Dicen que este es el pueblo más bonito de Asturias: tiene una cueva santa y lagos mágicos
En Covadonga se dan cita la devoción mariana, la tradición histórica y una exuberante naturaleza. El Real Sitio es lugar para todo tipo de peregrinos. A la cueva y la basílica se suma el paisaje idílico de los lagos y los Picos de Europa.
Este es un lugar sagrado desde todos los puntos de vista. Decir Covadonga nos lleva a la Santina, a su cueva y a su basílica por el mismo camino que sube a los lagos, en el entorno de Picos de Europa. En cualquier caso, se trata de devoción. Cómo no sentirla en medio de este paisaje. Llueve mucho en Asturias, pero aquí están los resultados. Y hay muchas vacas, como en los cuadros de Troyon, el francés que perteneció a la Escuela de Barbizon, el pueblo más bonito de Francia. Todo es virginal, espiritual y bucólico.
De la Santina a Don Pelayo, culto e historia en Covadonga
Llegamos a Covadonga desde el vecino Cangas de Onís, donde está el famoso puente romano que en realidad es medieval, del que cuelga la emblemática cruz. El punto de partida lo hemos elegido a propósito, para honrar a la que fue la primera capital del antiguo Reino de Asturias y a su rey. Don Pelayo, el caudillo que venció a los árabes en la batalla de Covadonga en el año 722, dando comienzo a la Reconquista, aparece por todas partes. No hay rincón aquí que no sea simbólico y forme parte de la misma plegaria.

Desde Cangas, el Real Sitio está a un suspiro. Lo primero que recibe al viajero-peregrino, tras dejar el coche en el Repelao, es la Santa Cueva, en las estribaciones del monte Auseva. La Cova Dominica, Cueva de la Señora en latín, ha dado su nombre a Covadonga. Es un lugar de culto y un lugar mágico. Sobran los motivos. Cobija a la Virgen de Covadonga, en una imagen del siglo XVI, y el sepulcro del legendario Pelayo. Según la tradición, aquí se habrían refugiado él y sus hombres durante la mítica batalla. Pero no solo es eso.
Qué ver en el Real Sitio de Covadonga
En época de lluvias o de deshielo, brota el Chorrón del río Mestas por una oquedad bajo la gruta. Una cascada espectacular que cae sobre el Pozón de aguas cristalinas. Parece un milagro. También lo parecía el templo que se erigió en el siglo VIII y se bautizó así, el Milagro, porque se pensaba que lo habían construido ángeles. Lo destruyó un incendio en 1777. La fuente de los Siete Caños, a nada de distancia, también asume su leyenda: "La Virgen de Covadonga tiene una fuente muy clara. La niña que de ella bebe, dentro del año se casa".

El asentamiento monástico está documentado desde el siglo XII y el fervor de hoy se pierde en la noche de los tiempos. Sobre el primigenio monasterio, excavado en la roca, se alza la colegiata de San Fernando, construida a finales del XVI. Así lo indican los sepulcros románicos que se conservan en el claustro. Es el edificio más antiguo del Real Sitio de Covadonga, reconocible por su color ocre. Sobre él, está la Campanona, una campana de tres metros de altura y 4.000 kilos de peso, de 1900.
Una basílica neorrománica en los Picos de Europa
El color de la basílica de Santa María la Real de Covadonga es el rosa de la piedra caliza de Peñalba. La religiosidad popular la elevó a la categoría de catedral por su prestancia y sus torres rematadas por agujas. La vemos emerger sobre el cerro del Cueto, frente al Auseva. Desde aquí se obtiene una panorámica impresionante de la gruta y alrededores.

La idea fue del erudito alemán Roberto Frassinelli y tomó forma entre 1877 y 1901 por obra y gracia del arquitecto Federico Aparici y Soriano. Es neorrománica, ajustándose a los cánones del románico, como en los viejos tiempos, con algún elemento gótico. Todo para arropar a la imagen de Nuestra Señora, que fue coronada como Reina de la Iglesia en 1918 en presencia de Alfonso XIII y Victoria Eugenia. En la explanada, se yergue la estatua de bronce de Pelayo (1964), obra de Gerardo Zaragoza.
Por qué tienes que ir a los lagos de Covadonga
Tan sagrado como el recinto propiamente religioso es el paisaje. Lo sabían bien los primeros monjes. Hay que contemplarlo desde el mirador de los Canónigos, como hacían ellos, ya en la carretera que sube a los lagos. Es el primer mirador que sale a nuestro encuentro. En total, hay 27. Después está el de la Reina (Victoria Eugenia), abierto sobre los Picos de Europa y con un horizonte que roza el litoral de Ribadesella y Llanes, un pueblo con playas preciosas y calas secretas. Lo de los lagos, a 12 kilómetros de la basílica, es otro mundo.

Una atmósfera inundada de lirismo que ha sido inspiración y reclamo para viajeros, artistas, senderistas y científicos. Da igual que sea el lago Ercina, a la sombra de la cumbre de Peña Santa, que el Enol, donde está sumergida una imagen de la Virgen, que cada 8 de septiembre es rescatada por los buzos para sacarla en procesión.
Como mejor se ven es desde el mirador de Entrelagos, en la loma que los separa. La ruta que va de uno a otro es circular y pasa por un tercero, el Bricial, que, en el fondo, es una laguna temporal que se forma en primavera con el deshielo, a los pies del pico del mismo nombre y frente al hayedo del monte Palomberu. Las hayas son otro de los tesoros del Parque Nacional de los Picos de Europa y con idéntico aire regio.