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Este monasterio se hizo famoso por el gran poder de sus abadesas: es una joya medieval
Este monasterio se hizo famoso por el gran poder de sus abadesas: está en el norte de España y es una joya medieval única
Aquí se nombró caballeros a futuros reyes, se les coronó y se les dio sepultura. Ningún otro monasterio acumuló tanto poder durante la Edad Media como el de Las Huelgas, en manos de sus abadesas. Es una joya del gótico cisterciense en Burgos.
No es tan recoleto como la ermita de San Pantaleón de la Losa, sobre una roca con forma de barco, en la comarca burgalesa de las Merindades. Ni tan puramente románico como las iglesias románicas del Vall de Boí, en Lleida. El monasterio de las Huelgas, también en Burgos, es un ejemplo perfecto del gótico cisterciense, con elementos tardorrománicos y mudéjares. Quien ame el arte y la historia medieval no puede dejar de traspasar el umbral de esta joya monástica, casi un castillo.
Las abadesas de Las Huelgas eran las reinas
Fue un foco de poder sin igual en la Edad Media, en manos de sus abadesas, quienes tenían jurisdicción eclesiástica, civil y criminal sobre más de 50 villas; eran la cabeza visible de otros 13 cenobios, y solo obedecían al Papa. Este ordeno y mando quedaba patente en un tocado similar a la mitra y un báculo, a la manera de los obispos. Tanto era así que se llegaba a decir: "En Castilla, tras el rey, la abadesa de Las Huelgas". Tenían a su cargo el escenario donde fueron armados caballeros Fernando III el Santo, Eduardo I de Inglaterra o Juan II.

Parece de película, pero es real. Y no se termina aquí. En Las Huelgas fueron coronados Alfonso XI y su hijo Enrique II de Trastámara. Una importancia que se vio acrecentada al quedar constituido como panteón real de los reyes que lo fundaron en 1187, Alfonso VIII de Castilla y su esposa, Leonor de Plantagenet, hermana de Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra.
De hecho, su nombre completo es Santa María la Real de las Huelgas. Real y en el terreno que se llamaba popularmente así, Las Huelgas, al no cultivarse y estar destinado a pastos. Aunque es solo una hipótesis.
Un retiro para reinas, infantas y nobles
Realmente, su fundación se debió al empeño de la reina Leonor, quien buscaba un lugar de retiro para las infantas de Castilla y demás mujeres de la nobleza, a imagen y semejanza de la abadía medieval francesa de Fontevraud, en el valle del Loira, que fue residencia de su madre, Leonor de Aquitania, viuda ya de Enrique II, y donde ambos están enterrados.
Aquel deseo le fue concedido por el papa Clemente III, al que el matrimonio correspondió donando al cenobio un considerable patrimonio en tierras.

No obstante, para ser abadesa mitrada había que tener sangre real o aristócrata. Así, la primera fue la infanta doña Misol, que llegó a Burgos en compañía de un grupo de monjas del monasterio navarro de Tulebras, la primera fundación femenina del Císter.
Después, lo sería la infanta Constanza, hija de los reyes fundadores. Sus privilegios se mantuvieron durante siglos, hasta que en el XIX fueron suprimidos por Pío IX. Aun así, el recinto sigue habitado por monjas cistercienses, consagradas a la oración. Nada que ver con el poder de antaño.
Qué ver en el monasterio de Las Huelgas
Las Huelgas se muestra en todo su esplendor gótico, pues terminó de construirse avanzado ya el siglo XIII, aunque con la sobriedad característica de la orden cisterciense. Conserva la capilla de la Asunción de la antigua iglesia mudéjar, así como el claustro románico, conocido como las Claustrillas, con 12 arcos por lado, apoyados sobre columnas dobles con capiteles de ornamentación vegetal. El monasterio en sí tiene todas las trazas de una fortaleza, como correspondía a su estatus. Llegó a contar incluso con muralla, de la que se conservan dos puertas: una para el público general y otra únicamente para las religiosas.

Es ya gótico el claustro de San Fernando, con galerías cubiertas con bóvedas de cañón y restos de yeserías hispanomusulmanas policromadas, y donde se abre la sala capitular. En sus paredes está expuesto el pendón de las Navas de Tolosa, aunque, al parecer, era el dosel de una tienda de campaña almohade. En cualquier caso, botín de guerra de las tropas cristianas en la batalla más importante de la Reconquista (1212).
Desde dicho claustro se accede al Museo de Telas Medievales, instalado en el viejo granero. Atesora objetos y telas del XIII y XIV, que sirven para hacerse una idea de cómo era la vida y costumbres de las gentes de entonces.
Sepulcros de reyes y un códice musical
En cuanto a la iglesia, sigue el modelo cisterciense, pero con cierto afrancesamiento. Un modelo que fue replicado en la propia catedral de Burgos, en la de El Burgo de Osma y en otras.
En la fachada septentrional luce arcos pareados entre contrafuertes. Aunque más escondido que de costumbre, está bendecida con el típico rosetón. En el interior, más allá de las bóvedas, el órgano barroco, el gran retablo del XVIII y el púlpito de hierro forjado, se hallan los impresionantes sepulcros de numerosos infantes y reyes. Entre ellos, los de Leonor de Castilla, reina de Aragón; Berenguela de Castilla, hija de Fernando III el Santo, y Blanca de Portugal.
Con todo, no acaba aquí la lista de tesoros de Las Huelgas. En el terreno destinado a la huerta se esconde la capilla de Santiago, mudéjar y en piedra y ladrillo, que alberga una imagen del santo del siglo XIII utilizada para armar caballeros a los miembros de la realeza. El Códice Musical, de otra parte, es un manuscrito medieval que contiene todo el repertorio de las monjas del monasterio. Se tiene por una de las fuentes europeas más relevantes de la polifonía del Ars antiqua.