NO TE PIERDAS
Los mejores croissants de todo París: ruta por las panaderías favoritas de los parisinos
Estos son los mejores croissants de todo París: ruta por las panaderías favoritas de los parisinos
Encontrar el mejor "croissant" de París puede convertirse en una ruta gastronómica por la ciudad. Desde panaderías históricas hasta nuevas "boulangeries" que perfeccionan cada capa.
Si escuchas un crujido limpio al romper la primera capa, es señal de que todo ha ido bien: la mantequilla correcta, la laminación precisa, el horneado en su punto. En París, uno de los mejores planes que puedes hacer es comprar un "croissant", algo que forma parte de la rutina diaria tanto como el café de la mañana. La ciudad consume miles cada día y, pese a su apariencia sencilla, el "croissant" sigue siendo una de las piezas de pastelería más exigentes que existen.
Aunque su nombre sugiera una tradición antiquísima, el "croissant" tal como lo conocemos hoy es relativamente reciente. La receta moderna —masa hojaldrada fermentada con mantequilla— se consolidó en Francia durante el siglo XIX, inspirada en preparaciones vienesas introducidas en París por panaderos austriacos. Desde entonces se convirtió en el emblema absoluto de la "boulangerie" parisina, un símbolo cotidiano que combina técnica, producto y ritual urbano.
En la actualidad, la ciudad vive un momento particularmente interesante para la panadería artesanal. Nuevas generaciones de panaderos han recuperado fermentaciones más lentas, mantequillas de mayor calidad y harinas seleccionadas que han devuelto al "croissant" un protagonismo inesperado. Así, cada barrio tiene su referencia. Estos son algunos de los lugares que más mencionan los propios parisinos cuando surge la eterna pregunta: ¿dónde está el mejor "croissant" de París?

Ritz Paris Le Comptoir
En la rue Cambon, justo a unos pasos de la Place Vendôme, Ritz Paris Le Comptoir funciona como la extensión accesible del legendario hotel. Aquí el cruasán lleva la firma del pastelero François Perret, "chef pâtissier" del Ritz desde 2015 y una de las figuras más influyentes de la pastelería francesa contemporánea.
Perret ha reinterpretado la "viennoiserie" clásica con una obsesión especial por la textura. Su cruasán destaca por una laminación extremadamente regular y por una mantequilla muy aromática que nunca resulta pesada. En el Comptoir se puede encontrar incluso una versión alargada, en forma de batón, pensada para mantener mejor la textura del hojaldrado y facilitar el consumo en formato "take away".

Cortado
En el Marais, Cortado se ha convertido en uno de los cafés más comentados de los últimos años en París. Abierto por emprendedores españoles, mezcla café de especialidad con una carta que introduce guiños ibéricos —pan con tomate, jamón ibérico o cruasanes tostados con queso manchego— dentro de la escena parisina.
El local se hizo aún más popular cuando Rosalía apareció allí durante la Semana de la Moda de París, algo que disparó su notoriedad en redes y lo convirtió en una parada habitual para curiosos y amantes del café bien hecho.
El "croissant" aquí no compite con las grandes "boulangeries" históricas, pero tiene algo interesante: se sirve caliente, a veces pasado ligeramente por la plancha, y se combina con ingredientes salados. Es un enfoque distinto que conecta más con la cultura del "brunch" que con el desayuno tradicional francés.
Chez Meunier
Chez Meunier representa una de las historias recientes más interesantes de la panadería parisina. La marca nació con la intención de recuperar el espíritu de las "boulangeries" de barrio, pero con un estándar de producto muy alto. Hoy cuentan con varios locales en la ciudad y se han convertido en una referencia para quienes buscan pan y "viennoiserie" bien ejecutados sin artificios.
Su cruasán destaca por una mantequilla muy presente y por un exterior particularmente crujiente. No busca reinterpretaciones modernas: es el cruasán clásico parisino que muchos vecinos compran cada mañana junto con una "baguette" todavía caliente.

Philippe Conticini
Si el cruasán parisino tuviera una versión de alta pastelería, probablemente estaría en la casa de Philippe Conticini. El chef, conocido por sus creaciones modernas y por haber revolucionado la pastelería francesa contemporánea, trabaja la "viennoiserie" con el mismo nivel de precisión que sus postres más complejos. Su cruasán es especialmente ligero, con una textura casi etérea que demuestra hasta qué punto el equilibrio entre fermentación, laminado y mantequilla puede llevar una pieza aparentemente sencilla a otro nivel.
Thierry Rabineau – Boulangerie Moderne
La Boulangerie Moderne es uno de esos lugares que los aficionados a la panadería conocen bien aunque no aparezca siempre en las guías turísticas. Thierry Rabineau ha trabajado durante años para perfeccionar una receta que prioriza fermentaciones más largas y una selección muy cuidadosa de harinas. Al partir su cruasán aparecen capas muy definidas que revelan el trabajo técnico detrás de la masa.

Du Pain et des Idées
En el canal Saint-Martin, Du Pain et des Idées es prácticamente un lugar de peregrinación para los amantes de la panadería. La "boulangerie" abrió originalmente en 1875 y fue recuperada décadas después por el panadero Christophe Vasseur, que decidió mantener métodos tradicionales de fermentación y producción artesanal. Aquí el cruasán requiere entre 30 y 36 horas de preparación, un proceso lento que permite desarrollar sabores mucho más profundos en la masa.
El resultado es un "croissant" muy aromático, con capas bien definidas y una textura que muchos consideran una de las mejores de París. La experiencia se completa con la estética intacta de la panadería, que conserva el espíritu de las "boulangeries" históricas de la ciudad.
Alexis Rougès – Boulangerie Rougès
Forma clásica, dorado uniforme y un equilibrio muy medido entre mantequilla y masa. Rougès pertenece a esa generación de panaderos que han devuelto protagonismo al oficio mediante técnicas más rigurosas y una selección muy precisa de ingredientes. Muchos parisinos destacan la regularidad del producto: el cruasán mantiene siempre la misma textura ligera y el mismo aroma profundo a mantequilla.