidad del espacio.

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Wat Phra Kaew y el Gran Palacio. Foto: Pexels

Y para vivir la experiencia que tenías en mente desde que planeaste tu viaje a Bangkok, el Damnoen Saduak Floating Market, a unos 100 kilómetros del centro, sigue funcionando cada mañana. Las mujeres en barcas vendiendo fruta y fideos forman una escena que habrás visto mil veces, aunque hoy se sostenga también gracias a los visitantes.

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El Buda Reclinado de 46 metros en Wat Pho. Foto: Pexels

Algo está cambiando en Bangkok

El IconSiam, un centro comercial de 750.000 metros cuadrados a orillas del río, incluye un museo de arte contemporáneo, un mercado interior inspirado en los tradicionales y un hotel de lujo con vistas panorámicas. Su impacto arquitectónico y económico es comparable al del Marina Bay Sands en Singapur.

También merece mención el Bangkok Art and Culture Centre (BACC), epicentro del arte contemporáneo local, y los espacios que lo rodean, donde florecen galerías, cafés y pequeñas marcas. Bangkok está aprendiendo a mirar hacia adelante sin borrar su pasado.

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Damnoen Saduak Floating Market, a unos 100 kilómetros del centro. Foto: Marek Okon (Unsplash)

24 horas que parecen más

Pasar un solo día en Bangkok nunca es suficiente, pero es una buena manera de entender de qué está hecha: de contrastes que conviven sin pelearse. Desayunar junto al río, cenar a 200 metros de altura, perderse en un mercado que huele a cilantro y volver a encontrarse en un hotel donde el silencio es un lujo. En pocas ciudades el caos resulta tan estimulante ni el lujo tan orgánico.

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El típico ajetreo de una ciudad como Bangkok. Foto: Geoff Greenwood

TURIUM TIPS

Desayuna con vistas al río: empieza el día en el Capella Bangkok o en el Mandarin Oriental. Ambos sirven desayunos frente al Chao Phraya con frutas locales y servicio impecable. El silencio a esa hora es un lujo escaso en la ciudad.
Visita los templos al amanecer: llega a Wat Arun o Wat Pho antes de las 8:00. Evitarás la multitud y el calor, y verás cómo los monjes empiezan sus rezos diarios. Bangkok se entiende mejor a esa hora.
Come donde comen los chefs: el chef David Thompson, de Nahm, recomendaba el Jay Fai, puesto callejero con estrella Michelin donde se sirven los mejores omelets de cangrejo del mundo. Prepárate para hacer cola.
Tómate un cóctel en altura: el Vertigo & Moon Bar (Banyan Tree) y el Tichuca Rooftop Bar son los mejores para ver el atardecer. El segundo tiene una instalación lumínica vegetal que parece flotar sobre el skyline.
Escápate al mercado flotante entre semana: el Damnoen Saduak puede ser caótico los fines de semana. Si puedes, visita el Amphawa Floating Market un viernes: más auténtico, con menos turistas y mejores precios.