Es el pueblo más bonito y desconocido de Aragón: está en la ruta del tambor y promete una Semana Santa diferente
El castillo de la Orden de Calatrava corona la estampa de Alcañiz. FOTO : PARADORES.

Es el pueblo más bonito y desconocido de Aragón: está en la ruta del tambor y promete una Semana Santa diferente

Después de caer rendidos ante la belleza antigua de Albarracín, hacemos lo propio en Alcañiz, que es algo románico, muy gótico y luminosamente renacentista y barroco. Está en la comarca del Bajo Aragón y tiene mil y un tesoros.

Ángeles Castillo | Marzo 17, 2026

Alcañiz es otra prueba contundente de que Teruel no solo existe, rememorando el ya viejo eslogan que la sacó del olvido, sino que pisa fuerte en el terreno turístico. Lo vimos en el escondido Cantavieja, con vistas espectaculares en pleno Maestrazgo. Y ahora lo vemos en la comarca del Bajo Aragón. En su capital, la segunda ciudad más importante y poblada de la provincia, después del propio Teruel. Aquí la Semana Santa se escribe con mayúsculas, ensalzada por la Ruta del Tambor y el Bombo, cuando cientos de tambores suenan y resuenan al unísono. Como en Calanda, el pueblo de Buñuel.

Alcañiz, muy antigua y muy moderna

Por una parte, Alcañiz es muy antigua, como esta ciudad española, con un sobresaliente patrimonio artístico y cultural. Por otra, muy moderna, con el bullicio y el futurismo que conlleva el circuito de velocidad MotorLand Aragón, apuntalando una larga relación con el automovilismo que arrancó en 1965, impulsada por el doctor Joaquín Repollés. Así que en sus contornos lo mismo se puede ver una lonja al estilo italiano o unas pinturas góticas que un coche de Fórmula 1, una moto de la mayor cilindrada o una "superbike".

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Así son las pinturas góticas que ilustran el castillo calatravo. FOTO: TURISMO ALCAÑIZ.

Nos da la bienvenida, desde su posición dominante en la loma de Pui Pinos, el majestuoso castillo de los calatravos, responsable de dibujar el perfil de esta villa turolense. Se levantó en época islámica y fue donado en 1179 por el rey Alfonso II de Aragón, igual que toda la villa, a la Orden de Calatrava, que lo transformó en un castillo-convento. De entonces, siglos XII-XIV, es la capilla románica de la Magdalena, donde se armaba a los caballeros; el claustro, de estilo protogótico, y la torre del homenaje, ya gótica, lo mismo que el fabuloso conjunto de pinturas que ilustra estas paredes.

Tomar el té en las caballerizas del castillo

El conjunto se completa con el palacio de los Comendadores, barroco del siglo XVIII, donde se asienta el Parador de Turismo, que ha ganando terreno al castillo. De hecho, tiene su recepción y cafetería en las antiguas caballerizas y ha tomado para sí también lo que fue el refectorio y la sala capitular. Tras las desamortización de 1836, se usó como cuartel y cárcel, y al borde estuvo de la demolición. Se salvó al ser declarado monumento arquitectónico en 1925 y después rehabilitarse para oficiar como histórico parador.

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La iglesia de Santa María la Mayor de Alcañiz. FOTO: PARADORES.

No pasa desapercibida la iglesia barroca de Santa María la Mayor, que ocupó el lugar de su antepasada gótica, de la que solo queda la torre, de cinco cuerpos y cuatro pisos, coronados por una azotea con unas vistas que son un regalo. La construcción del templo actual se inició en 1735, tiempos de bonanza, y le fue encomendada al arquitecto aragonés Domingo de Yarza, quien estaba trabajando en la basílica de Nuestra Señora del Pilar en  Zaragoza, de la que tomó inspiración, inspirando a su vez a las iglesias del Bajo Aragón conocidas como "de estela pilarista". En su interior son de destacar las tablas góticas, de Domingo de Ram, y las renacentistas, del Maestro Balaguer.

