Este jardín de Mallorca te hará amar aún más el Mediterráneo: lo creó una famosa paisajista
El jardín Ariant está en plena Serra de Tramuntana. FOTO : TURISMO ILLES BALEARS.

Este jardín de Mallorca te hará amar aún más el Mediterráneo: lo creó una famosa paisajista

El jardín Ariant está en plena Serra de Tramuntana, dentro de una finca sostenible donde pacen las ovejas y todo es muy mediterráneo. Lo creó la paisajista alemana Heidi Gildemeister hace 40 años. Otro motivo más para viajar, con calma, a Mallorca.

Ángeles Castillo | Septiembre 8, 2026

El libro Su jardín mediterráneo lo dice todo. Más aún los subtítulos que lo completan: Cómo crear un paraíso verde con poca agua, por un lado, y Guía de 1000 plantas que toleran la sequía, por otro. La reconocida paisajista y botánica alemana Heidi Gildemeister, que fue presidenta de la Mediterranean Garden Society y miembro de la Botanical Society of South Africa, ya estaba preocupada por estos temas hace cuarenta años. Fue entonces cuando empezó a crear un jardín en el corazón de la Tramuntana, la sierra que hace aún más mágica a Mallorca, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco como paisaje cultural. Pensemos en Deià, el paraíso de Robert Graves, por ejemplo.

Este rincón verde, que se puede visitar mediante solicitud previa, es hoy un ejemplo de jardinería sostenible e integración con el entorno, además de preconizar una forma diferente de entender la relación entre naturaleza y paisajismo. Algo que resulta crucial en un contexto como el actual, de máxima preocupación por la gestión del agua y la adaptación de los paisajes mediterráneos al cambio climático.

El jardín Ariant, entre Pollença y Escorca

Lo encontramos entre Pollença, uno de los pueblos más bonitos de las Baleares y de España entera, que disfrutaron Agatha Christie, Churchill o Peter Ustinov, y el menos conocido Escorca, con unas parajes de una belleza sobrecogedora. Algo que es bastante habitual en la Tramuntana, por cierto. En este último pueblo se ubica el impresionante santuario de Lluc, lugar de peregrinación por ser la morada de la patrona de Mallorca, y el pico más alto de la isla, el Puig Mayor (1445 m).

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Pollença es uno de los pueblos más bonitos de Mallorca. FOTO: BERNHARD/UNSPLASH.

Este jardín al que insufló vida Gildemeister, fallecida en 2022, forma parte del proyecto de conservación de la Fundación Vida Silvestre Mediterránea (FVSM), organización consagrada a la protección de la biodiversidad y la gestión sostenible del territorio de las Islas Baleares. Así pues, no es solo un vergel digno de contemplarse, alfombrado de lavandas, romeros y otras especies autóctonas, sino que cumple su función a la hora de preservar los ecosistemas.

Como el escritor británico Robert Graves, a quien le debemos Yo, Claudio o La diosa blanca, Heidi Gildemeister también se asentó en nuestra isla más extensa durante décadas. Y fue aquí precisamente donde se dedicó al estudio de las plantas adaptadas a los climas secos del sur de Europa. Es más, las estudiaba y las reivindicaba. Luchaba por que los jardines no fueran impostados, sino que nacieran del propio paisaje y lo prolongaran. Que fueran un edén continuo, con sentido, anclado a su propia tierra, con especies adaptadas al entorno y respetando sus condiciones naturales.

Un paraíso mediterráneo en la Tramuntana

El jardín en cuestión está dentro de la Finca Ariant y es el vivo reflejo de esta filosofía. No hay nada que desentone. Está entre muros de piedra seca, cruzado por discretos senderos que no limitan sino que integran y desplegado en torno a terrazas a la manera tradicional. Ahí es donde habitan, además del romero y la lavanda ya mencionados, la salvia, las santolinas y las cistáceas. Y lo hacen en amor y compañía de árboles y arbustos típicamente mediterráneos. Adaptados todos a la sequía y a los suelos pedregosos de la arisca pero hermosa Tramuntana.

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La finca Ariant es ejemplo de sostenibilidad y adaptación al entorno. FOTO: TURISMO ILLES BALEARS.

Pero no está solo circunscrito a la flora mallorquina, sino a la mediterránea. Reúne especies procedentes de diferentes regiones del mundo con clima mediterráneo, siempre resistentes y de bajo consumo hídrico, en un recorrido, dividido por continentes, que permite observar dicha diversidad. Hay plantas de California, Chile, Sudáfrica o Australia, que conviven con las propias de la cuenca mediterránea. De esta manera se demuestra cómo plantas de geografías tan diversas pueden compartir territorio cuando presentan condiciones ecológicas similares.

Entre frutales, olivos, ovejas y vacas

Para colmo, la finca está rodeada del paisaje montañoso de la sierra. La gestión de la FVSM persigue recuperar el mosaico tradicional del paisaje mediterráneo, compuesto tanto por bosques como por zonas abiertas y áreas de cultivo histórico. Esta fundación recibió esta propiedad, unas 1.000 hectáreas, en donación en 2012, después de haber estado trabajando en ella para la conservación del buitre negro. Además, vuelan sus cielos el águila pescadora y el halcón de Eleonor.

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El jardín Ariant lo creó la paisajista Heidi Gildemeister hace 40 años. FOTO: TURISMO ILLES BALEARS.

La FVSM se encarga de la conservación de la biodiversidad, pero también de la continuidad de la actividad agrícola que le es propia, en clave ecológica, y del mantenimiento del patrimonio cultural. Este trabajo ha dado sus frutos. Actualmente, cuenta con la certificación ecológica del Consell Balear de la Producció Agrària Ecològica (CBPAE) para todas sus actividades, ganadería, apicultura y frutales incluidos.

Todo es tan auténtico que hay un rebaño de 200 ovejas, con cencerros tradicionales que cuelgan de collares de madera. Se apuesta por la raza pura mallorquina blanca de montaña, adaptada a los pastos naturales de la sierra, la orografía y el clima, y con una función principal en el mantenimiento de los cortafuegos. A esto también contribuyen burros y vacas. Destaca además la gran variedad de frutales, como cerezos, ciruelos, manzanos y perales. No faltan los olivos centenarios, que dan el aceite de Ariant, ni las colmenas.

TURIUM TIPS

Visita la finca Ariant con la Fundación Vida Silvestre Mediterránea (FVSM). Al final, preparan una merienda con productos ecológicos.
Además, tienen venta directa al consumidor de todos sus productos: carne de ternera y cordero, miel y fruta.
Para en Pollença y disfruta de un pueblo que es todo de piedra en medio del verde de la Tramontana.
Acércate al Santuario de Lluch, que también tiene su propio jardín botánico. De aquí salen interesantes rutas de senderismo. Funciona como hospedería.
No te pierdas Sa Calobra en Escorca. Está rodeada de acantilados de más de 200 metros de altura y sus aguas son asombrosamente cristalinas. Para llegar hay que atravesar 800 curvas.