Accesible y preciosa en todas las estaciones del año: esta es la mejor ruta de senderismo del Pirineo
Un hayedo creciendo sobre lava, senderos sin desnivel y un bosque que se recorre despacio. La Fageda d’en Jordà es una de las rutas más accesibles y singulares del entorno pirenaico.
Por muchas fotos que veas de los bosques de la Fageda d’en Jordà, es uno de esos lugares que solo se pueden apreciar del todo in situ, caminándolos. No impresiona por su altura, ni por las vistas abiertas, ni por presumir de grandes hitos arquitectónicos como una ermita escondida en un volcán de la Garrotxa. Lo que ofrece es otra cosa: un bosque de hayas creciendo donde no debería, sobre una antigua colada de lava, a apenas 500 metros de altitud y en un terreno sorprendentemente plano. En el contexto del Pirineo, asociado casi siempre a desniveles y mucho esfuerzo, la Fageda ofrece una ruta de senderismo sorprendentemente accesible.
Está situada dentro de la Zona Volcánica de la Garrotxa, uno de los conjuntos volcánicos mejor conservados de la península ibérica, con más de cuarenta conos volcánicos y numerosas coladas visibles. La Fageda se asienta sobre la lava del volcán Croscat, fragmentada con el paso de los siglos hasta crear un suelo poroso, irregular y muy fértil. Ese suelo es el responsable de una de las sensaciones más características del paseo: al caminar, la madera cruje bajo los pies, amortiguando el sonido y obligando a bajar el ritmo.
La Fageda d'en Jordà, un bosque que desafía toda lógica
El haya (Fagus sylvatica) es un árbol propio de climas fríos, húmedos y de mayor altitud. Encontrarla aquí, en una cota baja y en un entorno mediterráneo, es una rareza botánica. La explicación está en el microclima que genera el terreno volcánico: humedad constante, buen drenaje y temperaturas más estables. No es un bosque plantado ni recreado, sino un ecosistema consolidado que ha encontrado su equilibrio.
La Fageda no es homogénea. Hay zonas de troncos muy rectos y juntos, claros donde la luz entra con fuerza, pequeñas ondulaciones del terreno que recuerdan el origen volcánico y rincones donde el musgo cubre casi por completo la lava. Cada estación cambia la lectura del bosque: el verde denso de primavera y verano, los tonos ocres y rojizos del otoño y la desnudez del invierno.

Esta es la ruta de senderismo perfecta
El recorrido más habitual es circular, corto y muy accesible. Parte de áreas como Can Serra y se adentra en el hayedo por senderos anchos, bien señalizados y sin desniveles relevantes. Se puede completar en poco más de una hora, aunque lo normal es tardar más.
No hay miradores espectaculares ni cascadas enormes. El atractivo está en la repetición y en los detalles: el sonido del suelo, la textura de los troncos, los cambios de luz según la densidad del bosque. Es una ruta adecuada para cualquier edad y condición física, lo que la convierte en una de las mejores puertas de entrada al senderismo para quien no busca retos técnicos.
El agua está presente en la humedad del terreno, en pequeños cursos laterales y en zonas encharcadas tras la lluvia. En primavera y otoño, estos elementos ganan protagonismo y refuerzan la sensación de bosque vivo.

Cuándo ir y cómo evitar la saturación
La Fageda d’en Jordà es visitable todo el año, pero el otoño concentra buena parte de su fama. Entre finales de octubre y principios de noviembre, el cambio de color de las hojas convierte el bosque en un imán visual. Es también el momento de mayor afluencia, especialmente los fines de semana.
Para disfrutarla con más calma, conviene madrugar o acercarse a última hora del día. La primavera ofrece una experiencia más tranquila, con menos visitantes y una luz muy limpia. En verano, la sombra constante convierte el paseo en un refugio natural frente al calor. El invierno, por su parte, ofrece una versión más austera y silenciosa, solo apta para quienes buscan una experiencia más introspectiva.
Las normas del parque forman parte del recorrido: no salirse de los caminos, no recolectar elementos naturales y respetar los accesos regulados durante la temporada alta.
Dónde dormir para organizar bien la visita
Para conocer la Fageda con lógica y sin prisas, Olot funciona como base ideal. Está a pocos minutos en coche, concentra alojamientos, restauración y servicios, y permite combinar el paseo por el hayedo con otros volcanes y rutas del parque natural sin cambiar de ubicación. Dormir en Olot facilita entrar temprano al bosque, evitar horas punta y, además, nos permite volver con tiempo para pasear por la ciudad, que es preciosa
Quien prefiera un entorno más rural puede optar por pueblos cercanos como Santa Pau o Les Preses. Santa Pau suma, además, uno de los cascos medievales mejor conservados de la comarca y una relación muy directa con el paisaje volcánico. Alojarse aquí permite vivir la Garrotxa desde una escala más pequeña, sin renunciar a la cercanía de la Fageda.

Comer como continuación del paseo
La visita a la Fageda suele ocupar media jornada, y lo natural es completar el plan alrededor de una mesa cercana. En Olot y su entorno, la cocina se apoya en producto local y recetas reconocibles, con una fuerte presencia de la tradición catalana. Restaurantes como La Deu, situado junto a la Font Moixina, encajan bien tras la caminata: entorno tranquilo, platos de cocina catalana bien ejecutados y un ritmo que invita a alargar la sobremesa.
En Santa Pau, la oferta gastronómica acompaña el carácter del pueblo, con restaurantes que trabajan producto de la Garrotxa, carnes, verduras de temporada y platos de cuchara en los meses fríos.
La Fageda d’en Jordà es una pieza central, pero no aislada. Muy cerca se encuentran el Volcà Croscat, cuya silueta abierta permite entender la estructura interna de un volcán, y el Volcà de Santa Margarida, con su cráter circular y la pequeña ermita en el interior. Ambos se recorren sin dificultad y amplían la lectura geológica del paisaje.
Para quienes buscan agua en movimiento, los alrededores de Sant Joan les Fonts ofrecen rutas de senderismo junto al río Fluvià, con puentes medievales y saltos de agua accesibles que completan bien un fin de semana en la zona.
En una comarca tan rica como la Garrotxa, la Fageda no eclipsa otros planes; los ordena. Por eso suele ser el primer paseo… y rara vez el último.
