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Gijón para principiantes: las claves para visitar la ciudad del norte donde mejor se vive
Gijón para principiantes: las claves para visitar la ciudad más bonita del norte y donde mejor se vive
Pocas ciudades españolas tienen una playa urbana como San Lorenzo, un barrio como Cimavilla y una cultura gastronómica capaz de convertir una comida de domingo en un asunto de cinco horas. Gijón juega en otra liga cuando se trata de vivir bien.
Cuando Woody Allen visitó Asturias por primera vez a comienzos de los años dos mil, Gijón todavía no era la ciudad a la que todos miran con ojitos de envidia. El turismo nacional miraba más hacia San Sebastián o Santander, y el relato sofisticado del norte todavía no había aterrizado del todo en Asturias (ni falta que hacía).
Allen pasó varios veranos aquí después de recibir el Premio Príncipe de Asturias en Oviedo en 2002. Paseó por San Lorenzo, frecuentó restaurantes de la costa y habló públicamente de su fascinación por la región en varias entrevistas internacionales. Años después, aquella mezcla de lluvia, gastronomía, paisaje atlántico y vida urbana tranquila que encontró en Asturias se convirtió casi en un símbolo aspiracional para muchos viajeros estadounidenses y europeos.
Gijón ha cambiado mucho desde entonces, aunque mantiene intacta una parte importante de su personalidad. Sigue siendo una ciudad atravesada por el mar, por la tradición sidrera y por una cultura obrera todavía palpable en las barras y en la forma de ocupar la calle. También hay otra capa menos evidente: la del antiguo veraneo burgués, los edificios racionalistas levantados durante el crecimiento económico del siglo XX o la relación histórica con la industria naval y el puerto de El Musel. Todo eso convive hoy y hace de Gijón una ciudad única.

San Lorenzo, Cimavilla y la ciudad que mira al Cantábrico
La Playa de San Lorenzo condiciona por completo la vida cotidiana de Gijón. A primera hora aparecen corredores y surfistas incluso en invierno; a media tarde, grupos de estudiantes sentados en el muro; más tarde, familias enteras caminando frente al Cantábrico aunque el viento empiece a levantar arena. El paseo marítimo forma parte de la rutina diaria de la ciudad y mantiene una actividad constante durante todo el año. Pocas playas urbanas españolas conservan ese uso tan continuo fuera de la temporada alta.
Muy cerca empieza Cimavilla, el antiguo barrio de pescadores, levantado sobre la península que divide la playa de San Lorenzo y el puerto deportivo. Las calles estrechas, las fachadas desgastadas por la humedad y las sidrerías tradicionales definen el paisaje del barrio, aunque en los últimos años hayan aparecido pequeños alojamientos boutique, galerías y cafeterías contemporáneas.

En la parte más alta del barrio aparece el "Elogio del horizonte" de Eduardo Chillida, instalado en el Cerro de Santa Catalina desde 1990. La pieza se construyó en hormigón armado y pesa más de quinientas toneladas. El sonido del viento entrando por la estructura forma parte de la propia obra.
También merece la pena detenerse en la arquitectura del centro. Gijón conserva varios ejemplos interesantes de racionalismo y art déco vinculados al crecimiento urbano de principios del siglo XX. La Antigua Escuela de Comercio, algunos edificios cercanos a la Plaza Mayor o las fachadas de la calle Corrida (que recorrerás varias veces en tu visita) muestran una ciudad mucho más ligada históricamente a la actividad comercial y marítima de lo que suele aparecer en las postales tradicionales de Asturias.

Aunque no se encuentre en el centro de la ciudad, es imprescindible visitar La Laboral Ciudad de la Cultura, uno de los complejos arquitectónicos más singulares del norte de España. Construido originalmente durante el franquismo como universidad laboral, el edificio ocupa más de 270.000 metros cuadrados y sigue siendo una de las mayores construcciones civiles levantadas en España en el siglo XX. Hoy acoge espacios expositivos, residencias artísticas, teatro y una programación cultural que sacude Gijón.

Sidra, barras llenas y una ciudad donde se come muy bien
Antes de hablar de restaurantes, hay que entender una cosa: en Gijón la sidra manda y debes aceptarlo antes de llegar. Forma parte de la rutina diaria de la ciudad y aparece a cualquier hora. Se bebe rápido, en culines pequeños, y obliga a levantarse constantemente de la mesa mientras el escanciador encadena botellas. Lo habitual es enlazar varios sitios en la misma tarde, pedir algo para compartir y dejar que la comida se alargue bastante más de lo previsto.
La ruta clásica es esta: La Galana continúa llena prácticamente cualquier día de la semana gracias a una carta muy asturiana y una ubicación privilegiada en la Plaza Mayor. Fabada, pescados, arroz con bugre o unas buenas verdinas: aquí la gente viene a comer de verdad. Después está El Globo, donde las raciones salen sin pausa y los tortos aparecen siempre en todas las mesas. Y si apetece algo más de barrio, El Llavianu mantiene intacta esa mezcla de sidrería clásica y comedor siempre lleno que tanto gusta en Gijón.
También merece parada Las Rías, uno de esos sitios que los gijoneses recomiendan casi bajando la voz, aunque a estas alturas lo conoce media ciudad. Farragua lleva años siendo una de las mesas más interesantes de Asturias gracias a la cocina de Ricardo Señorán, que mezcla referencias asturianas y extremeñas.
Muy cerca está Gloria Gijón, la casa más informal de Esther y Nacho Manzano en la ciudad. Aquí aparecen versiones especialmente afinadas de muchos clásicos asturianos: croquetas, arroz con pitu, callos o una fabada que mantiene el nivel incluso en servicio largo.
Para quienes buscan una experiencia más gastronómica en sentido clásico, Auga sigue siendo una referencia clara en la ciudad. La cocina marinera mantiene una línea elegante y bastante contenida, con vistas al puerto deportivo y una estrella Michelin.

Dormir y disfrutar de Gijón en un edificio Art Déco de 1931
Parte del encanto de Hotel El Moderne está en el propio edificio. Mucho antes de convertirse en hotel boutique, ya ocupaba un lugar importante dentro de la arquitectura gijonesa. Fue construido en 1931 por los arquitectos Manuel y Juan del Busto y sigue siendo uno de los ejemplos más reconocibles del art déco en la ciudad.
La rehabilitación del inmueble se hizo con un nivel de detalle poco frecuente. Las fachadas se restauraron respetando completamente la composición original y recuperando elementos decorativos que se habían deteriorado con el paso del tiempo. En algunos casos fue necesario reproducir piezas completas de los torreones utilizando los mismos materiales y acabados de la construcción inicial. También se conservaron las forjas originales de balcones y entrada principal, que seguían en buen estado estructural después de casi un siglo.
Después están las librerías independientes, los cafés abiertos desde primera hora de la mañana y una agenda cultural especialmente activa durante gran parte del año. El Festival Internacional de Cine de Gijón, fundado en 1963, sigue siendo uno de los eventos cinematográficos más importantes del norte de España y mantiene una programación alejada de fórmulas comerciales previsibles.