NO TE PIERDAS
Estos son los pueblos más bonitos de España para ver el eclipse total de sol en agosto
Mucho más que un hotel balneario
El ambiente de Les Prés d’Eugénie, con cierto aire palaciego, es en realidad el de una casona familiar donde priman el trato cercano, las vivencias genuinas y el buen gusto.
En el segmento del turismo de excelencia es creciente la demanda de espacios únicos, con vivencias genuinas, pero encontrar esos unicornios no es fácil. La estación termal Eugénie-les-Bains, bautizada así en honor de la emperatriz Eugenia de Montijo, que frecuentó el lugar por sus aguas medicinales, es uno de esos lugares. Aunque en Francia es de sobra conocido, no es el tipo de recomendación que aparece en las listas de tendencias ni en las portadas de las revistas de viajes. Tal vez tenga que ver con el hecho de que para llegar hasta este paraje bucólico en Las Landas hay que desviarse por carreteras secundarias que van abriendo el camino festoneado de pinos hasta llegar a un pueblo de película.

Apegados al territorio
En este entorno, escondido entre una exuberante vegetación, se revela Les Prés d’Eugénie, una finca integrada por casas históricas que componen una especie de aldea, enclavada en un espacio natural de 15 hectáreas. Con lo mejor de un palacio y una casa de campo, este hotel balneario pervive casi intacto desde su construcción, a mediados del siglo XIX. Y eso, lejos de ser una carencia, lo hace singular.
Aquí no hay la urgencia de reinventarse cada temporada, como ocurre con tantos destinos. Al contrario, todo está pensado como un ecosistema que se abastece a sí mismo, lo que contribuye a mantener el encanto original. Sus huertos, sus jardines aromáticos, senderos, colmenas, su capilla… son atendidos por personal del establecimiento con mimo. Aquí trabajan más de 200 personas, entre horticultores, carpinteros, ebanistas, pintores…, porque incluso fabrican su propio mobiliario, diferente para cada una de las estancias y 45 habitaciones, suites y apartamentos. De hecho, la primera impresión no es de lujo, sino de autenticidad, de algo bien cuidado desde mucho tiempo atrás. Solo después, cuando uno empieza a fijarse en los detalles, se percibe la exigencia en aspectos como los muebles de época, las telas, las antigüedades, las flores recién cortadas… Una atención exquisita, pero sutil.

Descanso y placer
Mucho ha tenido que ver en todo ello la familia Guérard-Barthélémy, que en el siglo xx supo modernizar el espacio sin restarle identidad. Dos de sus grandes aciertos fueron apostar por la gastronomía y por el bienestar. De hecho, el chef Michel Guérard, que llegó en 1974, se propuso convertir este rincón en una referencia gastronómica, y lo consiguió (tanto es así que hasta Arzak y Alain Ducasse pasaron por sus fogones). Su nombre está ligado a la cuisine minceur, una manera de cocinar más ligera y consciente que abrió camino en una época en que la buena mesa francesa se identificaba con salsas y abundancia. El restaurante que lleva su nombre ha mantenido desde hace 50 años sus tres estrellas Michelin, pero sentarse a su mesa no intimida. Y, en todo caso, Les Prés d’Eugénie ofrece tres opciones más: L’Orangerie, diseñado como un luminoso jardín de invierno con producto de temporada, que acaba de obtener su primera estrella; La Ferme Aux Grives, donde disfrutar de un buen asado, y Café Mère Poule, para un picoteo.

El otro gran tesoro de este lugar son sus dos manantiales, alrededor de los cuales se ha diseñado una granja termal que es mucho más que un spa. Con más de una veintena de cabinas, circuitos personalizados y productos de Sisley, una de sus originalidades es su baño de caolín en ingravidez. Una muestra más del mítico art de vivre galo.