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El hotel de Brasil que definió el glamour tropical: está en la playa más famosa del mundo
Este es el hotel de Brasil que definió el glamour tropical: está en la playa más famosa del mundo
Frente a la arena de Copacabana se levanta desde 1923 un hotel que cambió para siempre la imagen de Río. El Copacabana Palace no solo alojó a celebridades: convirtió una playa en un símbolo mundial.
No hizo falta una película para fabricar el mito, aunque después llegaran muchísimas. Bastó un edificio blanco, perfectamente alineado frente al Atlántico, en un momento en que Copacabana era todavía una franja de arena bastante más vacía de lo que hoy parece imaginable. Cuando el Copacabana Palace abrió sus puertas el 13 de agosto de 1923, Río de Janeiro seguía siendo la capital federal de Brasil y la playa no era aún el escenario global que terminaría siendo.
La historia arranca con un momento muy concreto. El presidente Epitácio Pessoa quería que la entonces capital tuviera un gran hotel capaz de recibir a los invitados extranjeros del centenario de la independencia brasileña. El empresario Octávio Guinle asumió el reto y encargó el proyecto al arquitecto francés Joseph Gire, que miró claramente a la Riviera —al Negresco de Niza y al Carlton de Cannes— para levantar en Río un hotel de ambición internacional.
La inauguración prevista para 1922 se retrasó por problemas técnicos: la complejidad de la cimentación y la dificultad de importar materiales como mármol de Carrara y cristal de Bohemia. El esfuerzo tuvo sentido: el hotel no solo abrió, sino que terminó definiendo el prestigio de toda una playa.

El hotel que puso a Copacabana en el mapa del lujo
Hoy cuesta imaginar Copacabana sin el Palace, pero durante sus primeros años el hotel era casi una anomalía elegante frente a un litoral todavía poco densificado. Su fachada neoclásica, larga y perfectamente simétrica, convirtió la Avenida Atlântica en algo más que un paseo marítimo: la transformó en escenario. El hotel funcionó como faro social de Río desde el principio, impulsado además por un casino cuya licencia fue decisiva para su éxito económico en las primeras décadas. En torno a sus salones se fue consolidando una idea de glamour tropical que mezclaba aristocracia local, diplomacia, estrellas internacionales y una forma brasileña de entender la sofisticación con algo menos de rigidez que en Europa.
El Copacabana Palace ha alojado a jefes de Estado, músicos, actores y celebridades de todas las épocas. Pero reducirlo a una colección de nombres sería quedarse en la superficie. Lo verdaderamente interesante es cómo consiguió fijar una imagen de Río que todavía sigue vigente: una ciudad donde el lujo mira al mar, donde el hotel no vive de espaldas a la playa y donde la vida social sucede tanto en los salones como en la piscina. El Palace entendió muy pronto que en Río el prestigio tenía que dialogar con la calle, con la luz, con el paseo marítimo y con la energía de Copacabana.

Dormir en el Palace no es solo dormir en Río
La experiencia del hotel tiene algo muy específico que se percibe enseguida: no se busca el lujo silencioso de otros grandes hoteles históricos, sino una teatralidad bien administrada. El lobby, los pasillos, la forma en que el personal maneja la coreografía diaria, las terrazas, el frente marítimo justo delante. Todo está pensado para que el huésped sienta que ocupa un lugar central dentro de una historia más grande.
Eso no significa exceso. De hecho, una de las virtudes del Copacabana Palace es haber evitado convertirse en una caricatura de sí mismo. La gran reforma emprendida tras la compra por parte de James Sherwood a finales de los años ochenta, cuando el hotel pasó a la órbita de Orient-Express Hotels —hoy Belmond—, consiguió actualizar el edificio sin borrar su peso histórico.

La piscina como centro social y el nuevo capítulo del hotel
Si el frente marítimo define su imagen pública, la piscina resume mejor que ningún otro espacio la vida interna del hotel. La llamada Ala de la Piscina, inaugurada originalmente en 1948, ha sido durante décadas el corazón social del Palace: el lugar donde Río se mezcla con el visitante, donde la pausa del mediodía puede convertirse en cena tardía y donde el hotel se convierte en escenario. Tras el centenario celebrado en 2023, el Palace prepara uno de sus movimientos más importantes en años: la renovación completa de esa ala y del área de piscina, prevista para noviembre de 2026.

La operación no es menor. La nueva etapa convertirá el ala en una experiencia íntegramente de suites con balcón, la mayoría con vistas a la icónica piscina y a la playa de Copacabana. Los interiores se apoyarán en materiales, técnicas y artesanía brasileña, reforzando una idea importante: el Palace puede ser un icono global, pero su mejor versión es la que se siente inequívocamente carioca.
El proyecto incluirá además cinco plantas dedicadas al bienestar, un nuevo bar junto a la piscina diseñado por el arquitecto Ivan Rezende, una boutique renovada y un restaurante italiano contemporáneo actualizado. Más que una reforma, parece una recalibración cultural del hotel, una manera de recordar que el Palace sigue teniendo algo que decir sobre el lujo en Río.

Más allá del hotel: la geografía que lo sostiene
Aunque cuesta, también conviene salir un momento del edificio para entender por qué funciona tan bien. Copacabana es de por sí un destino. El paseo ondulante de Burle Marx, el perfil de la bahía, el Pan de Azúcar a cierta distancia, Ipanema al sur, Leme cerrando uno de los extremos. Alojarse en el Copacabana Palace permite leer Río desde uno de sus ejes más clásicos, pero también usar el hotel como base inteligente para moverse entre los grandes iconos de la ciudad y sus capas menos obvias: el centro histórico, Santa Teresa, el Jockey, Jardim Botânico o los bares de Botafogo.

Por qué sigue importando
El Copacabana Palace no es valioso solo por su antigüedad, ni por la lista de huéspedes ilustres, ni por su posición frente a una de las playas más famosas del mundo. Sigue importando porque entendió antes que muchos otros hoteles algo fundamental: un gran hotel debe adaptarse sin perder su esencia. El Palace convirtió Copacabana en sinónimo internacional de glamour porque fue capaz de darle una forma visible, habitable y exportable.
Cien años después, sigue ahí, ajustando detalles, renovando alas, afinando su relación con la ciudad. Como los hoteles que de verdad cuentan y que no viven del pasado.