Pasadizos subterráneos y refugios antiaéreos

De Alcañiz hay que decir que no todos sus tesoros están a la luz, porque también hay pasadizos bajo tierra de más que probable origen medieval y con carácter defensivo. Con el tiempo cambiaron su uso, y así nos ha llegado una bodega del siglo XV, que está entre la lonja y un pozo de nieve del XVII, que se abastecía de otros localizados fuera del casco urbano. Aquí se enlaza con la ruta temática Bóvedas del Frío (127 km), que empieza en este pueblo y termina en La Mata de los Olmos.

Bajo tierra están también los refugios antiaéreos de la guerra civil española, preparados en el verano de 1936 para la protección de la población civil. Al parecer, hubo alrededor de cuarenta. Se aprovecharon los bajos de la torre de la iglesia, las cuevas naturales o las bodegas de las casas solariegas. Pero otros fueron construidos en la antigua estación de ferrocarril o en los dos campos de aviación que había en Alcañiz. El que se puede visitar, con capacidad para 230 personas, está entre las calles Teniente Moore y Santo Domingo.

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La casa consistorial y la lonja son dos de las joyas de Alcañiz. FOTO: WIKIPEDIA/MGA93.

A la gloria de Alcañiz contribuye, y mucho, la casa consistorial (XVI), siguiendo el modelo renacentista italiano, con arco de medio punto flanqueado por columnas toscanas en la entrada y coronada por la clásica galería de arcos aragonesa. A su lado, trazando un perfecto ángulo en plena plaza de España, la lonja gótica, mirándose en el espejo de las "loggias" italianas del Quattrocento. En su caso, con tres arcos apuntados, dos con arquillos lobulados, y el remate de una arquería corrida del XVI.

Qué más puedes ver en Alcañiz

No son los únicos monumentos, ni mucho menos. En la iglesia de Santo Domingo, del XVI, se funde lo gótico con lo renacentista. Lo barroco se hace inmenso en las iglesias del Carmen, San Francisco y los Escolapios. Hay más palacios que rinden honores a la tipología aragonesa, en los aledaños de la calle Mayor, el barrio de los Almudines y la calle Santa Pau. Además, está el santuario de la Virgen de los Pueyos, muy popular; numerosas ermitas, curiosos edificios de estética modernista y los restos del recinto amurallado.

En este pueblo turolense no hay que perderse tampoco el molino harinero mayor, que ya se usaba en la Edad Media, en manos de la Orden de Calatrava. Actualmente, aloja las oficinas de los consejos reguladores del Melocotón de Calanda y del Aceite de Oliva Extra Virgen del Bajo Aragón. Además del Centro de los Íberos del Bajo Aragón (CIBA), con piezas íberas y romanas originales encontradas en los yacimientos arqueológicos de Alcañiz. Y, claro está, del molino, uno de los más antiguos de España y de los más grandes de su época.

TURIUM TIPS

De todas las rutas de senderismo que atraviesan Alcañiz hemos escogido la que enlaza la ermita de Santa Bárbara y el santuario de la Virgen de Pueyos. Son 11 kilómetros por un paisaje típicamente alcañizano.
El mejor alojamiento, por motivos obvios, es el Parador de Turismo. Desayunar en el claustro románico, tomar un vino en la galería del antiguo palacio, pasear por el jardín, dormir en sus coquetas habitaciones (desde 139 euros) y probar la cocina tradicional aragonesa en su restaurante La Concordia. O sea, ternasco, bacalao o jamón de Teruel.
En el Espacio Liceo, un centro cultural en pleno centro de la ciudad, se sirve la cocina vanguardista de Luis Estopiñán: bikini de longaniza de Alcañiz, patamulo y trufa negra, o semiesfera de foie rellena de crema de queso de Albarracín trufada.
En los alrededores hay tres yacimientos íberos: El Cascarujo, El Taratrato y El Palao, que integran la Ruta de los Íberos del Bajo Aragón. Además de las pinturas rupestres de Val del Charco del Agua Amarga, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, como parte del conjunto de Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica.