Esta aldea Hobbit no es Nueva Zelanda: está en un pueblo a dos horas de Madrid
Muy cerca de Madrid, en la provincia de Burgos, se encuentra Moradillo de Roa: un pueblo cuyas construcciones subterráneas recuerdan a las de El Señor de los Anillos.
En el mundo hay lugares que parecen de otro planeta, como si los hubiera inventado una imaginación demasiado despierta o un exitoso autor de literatura fantástica. Hablamos de destinos como Göreme, un pueblo de la Capadocia turca cuyas chimeneas de las hadas parecen, directamente, sacadas de Marte. Pero también de otros más cercanos, como Moradillo de Roa, que parece una verdadera aldea Hobbit.
Este pequeño municipio burgalés no es el único de España que podría haber sido sacado del cuaderno de Tolkien. El éxito de la franquicia cinematográfica a comienzos de los años 2000, así como de la novela que la inspiró, ha hecho que, desde Galicia hasta la Sierra de Gredos, podamos encontrar hoteles inspirados en El Señor de los Anillos.
Así es Moradillo de Roa, la aldea Hobbit española
Sin embargo, este pueblo a menos de dos horas de Madrid es diferente a lo que encontramos en otros lugares. Sus curiosas construcciones subterráneas no se inspiraron en las películas de Peter Jackson, sino que surgen de la estrecha relación de esta población con el mundo vitivinícola. Al fin y al cabo, se encuentra situado en la Ribera del Duero, una zona conocida por sus vinos tintos, con Denominación de Origen Protegida.
De hecho, el origen de algunas de las bodegas que se ocultan bajo tierra está en el siglo XV. Cuatrocientos años antes de que Tolkien creara a los hobbits, unas criaturas pequeñas y bonachonas que vivían en casitas enterradas en la ladera de un monte, en la provincia de Burgos ya existía algo muy parecido a La Comarca, justo en el ascenso al cerro de la iglesia de San Pedro.

Este pueblo, que ha ido perdiendo habitantes con el paso de los años, también fue dejando sus bodegas en el olvido. Sin embargo, el Ayuntamiento decidió emprender un plan para rehabilitarlas, de forma que no se perdiera esta parte del patrimonio histórico tan vinculada a la cultura. ¿El resultado? La restauración de numerosos locales subterráneos y la elaboración del vino El Cotarro y la cerveza de vendimia, que combina los sabores de la uva y la cebada.
Un paseo por las bodegas de Moradillo de Roa
Montes suaves, pastos verdes y un cielo de color azul intenso que a menudo se pinta con el blanco de las nubes. Sobre un cerro que apenas pronuncia una curva sobre el horizonte, este pueblo con casas bajas de tejados rojos se ha convertido en uno de los lugares más curiosos de Castilla y León.
Por supuesto, no hay nada raro en que en la Ribera del Duero haya bodegas. Lo curioso es que aquí se cuentan por cientos y prácticamente igualan al número de vecinos. La localidad está tan vinculada al vino que cuenta con 157 bodegas para 167 habitantes, pues prácticamente todas las familias han tenido o continúan teniendo viñedos.

Y es que los refugios que comenzaron siendo lugar de encuentro, donde charlar y disfrutar tras los eternos días de trabajo en el campo, se han convertido en parte de la identidad de la zona y de sus gentes. Por eso Ayuntamiento y vecinos llevan diez años trabajando codo con codo para que estas construcciones tradicionales no solo no se pierdan, sino que vuelvan a servir su función.
Y lo han conseguido, con más de 50 bodegas restauradas. Pero es que, además, han conseguido insuflar vida a un pequeño pueblo de la España vaciada, dándole atractivo turístico y, lo que es aún más importante, una nueva vida.