NO TE PIERDAS
Ruta por los pueblos más bonitos de las Alpujarras: arquitectura típica y Sierra Nevada
Ruta por los pueblos más bonitos de las Alpujarras: un valle idílico, arquitectura típica y Sierra Nevada
Son pequeños pueblos en un gran paisaje. Pampaneira, Bubión y Capileira están en las faldas de Sierra Nevada, queriendo caer al mar. Su blancura, sus casas tradicionales y el trazado de sus calles los hacen únicos. Es la Alpujarra de Granada.
Más de un siglo después, seguimos encontrando en los pueblos granadinos de la Alpujarra el mismo silencio y la misma paz que encontró el escritor e hispanista inglés Gerald Brenan al finalizar la I Guerra Mundial. Un paraíso perfecto para desconectar. Lo expresó claramente en "Al sur de Granada" (1957), un libro de viajes que se lee con la misma emoción que la mejor de las novelas. En sus páginas dejó escrito: "Esta fue mi tierra". Estos pueblos alpujarreños no son muy distintos de como los vio Brenan, que los recorrió a pie o en burro entre 1920 y 1934. Salvo que aquellos eran pobres y remotos, dejados de la mano de Dios, y hoy lucen, aunque blancos, a todo color, unos con más fama que otros.
Las Alpujarras, el lugar que enamoró a Gerald Brenan
Yegen, la aldea donde vivió Brenan, está entre las menos conocidas, como le pasa al escondido Atalbéitar. Al inglés le había conquistado la sencillez de sus gentes y sus "casas grises en forma cúbica, con un mellado estilo Le Corbusier, en rápido descenso por la ladera de la colina y pegadas una a otra", según las describió. Es la arquitectura popular de todos estos pueblos, tan auténticos y arraigados a la cultura árabe-andalusí, cuando toda la Alpujarra era un emporio agrícola especializado en la producción de seda.
Se ve, en efecto, en las casas blancas escalonadas, orientadas al sur, de tejado plano (o terrao) de launa, arcilla de color grisáceo que impermeabiliza, y rematado por chimeneas de sombrerillo; en los tinaos, pasadizos que unen casas o cubren calles para estar a cubierto del sol o de la nieve, y con la presencia del agua por todas partes.

Así es incluso en los pueblos que son más turísticos, los que están colgados en la vertiente sur de Sierra Nevada, en el barranco del Poqueira, y dibujan un paisaje de una belleza sobrecogedora que -ella también- da vértigo. Se trata de Capileira, Pampaneira y Bubión, los tres considerados conjuntos histórico-artísticos, por donde pasa la ruta de senderismo más bonita de la Alpujarra. No hay que olvidar que hay otra Alpujarra almeriense, en los cursos alto y medio del río Andarax, con municipios como Alhama de Almería o Laujar de Andarax.
Este barranco cae precipitadamente, como queriendo llegar con urgencia al mar, desde la altura del Veleta, que roza el cielo con sus 3.398 metros, en eterna competición con el Mulhacén, el pico más alto de la península ibérica (3.479 m). Y acoge en sus profundidades a estos pueblos, que son de altura, y no es una metáfora.
Pampaneira, tiendas de artesanía y regueras
Empezamos por Pampaneira, que está a 1.060 metros de altitud y es conocido por sus tiendas de artesanía y su ambiente multicultural. Tiene la típica arquitectura tradicional alpujarreña deslizándose por la ladera de la montaña, las calles estrechas y el agua procedente del deshielo corriendo por sus calles a través de las regueras. Además de las fuentes, para quitarse el inclemente calor del verano, y los lavaderos, que mejoraron enormemente las condiciones de trabajo de las mujeres, que hasta el momento lavaban en los ríos o pequeños cursos de agua valiéndose de tablas de piedra o madera y a la intemperie. Se convirtieron en lugar de encuentro femenino.

Sobresaliendo del conjunto, la iglesia de Santa Cruz, que se construyó entre 1726 y 1730 con los materiales de la que en el siglo XVI había coronado el pueblo y se quedó pequeña. Luce estilo toscano y color ocre, y atesora un fabuloso artesonado mudéjar de madera y un órgano del siglo XVII.
Bubión, una casa-museo alpujarreña y las jarapas
A Pampaneira le sigue Bubión, asomándose al abismo desde sus 1.350 metros y con la estampa característica de la Alpujarra. Adaptado con precisión de equilibrista a lo quebrado del terreno y a su climatología extrema, como se ve en sus calles y casas, que guardan la memoria de su aislamiento y su pasado morisco de una forma que hoy resulta encantadora. Durante la dominación árabe, fue cabeza de la Taha de Poqueira, que abarcaba los núcleos urbanos de Capileira, Pampaneira, el mismo Bubión y el desaparecido Alguastar.

Aquí se puede ver la Casa-Museo Alpujarreña, con más de 500 objetos que son testigos de cómo se vivía por estos lares hace siglos. Sin olvidar las jarapas, que forman parte del patrimonio cultural de esta comarca histórica. Aún siguen tejiéndose en el telar Hilacar, uno de los pocos en funcionamiento. En cuanto a la iglesia de Bubión, lleva el nombre de la Virgen del Rosario, es de estilo mudéjar y vivió dos episodios trágicos. Uno, la expulsión de los moriscos (1568), cuando fue quemada; y otro, los terremotos que sacudieron la zona en 1804, por lo que tuvo que ser doblemente reconstruida.
Capileira, el pueblo más montañero de las Alpujarras
Después tenemos Capileira, otro destino clásico de las Alpujarras, presumiendo de arquitectura pintoresca, de calles estrechas donde ha quedado impresa la huella morisca y de lo accidentado de la orografía, a la que no ha tenido más remedio que acomodarse. El nombre de Capileira, como el de Pampaneira, ha hecho pensar que proviene de los pobladores gallegos que llegaron a estas tierras por decisión de Felipe II tras la expulsión de los moriscos, pero la desinencia "eira" ya figura en textos del siglo XIII, incluso en las capitulaciones entre Boabdil y los Reyes Católicos.

Este pueblo, a 1.436 metros sobre el nivel del mar, figura entre los más altos de la península, junto a sus vecinos Güejar Sierra y Trevélez. Está en la parte más alta del barranco del Poqueira y es la puerta de entrada a Sierra Nevada. Dejando a un lado, si es que se puede, lo soberbio del paisaje y su condición de pueblo bereber y blanco, hay que destacar la iglesia de Nuestra Señora de la Cabeza, que fue reconstruida en el siglo XVII.
Alberga en su interior un retablo de estilo barroco en madera dorada, de la misma época, y la Virgen que le da nombre, donada por los reyes Isabel y Fernando en el siglo XV. No hay que perderse la Casa-Museo Pedro Antonio de Alarcón, dedicada a la vida y obra de este escritor que defendía la "poetización de la realidad", que es también museo de usos y costumbres alpujarreñas.