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La Haya también tiene playa: un baño en el mar del Norte entre arquitectura vanguardista
Tres destinos ideales y muy mediterráneos en España para escapar del tórrido verano
L’Ametllá de Mar, Llançá y La Herradura son nuestras siguientes paradas veraniegas. Los tres destinos mediterráneos ponen a nuestra disposición playas y calas salvajes. Además, se trata de pueblos blancos llenos de encanto.
En verano no solo soñamos con el mar en términos más o menos poéticos, sino que además estamos deseando acercarnos y zambullirnos en él. Ahí está el Mediterráneo, haciéndose nuestro y convocándonos a cualquiera de sus pueblos de casas blancas, mar azul y chiringuitos. También el Atlántico nos llama desde Galicia, desde Cádiz y Huelva o desde Canarias, con esas playas sin fin agigantando el horizonte. Y qué decir del Cantábrico, desde la Punta de Estaca de Bares hasta la desembocadura del río Bidasoa, cuando el País Vasco se hace francés.
Se nos hace la boca agua mientras damos vueltas al mapa en busca de un destino donde quitarnos el calor. Y si encima puede ser entre pinos, al refugio de calas paradisíacas, con bellas puestas de sol que engrandecen aún más el paisaje y con referentes culturales que nos invitan a ir más allá, ya sea una vieja construcción románica o un faro cargado de historia, muchísimo mejor. En busca de ese lugar donde pasar el verano más marinero nos hemos ido hasta L'Ametlla de Mar (Tarragona), Llançà (Girona) y La Herradura (Granada).
L'Ametlla de Mar, un pueblo marinero de Tarragona
Tal vez tengas en mente Begur, el pueblo del Bajo Ampurdán que atesora esa maravilla costera que es la cala Sa Tuna, con sus casitas de pescadores de colores. O tal vez Cadaqués, un destino de postal que nunca aburre, en el ya de por sí tentador Alto Ampurdán, con o sin Dalí y tan cerca de Francia. Pero hay en Cataluña, en la comarca catalana del Bajo Ebro, en la provincia de Tarragona, un pueblo marinero no tan conocido, pero igual de encantador, L'Ametlla de Mar, llamado también La Cala, pues en origen fue la Cala de l'Ametlla, y sus habitantes, los caleros.

L'Ametlla de Mar, a solo 54 kilómetros de la capital provincial, es un pueblo (grande) de pescadores con 20 kilómetros de costa, en los que caben playas de ensueño que lucen bandera azul, como Calafató, Forn o Pixavaques; de bandera verde -es decir, vírgenes-, como Llenya, la naturista Torrent del Pi o Sante Creus; o de piedra, como Ambròsia o Arandes. Aquí vas a asombrarte con sus bellos acantilados poblados de vegetación mediterránea. Se aproximan sin vértigo a un mar de aguas transparentes bajo las cuales se extienden amplias praderas de posidonia. Y si te gusta el senderismo o dar un paseo por la orilla sin más, puedes coger el camino de ronda o el paseo marítimo, que pasa junto a la playa del Alguer, en pleno núcleo urbano, presumiendo de fachada.
Llançà, historia, puerto y playas en el Ampurdán
El centro histórico de Llança, en el Alto Ampurdán (Girona), conserva vestigios de la época feudal, cuando fue una ciudad amurallada, como la torre del homenaje, el castillo-palacio de los señores de Sant Pere de Rodes, la torre románica del campanario de la primitiva iglesia, e incluso la estructura vial. La iglesia actual es de finales del XVII, principios del XVIII. Al tiempo, es un pueblo marinero, con un el típico barrio de casas encaladas desarrollado en torno al puerto una vez entró en regresión la piratería (s. XVII).

En cuanto a las playas, Llançà presume de estar entre el mar y la montaña, así como de la tranquilidad que empapa los siete kilómetros de su litoral. Suyas son la playa de Sant Jordi, en la que es posible bañarse en compañía de perros; la del Port, escoltada por el paseo marítimo; Grifeu, famosa por su arena muy fina y de tonalidad dorada; la zona nudista de El Futaner, entre rocas y piedras, localizada al norte de Cap Ras; y Canyelles, otro escenario paradisíaco semiurbano de arena gruesa. En todas ellas, hay algo especial y muy mediterráneo.
La Herradura, un paraje natural en la costa granadina
En Granada se puede ir desde las majestuosas cumbres Sierra Nevada, con los pueblos de las Alpujarras que se amoldan extraordinariamente a sus laderas, hasta el mar que baña Almuñécar, que los romanos llamaron Sexi, lindando con Nerja, ya en Málaga. En los 19 kilómetros de litoral sexitano, por los que se despliegan 26 playas, cabe destacar, por mil razones, La Herradura. Por su entorno natural, que es excepcional, y por su casco urbano, cien por cien andaluz.

Se respira por todas partes aire marinero. En el paseo marítimo está el Monumento a los Hombres del Mar, que honra la memoria de las 5.000 personas fallecidas en el trágico naufragio de la Armada de Felipe II que tuvo lugar en 1562. Veinticinco naves se hundieron. Sus calles estrechas y empedradas, obra del artesano Francisco Porras, están decoradas con murales que dan a conocer las señas de identidad de la villa. Hay que perderse por la calle de las Flores, por la del Príncipe y doblar la esquina del Beso, entre la calle España y la Canalejas. Y bañarse en la playa de la misma Herradura.
Este núcleo granadino, encajado entre la Punta de la Mona al este y el Peñón del Cerro Gordo al oeste, posee una zona dentro del Paraje Natural Acantilados de Maro y Cerro Gordo, de abruptos acantilados, playas y pequeñas calas de complicado acceso, además de un sobresaliente fondo marino, que atrae a los amantes del buceo. Ambos peñones, coronados por torres-vigía, para la defensa del enemigo en tiempos de piratas, protegen la ensenada de los vientos de levante y poniente. Al oeste queda también Cantarriján, afamada playa nudista. Al este, el puerto deportivo de la Marina del Este, la playa de Los Berengueles y la de El Muerto, también naturista.