Las mejores azoteas para cenar en Madrid cuando cae la noche y bajan las temperaturas
La mejor panorámica de Madrid no siempre está detrás de un mirador. A veces llega con una copa de vino, una buena cocina y una mesa suspendida varios pisos por encima de Gran Vía.
La relación de Madrid con sus tejados es especial. Si recorres Gran Vía o Alcalá descubrirás una colección de cúpulas de pizarra, esculturas, templetes y remates modernistas en las que no siempre nos fijamos a pie de calle. Mientras otras capitales europeas llevan décadas explotando sus restaurantes panorámicos, la ciudad ha tardado más en mirar hacia arriba. Quizá porque aquí la vida siempre ha ocurrido a ras de suelo, entre bares y tabernas centenarias, plazas y terrazas. Pero basta subir unos cuantos pisos para descubrir un paisaje completamente distinto, uno que cambia de color cuando cae la noche.
Ese segundo Madrid ha ido tomando forma gracias a la recuperación de edificios históricos y a la llegada de hoteles internacionales que entendieron que las cubiertas eran mucho más que un espacio técnico. Hoy muchas de esas azoteas funcionan como auténticos restaurantes de destino. Algunas presumen de chefs conocidos; otras prefieren apoyarse en un ambiente difícil de replicar desde cualquier comedor convencional. En común tienen algo importante: han conseguido que la reserva merezca la pena.
Y hay otro detalle que juega a su favor. Cuando las temperaturas empiezan a bajar, las cenas ganan protagonismo. Las terrazas se vuelven más tranquilas y Madrid recupera esa costumbre tan suya de alargar la sobremesa hasta bien entrada la noche. Estas son cinco direcciones donde hacerlo por todo lo alto.

Makáá: la apertura que ha revolucionado las alturas
La gran novedad de la temporada está en la última planta del Thompson Madrid. Allí, el Grupo Lamucca ha transformado el antiguo espacio gastronómico del hotel en Makáá, un restaurante que rompe con la estética habitual de los rooftops madrileños. El interiorismo, firmado por Patricia Bustos, mezcla materiales naturales, vegetación y referencias tropicales sin caer en el exceso.
Mientras, la cocina apuesta por el fuego como hilo conductor de una carta donde conviven ostras, pescados enteros, verduras de temporada y un celebrado Wellington que ya se ha convertido en uno de los platos más comentados. La terraza mira directamente hacia la Puerta del Sol y los tejados históricos del centro, pero la sensación está lejos del bullicio que se vive unas plantas más abajo.

Picalagartos: un clásico que sigue marcando el paso
Las modas pasan rápido en Madrid y, precisamente por eso, resulta llamativo que Picalagartos continúe siendo una referencia. Situado en la azotea del NH Collection Gran Vía, lleva años demostrando que una buena ubicación necesita ir acompañada de una cocina a la altura.
Su propuesta, basada en el recetario español contemporáneo, funciona especialmente bien para cenas largas, con platos pensados para compartir y un servicio que mantiene un ritmo pausado incluso cuando la terraza alcanza su máxima ocupación. Desde aquí, la Gran Vía adquiere una perspectiva poco habitual, con el Edificio Carrión y la cúpula del Telefónica compitiendo por atraer la mirada. Conviene reservar con antelación, como siempre. Estamos en Madrid.

Casa Suecia: la elegancia que nunca pasa de moda
Hay hoteles que consiguen construir una personalidad reconocible y Casa Suecia es uno de ellos. El edificio, vinculado durante décadas a la comunidad sueca en Madrid y célebre por haber acogido a Ernest Hemingway durante algunas de sus visitas a la ciudad, mantiene ese aire cosmopolita que hoy define al hotel NH Collection Madrid Suecia.
Su terraza es una de las más sofisticadas del centro gracias a una iluminación contenida, una carta bien ejecutada y un ambiente que evita la sensación de estar en un espacio excesivamente turístico. La cocina combina referencias mediterráneas con recetas internacionales y el servicio invita a quedarse más allá del postre. Además, dispone de zonas protegidas que permiten seguir disfrutando del espacio cuando las noches empiezan a refrescar.

Dani Brasserie: el gran restaurante con vistas
Más que una azotea, Dani Brasserie es uno de los restaurantes imprescindibles de Madrid que, casualmente, cuenta con una de las mejores terrazas de la ciudad. Ubicado en la séptima planta del Four Seasons Madrid y dirigido por Dani García, el espacio ha logrado consolidarse como una referencia gastronómica más allá del efecto llamada del hotel.
La carta combina grandes clásicos del chef andaluz con productos de temporada y una excelente selección de vinos, mientras que el comedor exterior permite contemplar desde otra perspectiva la cúpula del Círculo de Bellas Artes, la calle Alcalá y buena parte del casco histórico. Lo tiene todo.

Club Metrópolis: el secreto mejor guardado del centro
No aparece en demasiadas listas y probablemente esa sea una de sus mayores virtudes. El Club Metrópolis ocupa una posición privilegiada en el icónico edificio del mismo nombre y mantiene un perfil mucho más discreto que el resto de las azoteas del centro.
Su acceso limitado, el ambiente tranquilo y una panorámica prácticamente frontal de la célebre cúpula coronada por la Victoria Alada convierten la experiencia en algo elevado (nunca mejor dicho). Aquí no hay colas para hacerse una fotografía ni sesiones interminables de cócteles. Es una de las azoteas más exclusivas de la ciudad y una de las aperturas recientes que más están dando que hablar. Todo el mundo quiero formar parte, pero no todos podemos.