Por qué los viajeros más experimentados están sustituyendo Bali por esta isla indonesia
Indonesia, un paraíso natural. Foto : Unsplash.

Por qué los viajeros más experimentados están sustituyendo Bali por esta isla indonesia

La isla de Komodo se ha convertido en un icono global, pero pocos viajeros dedican tiempo a explorar una de las grandes desconocida que tiene detrás. Flores merece mucho más que una visita rápida.

Aleks Gallardo | Septiembre 9, 2026

En 2003, cuando el hallazgo de los restos del llamado Hombre de Flores ocupó titulares en medios de todo el mundo, muchos descubrieron por primera vez el nombre de esta isla indonesia. Los arqueólogos encontraron en la cueva de Liang Bua una especie humana desconocida hasta entonces, Homo floresiensis, un homínido de apenas un metro de altura que vivió aquí hace decenas de miles de años. 

Pero la fama internacional de Flores nunca llegó por la arqueología. Durante años permaneció discretamente situada entre Lombok, Sumbawa y Timor, observando desde la distancia cómo otras islas indonesias acaparaban titulares, inversiones hoteleras y vuelos internacionales. Esa posición periférica ha acabado convirtiéndose en una ventaja. Flores conserva una personalidad sorprendentemente intacta para un destino que forma parte de uno de los países más visitados de Asia.

La mayoría de los viajeros aterriza en Labuan Bajo, en la costa occidental. La ciudad ha cambiado mucho durante la última década. Han aparecido hoteles boutique, restaurantes especializados en producto local y terrazas desde las que contemplar uno de los mejores atardeceres del archipiélago. Aun así, sigue funcionando más como puerta de entrada que como destino final. El verdadero atractivo de Flores aparece cuando comienzas a recorrer la carretera Trans-Flores, una ruta de más de 600 kilómetros que atraviesa montañas, volcanes, plantaciones y aldeas remotas.

Las distancias parecen cortas sobre el mapa, pero las carreteras obligan a avanzar despacio. Flores recupera una idea olvidada: la de disfrutar del trayecto.

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Volcán Kelimutu, cuyas tres lagunas volcánicas cambian periódicamente de color. Foto: Wikimedia Commons

Flores: volcanes, aldeas y el mejor café del este de Indonesia

Gran parte del carácter de Flores procede de su geografía. La isla forma parte del llamado Anillo de Fuego del Pacífico y su perfil está dominado por volcanes activos y antiguos cráteres. El más célebre es Kelimutu, cuyas tres lagunas volcánicas cambian periódicamente de color debido a complejos procesos químicos relacionados con los minerales y los gases presentes en el agua. Ver amanecer frente a esos lagos sigue siendo una de las experiencias más singulares de Indonesia.

Más al oeste aparece Bajawa, una pequeña ciudad situada a más de mil metros de altitud que suele convertirse en una de las grandes sorpresas del viaje. Su clima fresco, inusual en Indonesia, ha favorecido el desarrollo de una importante cultura cafetera. Los granos producidos en las montañas de Flores son muy apreciados entre los especialistas por sus notas especiadas y su acidez moderada, aunque rara vez alcanzan la notoriedad internacional de los cafés de Sumatra o Java.

Desde Bajawa se accede también a algunas de las aldeas tradicionales más interesantes del país. Bena es la más conocida, pero merece la pena dedicar tiempo a explorar otros asentamientos de la etnia Ngada. Sus plazas ceremoniales de piedra, las cubiertas cónicas de las viviendas y los espacios dedicados al culto ancestral ayudan a comprender hasta qué punto la diversidad cultural indonesia va mucho más allá de los tópicos habituales. 

Flores también resulta singular por esa herencia histórica. Mientras Indonesia es el país con mayor población musulmana del mundo, gran parte de los habitantes de la isla son católicos. Las iglesias aparecen incluso en las aldeas más remotas.

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Un paseo en barco por las islas en Indonesia. Foto: Unsplash

Más allá de Komodo

Sería absurdo hablar de Flores sin mencionar el Parque Nacional de Komodo. Los famosos dragones siguen siendo uno de los grandes iconos naturales de Asia y la visita a las islas de Komodo o Rinca continúa justificando por sí sola el viaje. 

Las aguas que rodean Flores se encuentran dentro del denominado Triángulo de Coral, una región considerada por numerosos biólogos marinos como el área con mayor biodiversidad submarina del planeta. Mantarrayas oceánicas, tortugas verdes, tiburones de arrecife y centenares de especies de coral conviven en fondos marinos que atraen tanto a buceadores experimentados como a viajeros que simplemente quieren practicar snorkel.

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El paraíso está en Isla de Flores. Foto: Expedia.

La famosa isla de Padar, con su perfil recortado y sus bahías sucesivas, se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de Indonesia. Pequeñas embarcaciones locales permiten acceder a playas aisladas, islotes prácticamente deshabitados y zonas de buceo.

En resumen, no se trata de buscar un supuesto paraíso perdido ni de perseguir una autenticidad artificialmente construida para el turismo. Lo que atrae de la isla es algo mucho más sencillo: la posibilidad de descubrir un territorio complejo, diverso y todavía capaz de sorprender. Un lugar donde un volcán de lagunas cambiantes, un pueblo ancestral, una plantación de café de altura y un arrecife lleno de mantarrayas pueden formar parte del mismo viaje. Todo a la vez. Todo poco a poco. 

TURIUM TIPS

Dormir frente al mar en Ta'aktana. El primer hotel de lujo internacional de Labuan Bajo ha elevado el nivel de la oferta local. Diseñado por Marriott bajo la marca Luxury Collection, combina arquitectura contemporánea con referencias a la cultura de Flores y acceso directo al mar.
Ver amanecer en Kelimutu. La mayoría de visitantes sube de madrugada, hace las fotos y se marcha. Merece la pena quedarse más tiempo para observar cómo cambian los colores de las lagunas a medida que avanza la mañana.
Reservar un barco privado para explorar Komodo. Las excursiones compartidas son la opción habitual, pero alquilar una embarcación durante dos o tres días permite descubrir playas y puntos de buceo mucho menos concurridos.
Visitar la cueva de Liang Bua. El lugar donde se descubrió el Homo floresiensis suele quedar fuera de los itinerarios clásicos. Para los aficionados a la arqueología es una parada imprescindible.