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María Rondón: «No basta con conservar los destinos, también hay que mejorarlos»
La regeneración se ha convertido en uno de los conceptos más presentes en el debate turístico. Pero ¿qué significa realmente? María Rondón, Sustainability & Regeneration Manager de Marugal, explica por qué el sector está llamado a ir más allá de la sostenibilidad tradicional y cómo puede contribuir a fortalecer los ecosistemas, las comunidades y la identidad de los destinos.
La palabra regeneración ha ganado terreno en el vocabulario del turismo. María Rondón forma parte de los profesionales que están impulsando ese cambio de mirada desde dentro del sector. Como Sustainability & Regeneration Manager de Marugal, defiende que el reto ya no consiste únicamente en reducir impactos, sino en lograr que la actividad turística contribuya a fortalecer los ecosistemas, las comunidades y la identidad de los destinos.
Conversamos con ella sobre el significado real de la regeneración, los desafíos que plantea a empresas y viajeros y la oportunidad de construir un modelo turístico capaz de dejar una huella positiva en los territorios donde opera.
Se habla cada vez más de regeneración y menos de sostenibilidad. ¿Qué diferencia existe entre los dos conceptos y por qué crees que este cambio de enfoque es importante para el turismo?
Durante años hemos entendido la sostenibilidad como la necesidad de reducir nuestro impacto y gestionar los recursos de forma responsable. Y eso sigue siendo fundamental. Sin embargo, la regeneración nos invita a ir un paso más allá: no se trata únicamente de hacer menos daño, sino de contribuir activamente a mejorar los lugares en los que operamos. En turismo este cambio de enfoque es especialmente relevante porque nuestra actividad depende de forma directa de la salud de los ecosistemas, del patrimonio cultural y de las comunidades locales. Un destino verdaderamente regenerativo es aquel que, gracias a la actividad turística, ve fortalecida su biodiversidad, conserva mejor su identidad y genera oportunidades que permanecen en el territorio. Es una visión más ambiciosa y, al mismo tiempo, más inspiradora.
La conservación del entorno natural no puede desvincularse de las personas que viven en él, de sus tradiciones, de su gastronomía o de su actividad económica
A menudo se asocia la regeneración con el medio ambiente, pero también se vincula al patrimonio, la cultura local y el desarrollo económico. ¿Cómo se consigue que todas esas dimensiones formen parte de una misma estrategia?
La clave está en entender que un destino es un sistema vivo donde todo está conectado. La conservación del entorno natural no puede desvincularse de las personas que viven en él, de sus tradiciones, de su gastronomía o de su actividad económica. Por eso, cuando hablamos de regeneración, intentamos abordar los proyectos desde una visión integral. Esto puede traducirse en restaurar espacios naturales, pero también en apoyar a productores locales, recuperar variedades agrícolas tradicionales, promover la artesanía o generar oportunidades de empleo de calidad. Cuando las decisiones se toman desde esta perspectiva, el impacto positivo se multiplica y las distintas dimensiones dejan de ser iniciativas aisladas para formar parte de una misma estrategia.
Muchos hoteles están reduciendo consumos y emisiones, pero dar el salto hacia un modelo regenerativo parece mucho más complejo. ¿Cuál es el principal desafío que encuentran las empresas cuando intentan recorrer ese camino?
El principal desafío es cambiar la forma de medir el éxito. Estamos acostumbrados a trabajar con indicadores muy claros de eficiencia, como el consumo de agua y energía o las emisiones. Son métricas necesarias y relativamente fáciles de cuantificar. La regeneración, en cambio, nos obliga a incorporar nuevas preguntas: ¿estamos fortaleciendo la biodiversidad?, ¿estamos contribuyendo al bienestar de la comunidad?, ¿estamos generando un valor que permanecerá en el territorio a largo plazo? Esto requiere una visión más transversal, colaboración con nuevos actores y, sobre todo, entender que los resultados no siempre son inmediatos. Es un camino más complejo, requiere visión a largo plazo e incorporar el valor del capital natural y social dentro de la narrativa.
La sostenibilidad no puede imponerse desde fuera, debe adaptarse a la realidad de cada destino
En Marugal trabajáis con iniciativas relacionadas con la economía circular, la compra local y la conservación del entorno. ¿Qué aprendizajes podrían ser útiles para otros actores del sector turístico?
Uno de los principales es que las iniciativas con mayor impacto suelen ser aquellas que nacen del territorio y se construyen junto a quienes lo conocen mejor. La sostenibilidad no puede imponerse desde fuera, debe adaptarse a la realidad de cada destino. También hemos comprobado que las pequeñas acciones, cuando forman parte de una visión coherente, pueden generar cambios muy significativos. Apostar por proveedores locales, valorizar residuos, recuperar espacios verdes o colaborar con proyectos de conservación no solo mejora el desempeño ambiental, sino que fortalece la autenticidad de la experiencia que ofrecemos al huésped. Y esa autenticidad es, precisamente, uno de los grandes valores del turismo de lujo. La reflexión siempre está en torno a qué es realmente el lujo.
Si pensamos en el turismo de 2035, ¿qué debe cambiar para poder afirmar que el sector, además de preservar los destinos, contribuye activamente a mejorarlos?
Me gustaría que en 2035 dejáramos de hablar de la sostenibilidad como un elemento diferenciador y la consideráramos simplemente la forma natural de hacer las cosas. Que la contribución positiva al destino estuviera integrada en cada decisión empresarial, y no limitada a proyectos concretos. Eso significaría que los hoteles trabajan estrechamente con sus comunidades, que una parte importante de la cadena de valor permanece en el territorio, que los ecosistemas muestran signos claros de recuperación y que los viajeros participan activamente en la protección de los lugares que visitan.